'Respondí al llamado de mi presidente': Alborotadores dicen que Trump los instó a actuar

Alan Feuer and Nicole Hong
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El presidente Donald Trump habla en un mitin en Washington, el miércoles 6 de enero de 2021, para protestar contra los resultados de la elección presidencial. (Pete Marovich/The New York Times)
El presidente Donald Trump habla en un mitin en Washington, el miércoles 6 de enero de 2021, para protestar contra los resultados de la elección presidencial. (Pete Marovich/The New York Times)
Un video del presidente Donald Trump se reproduce en un monitor en la sala de prensa de la Casa Blanca después de que la Cámara de Representantes votó 232 a 197 para someterlo a un juicio político por incitar una insurrección violenta en contra del gobierno de Estados Unidos, el miércoles 13 de enero de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
Un video del presidente Donald Trump se reproduce en un monitor en la sala de prensa de la Casa Blanca después de que la Cámara de Representantes votó 232 a 197 para someterlo a un juicio político por incitar una insurrección violenta en contra del gobierno de Estados Unidos, el miércoles 13 de enero de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

En las dos semanas que han transcurrido desde que una turba enardecida asaltó el Capitolio, el presidente Donald Trump no ha dado ninguna señal de creer que comparte la responsabilidad por la peor invasión que se ha visto en los pasillos del Congreso en más de dos siglos. Para escudarlo aún más, sus fieles seguidores han comenzado a echarle la culpa del ataque a una variedad de chivos expiatorios distractores: antifascistas de la extrema izquierda, activistas del movimiento Black Lives Matter e incluso conspiraciones vagas de un complot que involucra al vicepresidente Mike Pence.

Sin embargo, un grupo de personas ya ha realizado declaraciones que implican directamente a Trump en los disturbios del Capitolio: algunos de sus propios simpatizantes que fueron arrestados mientras participaban en el asalto. En documentos judiciales y entrevistas, al menos cuatro alborotadores pro-Trump han afirmado que se unieron a la marcha que se tornó violenta en parte debido a que el presidente los alentó a hacerlo.

En los últimos días, un bombero jubilado acusado de atacar a miembros de la policía del Capitolio le dijo a un amigo que fue al edificio siguiendo “las instrucciones del presidente”, según una denuncia penal, y una agente inmobiliaria de Texas acusada de allanar el edificio le dijo a un reportero: “Respondí al llamado de mi presidente”, para explicar el porqué protestó en Washington.

Un hombre de Virginia le dijo al Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés) que él y su primo marcharon al Capitolio porque Trump dijo “algo sobre tomar la avenida Pensilvania”. Y el abogado del autodenominado Chamán QAnon —quien irrumpió en el edificio vistiendo un atuendo de vikingo— dijo que Trump era culpable y que planeaba solicitarle un indulto a la Casa Blanca.

“¿Que si nuestro presidente es responsable? Por supuesto que sí”, le dijo el abogado, Al Watkins, a The New York Times.

La red policial que se ha extendido a nivel nacional para capturar a los acusados de allanar el Capitolio apenas está en sus primeras etapas y es probable que pasen semanas antes de que se conozca su alcance total y los perfiles de la investigación. No obstante, ahora que hay docenas de personas en custodia y están empezando a comparecer ante los tribunales, las declaraciones que han hecho sobre Trump podrían terminar usándose no solo como leña en los procesos penales, sino también en un juicio político para respaldar las acusaciones de que el presidente instigó el asalto.

El miércoles, Trump fue impugnado por segunda vez después de que la Cámara de Representantes votó para aprobar una única acusación, en relación con su influencia al atizar a la turba que irrumpió en el Capitolio el 6 de enero tras asistir a un mitin en el que Trump y sus aliados repitieron sus aseveraciones infundadas de que las elecciones fueron amañadas en su contra. Ahora enfrenta un juicio en el Senado que podría descalificarlo e impedirle ocupar un cargo público en el futuro.

Si bien sería inusual que alguno de los acusados involucrados en el ataque al Capitolio compareciera como testigo en el drama del juicio político, es posible que los demócratas citen las declaraciones sobre Trump que esos acusados han hecho en público o frente a investigadores.

Como mínimo, la aparición de una defensa del tipo “Trump me hizo hacerlo” podría servir para socavar la narrativa infundada que algunos de los aliados del presidente en el Congreso, así como su abogado personal, Rudy Giuliani, han querido promover para dar impulso al argumento de que agitadores externos o servidores desleales fueron responsables del ataque al Capitolio.

Mientras los casos penales derivados de los disturbios pasan por el sistema legal, también podrían poner a algunos de los seguidores más fervientes de Trump en la incómoda posición de tener que culpar en público al hombre que fueron a apoyar.

Este método es conocido formalmente como una defensa de autoridad pública y, al usarla, los abogados pueden tratar de argumentar que sus clientes no son culpables porque un funcionario del gobierno les permitió cometer los delitos.

Los expertos legales han cuestionado la viabilidad de esta defensa en el caso del allanamiento del Capitolio, pues señalan que cualquiera que pretenda culpar a Trump de su participación en el asalto tendría que probar no solo que creía que él había autorizado sus acciones, sino también que esa creencia era razonable.

Sin embargo, aunque delegar la responsabilidad a Trump quizá no surta efecto en un juicio, a la postre, podría ayudar a aligerar el castigo para cualquiera que sea declarado culpable de un delito relacionado con el ataque, dijo Judith P. Miller, profesora de Derecho en la Universidad de Chicago.

“El hecho de que el máximo líder de nuestro país esté promoviendo esta enorme mentira y otorgando a millones de personas una sensación de virtud, de que ellos están del lado de los ángeles, me parece que podría usarse como una prueba atenuante contundente”, comentó Miller.

Trump empezó a promover su evento en Washington mucho antes de que ocurriera y exhortó a sus aliados a acompañarlo para ofrecer un discurso afuera de la Casa Blanca. Durante su alocución, frente a miles de personas, le dijo a la multitud que marchara al Capitolio donde el Congreso, supervisado por Pence, estaba certificando el conteo final de los resultados de la elección.

“Jamás recuperarán nuestro país con debilidad”, reprendió a la multitud. “Deben mostrar fuerza y tienen que ser fuertes”.

Poco después de que Robert Sanford, un bombero jubilado de Boothwyn, Pensilvania, escuchó esas palabras, se unió a una turba creciente que marchaba hacia el Capitolio. Ahí, según los fiscales federales, Sanford lanzó un extintor a un grupo de policías, con el que golpeó y lesionó a tres de ellos.

Cuando Sanford llegó a casa, según una denuncia penal presentada la semana pasada, le dijo a un amigo que había ido a Washington para escuchar el discurso de Trump, luego siguió “las instrucciones del presidente” y marchó hacia el Capitolio.

Su abogado, Enrique Latoison, dijo en una entrevista con el Times que seguía explorando si la opción de culpar a Trump de la participación de Sanford en el ataque funcionaría ante un juez.

Cuando Jennifer L. Ryan viajó de Texas a Washington en un avión privado con amigos, lo hizo porque Trump “nos pidió que fuéramos”, según le dijo a un reportero después.

“Dijo: ‘Ahí nos vemos’”, explicó Ryan. “Así que yo fui y respondí al llamado de mi presidente”.

Al poco tiempo, según los fiscales, Ryan, una agente inmobiliaria de un suburbio de Dallas, posó para una fotografía frente a una ventana rota en el Capitolio y luego irrumpió ilegalmente en el edificio por la entrada de la rotonda. Según afirman los documentos judiciales, en un video de Facebook que ahora ha sido eliminado, se podía escuchar la voz de Ryan mientras se unía a la multitud que invadía el edificio y gritaba: “¡Peleemos por la libertad!” y “¡Esta es nuestra casa!”.

El domingo, surgió otro video en el que la turba se enfrentaba a la policía del Capitolio dentro del edificio, mientras un hombre les gritaba a los policías que él y los demás alborotadores estaban ahí porque habían “escuchado a Trump, tu jefe”.

Ese, en esencia, es el argumento que Watkins, residente de San Luis, planea usar para empezar su defensa del Chamán QAnon, un hombre de Phoenix cuyo nombre real es Jacob Chansley.

Chansley, un actor desempleado que se ha hecho famoso en las últimas semanas por asistir a mítines de Trump con pintura en el rostro, un casco de batalla con cuernos y una lanza de casi 2 metros, fue acusado de allanar la cámara del Senado y dejar una nota para Pence que decía: “Solo es cuestión de tiempo, pronto se hará justicia”. El viernes, un juez federal dictó que estaría en prisión preventiva y en espera de juicio, al afirmar que fue “un participante activo en una insurrección violenta para derrocar al gobierno estadounidense”.

Watkins no negó que Chansley hubiera estado dentro del Capitolio ese día, pero sugirió que había ido porque, al igual que otros, “se aferró a las palabras del presidente” como consuelo y orientación. “Lo que tenemos aquí son personas como mi cliente que toman en serio al presidente”, agregó Watkins, “y recurren a él para sentirse relevantes en un sistema que los hace sentir abandonados”.

Es por eso que, en los próximos días, Watkins planea pedirle a Trump un indulto para Chansley, al compararlo a él y a los otros presentes en el Capitolio con miembros de un culto.

“Fueron traicionados por alguien en quien habían depositado su fe”, afirmó Watkins. “Son como los seguidores de Jim Jones. Lo único que faltó fue el Kool-Aid”.

This article originally appeared in The New York Times.

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