Reverso: los imposibles que no fueron

Laura Zommer

Con la sombra de las elecciones en Brasil con muchísima desinformación circulando por cadenas de WhatsApp, los chequeadores de la Argentina nos preparamos para lo peor en este año electoral que ya termina. Pero, como suele pasar, las buenas noticias tienden a no ser noticia. Y, podrán decirse muchísimas cosas sobre las últimas elecciones, pero si en algo coinciden kirchneristas -o albertistas- y macristas -o cambiemistas- es que la desinformación no fue la protagonista. ¿Por qué? Nadie lo sabe a ciencia cierta (porque no hay investigaciones exhaustivas sobre el fenómeno publicadas hasta el momento), pero las hipótesis de expertos y políticos incluyen varios ítems que vale la pena puntualizar.

El primero: en la Argentina, a diferencia de lo que pasó en Brasil en los comicios en los que se enfrentaron Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, había dos "bandos" fuertes y con similar posibilidad de daño en el mundo virtual al igual que en el real. Tanto el oficialismo como el Frente de Todos eran capaces de generar campañas de desinformación, a la vez que protagonistas de ambos lados de la grieta fueron por momentos víctimas y victimarios. Bolsonaro, en cambio, tenía muchísimo más peso que Haddad en las redes sociales y lo utilizó a su favor.

El segundo: con la promesa de Alberto Fernández de "volver mejores" y, entre otras medidas, condenar la intervención del Indec durante el gobierno de Cristina Kirchner y con Mauricio Macri diciendo desde el inicio de su gestión que la verdad era una de sus banderas, por más dura que fuera, a ninguno de los dos le convenía quedar del lado de la mentira o del engaño.

El tercero: después de estudiar lo que había pasado con la desinformación en las redes sociales y los medios en las elecciones de Francia, México y Brasil, entendimos que el trabajo que hacíamos desde Chequeado desde hace años necesitaba fortalecerse con el esfuerzo de otros actores para ser más efectivo durante la campaña. Así nació Reverso, el proyecto colaborativo contra la desinformación electoral más grande del mundo realizado hasta ahora, que llegó a tener 134 medios aliados y fue una iniciativa que contó con el apoyo de competidores como Google y Facebook, que aceptaron dejar de lado sus diferencias y se sumaron con fondos y tecnología.

En Reverso, un proyecto liderado por Chequeado y AFP Factual que sumó la participación de los aliados internacionales First Draft y Pop Up Newsroom, varios imposibles resultaron no serlo.

Cuando empezamos a planearlo, en octubre de 2018, nos parecía imposible que medios que compiten a diario se aliaran en una misma iniciativa. Sin embargo, medios de todo el país, algunos gigantes y otros muy pequeños, fueron parte del proyecto, de principio a fin.

Nos parecía imposible que medios con líneas editoriales contrarias cruzaran la brecha y se pusieran de acuerdo sobre lo que es o no verdad. Pero apostamos. Y salió. Por ejemplo, que republiquen la misma nota medios como A24, Ámbito Financiero, C5N, La Voz del Interior, Radio 10 y TN (el video trucado de la exministra Patricia Bullrich para que pareciera borracha; la foto editada de Macri y el supuesto auricular desde donde le dictaban qué decir durante el segundo debate presidencial; o los mensajes contra Juan Carr por haber utilizado una foto de indigentes de otro país como si fuera de la Argentina).

Nos parecía imposible también que medios publicaran chequeos de desinformaciones que fueran claramente en contra del interés de la mayoría de sus lectores. Pero apostamos. Y también salió. (LA NACION y las verificaciones que desmintieron las desinformaciones sobre el líder social Juan Grabois).

Nos parecía imposible que un medio como Clarín publicara una nota rectificando una desinformación que había publicado varios años antes, con ese detalle aclarado en el mismo artículo. Pero apostamos. Y también salió. (Clarín y la verificación que desmintió que Axel Kicillof cobró un sobresueldo como director de YPF).

Nos parecía imposible que líderes políticos pidieran disculpas por compartir desinformación, pero lo hizo el senador Federico Pinedo (Juntos por el Cambio) en su cuenta de Twitter luego de publicar una falsa declaración de Kicillof sobre Venezuela. Y la candidata por el Frente de Todos de General Pueyrredon, Fernanda Raverta, se solidarizó con su adversario que resultó ganador, Guillermo Montenegro (Juntos por el Cambio), a quien se le atribuyó un audio falso. "La rivalidad política se dirime con propuestas y no con campañas sucias", señaló públicamente.

Nos parecía imposible que medios que no fueron parte del proyecto por diversas razones, igualmente republicaran el contenido producido por Reverso (Perfil y El Destape).

Lucha contra la desinformación

La existencia de Reverso subió el costo de difundir desinformación en las últimas elecciones de la Argentina y eso es bueno si uno apuesta a que en democracia los electores puedan tomar sus decisiones mejor informados.

"La lucha contra la desinformación incomoda. Porque en promedio, la desinformación que molesta es la que está en contra de mis intereses, creencias o puntos de vista. Y no alcanza con la autorregulación de los medios digitales sino que hacen falta mecanismos de regulación de prácticas distorsionadoras, más transparencia sobre algunos algoritmos y más cobertura sobre la privacidad de los datos personales", dice Mario Riorda, presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales y docente de la Universidad Austral, al ser consultado sobre los efectos de Reverso para contrarrestar la desinformación en la última campaña electoral.

Y agrega, "en este set de cosas por hacer, es imprescindible encarar acciones de pedagogía por parte de los medios de todo tipo, los tradicionales (híbridos ya) y los puramente digitales. Los medios iban perdiendo por paliza frente a las redes y de golpe, un traspié de aquellas los dejó en una posición expectable. Pero los medios no son neutros ni puros. Sobre ellos cae un descrédito equivalente y sus prácticas son igual de cuestionables. Este momento es una oportunidad de educación social. Sólo un crédito que frena su caída y podrían aprovechar. En este sentido, las acciones de chequeo individuales son de por sí valiosas, pero realizadas en un consorcio plural, amplio y profesional, más valiosas todavía. El chequeo incomoda, molesta, desnuda. Es un proceso que nunca acaba, siempre es mejorable. El chequeo suma porque disuade y enseña. No busca sancionar, busca prevenir, alertar y modificar conductas".

Eugenia Mitchelstein, profesora de la Universidad de San Andrés y directora de Meso Argentina, también valida que el esfuerzo mancomunado de chequeadores, medios de todo tipo y gigantes tecnológicos sirvió. Consideró en una columna publicada por Infobae que "en la Argentina, aunque circuló desinformación durante la campaña (desde enfermedades inventadas hasta auriculares en el debate entre candidatos), no parece haber afectado el resultado de las elecciones. Las campañas contra los rumores y las noticias falsas llevadas a cabo por plataformas y las iniciativas de verificación de datos como Reverso, en la que participaron Chequeado y medios tradicionales, pueden haber contrarrestado las consecuencias de la desinformación. Pero quizás la explicación sea más simple: prevaleció el escepticismo de la ciudadanía, acostumbrada a las mentiras de políticos y empresas".