El revival del trío pandemia: acuerdo a puertas cerradas, pero pelea para la tribuna

Laura Di Marco
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Hay dos clases de miedos: uno sirve para cuidar la vida; el otro, la paraliza y la debilita.

El primero es el miedo protector de cuando te roban y activas un mecanismo de cuidado personal. Por ejemplo, no te resistís y le entregas todo a tu victimario intentando suavizar la espiral de violencia.

El miedo que detiene la vida es más parecido a la fobia. Es destructivo. Fobia a viajar en avión o a hablar en público. Es decir, no suma nada y más bien agrega todo lo negativo del miedo, por ejemplo, debilita el sistema inmunológico.

Estos dos modelos de comunicación (no así de política sanitaria) quedaron expuestos en la conferencia de prensa que ofrecieron, por separado, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta.

Quiero analizar algunas frases incendiarias de hoy de Kicillof y otra de Larreta a ver qué ves ahí: “No es una ola lo que está pasando, me animo a decir que es un tsunami”, “prefiero ampliar y construir hospitales que ampliar cementerios”, dijo Kicillof. Larreta dijo: “No estamos de acuerdo con la restricción a la circulación, pero la vamos a respetar”.

Hay en los hechos un regreso del trío pandemia, pero con otro formato. Mi impresión es que hubo acuerdo por debajo de la mesa y pelea para la tribuna.

¿Por qué? Primero porque las medidas tomadas son prácticamente iguales y luego porque, después de un año de pandemia y con la grieta al rojo vivo, ninguno puede mostrar hacia el interior de sus respectivas fuerzas políticas una foto de unidad como al inicio del Covid.

En conferencia de prensa, Carla Vizzotti dijo que, entre las diferencias con respecto a 2020, está el sistema de salud.

En una nueva muestra de debilidad –porque el que insulta sin mostrar argumentos solo exhibe impotencia- el Presidente llamó “imbéciles” y “miserables” a los dirigentes opositores que criticaron las nuevas medidas.

La descalificación hacia la oposición se suma a un poco frecuente comunicado de La Cámpora enfatizando la frase “mentes perversas”.

Se referían a las mentes de la oposición que, según los camporistas, agitan el odio y buscan la saturación de sistema de salud.

Ahora, si yo a mi adversario lo llamo miserable e imbécil como hizo hoy el Presidente mucho amor no tengo.

Alberto Fernández se enoja con los que meten a la política en la pandemia. A eso lo llama miserabilidad.

Pero el que primero que mete a la política en la pandemia y sobre todo en la vacunación es el propio Gobierno.

Mirá lo que pasó esta semana. Rodríguez Larreta le está reclamando al Gobierno más vacunas porque considera injusto el criterio de distribución que se usó: solo por cantidad de habitantes y sin tener en cuenta que la población porteña tiene el mayor porcentaje de adultos mayores y de médicos: dos universos de riesgo.

Pasó que, para beneficiar a los hijos políticos de Cristina Kirchner, Alberto aceptó el pedido de Larreta, pero puso una condición: el PAMI –o sea La Cámpora- va a colaborar con la vacunación en la ciudad, así el “mérito” no se lo lleva solo Larreta.

Mirá de lo que estamos hablando: en una pandemia se privilegia la construcción de poder y no la rapidez y eficacia de una campaña vacunatoria para salvar vidas.

Esto pasó a principio de semana, pero ahora el Gobierno está reculando: ¿por qué?

Por los porcentajes de vacunación que tiene la ciudad y la provincia entre los adultos mayores.

Carla Vizzoti se deshizo en elogios hacia el PAMI, que vacuna en la provincia de Buenos Aires. Pero te quiero mostrar estos datos:

Hasta el miércoles había recibido al menos una dosis el 6% de los menores de 60 años y el 34% de los mayores de 60. Datos de todo el país

Pero si vamos a una comparación del porcentaje de adultos mayores vacunados entre ciudad y provincia, ves una importante diferencia:

Caba: el 93% de los porteños entre 80 y 90 años ha sido vacunado, contra el 58,7% en la provincia de Buenos Aires.

En el rango entre 90 y 99 años en Caba vacunaron al 70% y en ese mismo rango etario la provincia vacunó al 42,2%.

¿Te das cuenta por qué están dando marcha atrás en la imposición de que sea el PAMI el que vacune en la ciudad? Tienen miedo que la lentitud que muestran en la provincia quede en evidencia en la ciudad.

Una de las mejores y más serias periodistas especializadas en datos, Mariel Fitz Patrick me comentó, respecto a cuán lento es el ritmo de vacunación en la Argentina, un motivo de debate frecuente en los medios:

-En una lista de 85 países que tienen al menos al 1 % de su población vacunada con la primera dosis, la Argentina está en la posición 40, con apenas el 9 % de su población vacunada con al menos una dosis. Dato, no sarasa.

Y hablando de datos, ¿cuál fue el dato de alarma que encendió la luz roja en el Gobierno para volver a las restricciones?

Fueron los 22.000 contagios por día, que se contabilizaron el martes, superando el pico de 18.326 contagios que se había registrado el 21 de octubre pasado, durante la primera ola.

En esta línea, algo para destacar: los datos siempre se cargan con algunos días de atraso, así que lo que hay que mirar no es lo que pasó esta semana sino en las últimas dos semanas. Lo que pasó en esta película es la que definió el DNU.

El dato más fuerte es que se duplicaron los contagios (mucho más en el AMBA y sobre todo en algunos municipios: Morón, Ituzaingó, San Fernando) y los fallecidos crecieron más del 30%.

Pero si bien parece que estamos en un déjà vu, con respecto a lo que sucedía con la pandemia hace un año atrás, las diferencias son muchas, tanto a nivel sanitario, económico como social.

¿Qué podría pasar después del 30 de abril, si no llegan más vacunas?

¿Qué va a pasar con la pandemia económica?

El Gobierno dice que no se van a reeditar ni los IFE, ni los ATP. Pero, ¿será así en un año electoral o eso es lo que dicen ahora?