Reseña | Ghostbusters: El legado | Descubriendo el pasado, salvando el futuro

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Reseña | Ghostbusters: El legado | Descubriendo el pasado, salvando el futuro
Reseña | Ghostbusters: El legado | Descubriendo el pasado, salvando el futuro

El cine de la década de 1980 es uno de los más queridos y recordados por todos, y exactamente en 1984 vimos el nacimiento de una de las sagas que marcaría para siempre la cultura pop de aquella época, que hasta el día de hoy sigue siendo un clásico de la comedia mezclada con el terror y la fantasía: Ghostbusters.
Uno de los recursos principales que la industria de Hollywood utiliza ampliamente en estos tiempos es la nostalgia, la cual llega al espectador como un tesoro perdido de su niñez, o de algún momento de su vida. Si bien es claro que existen producciones que abusan de este tema, haciendo uso excesivo de él, la nueva entrega Ghostbusters: Afterlife consigue hacerlo de una forma que respeta los elementos distintivos de la cinta original, con un nuevo aire para las generaciones actuales.
Dirigida por Jason Reitman, hijo del director Ivan Reitman, quien realizó Los Cazafantasmas, Ghostbusters: El legado es la historia de Phoebe (Mckenna Grace), una niña con problemas sociales que, tras mudarse con su familia a la extraña granja que su distanciado abuelo les dejó, descubre que es la nieta de uno de los ahora casi olvidados caza fantasmas que alguna vez salvaron Nueva York. Cuando una serie de extraños sismos aterrorizan su nuevo hogar, será su deber llegar al fondo de esos misteriosos sucesos sobrenaturales.
Estar escéptico ante una secuela directa de este clásico ochentero no sería infundado, pero es una grata sorpresa que, pese a que sí apuesta por complacer a los fans de antaño, el filme de Reitman hace un esfuerzo por mantener el entusiasmo que hizo a la original tan reconocible, pero también configura un escenario y personajes totalmente nuevos que se sienten como un paso hacia adelante antes que como un vistazo por el retrovisor.
Lo que los fans del filme de la década de los años ochenta notarán de inmediato, es que el director apostó por mantener el aspecto de la saga, más la atinada mezcla de géneros: comedia, romance, terror y fantástico. Los efectos prácticos, los dispositivos, el estilo visual y la música están de regreso. Todo esto sería superficial, pero Ghostbusters: El legado, sin adelantar mucho, se acerca con sinceridad a su intención por recordar el pasado y, más importante todavía, busca reconectar con él. Esta es una gran diferencia que otras secuelas, reboots y remakes ignoran. En términos de nostalgia se siente muy similar a lo hecho por el pastiche de clásicos que al final del día es Stranger Things.
Además es interesante notar que, para evadir el engolosinamiento nostálgico, la película equilibra su tono al crear un vaivén entre distintos estilos de comedia que se complementan uno al otro y se mantienen a raya. Por ejemplo, la de “pez fuera del agua” de Phoebe ante las convenciones sociales se intercala con el más bobo sentido del humor de personajes como el de Paul Rudd, su profesor y un fanboy de los cazafantasmas, el cual a su vez es ridiculizado por el más sarcástico estilo del personaje de Callie, la mamá de la protagonista interpretada por Carrie Coon.
Este juego permite que Ghostbusters: El legado se salve de caer en momentos cursis o melosos, y evita que resulte totalmente cínica ante los más inverosímiles elementos de la trama. Este equilibrio es un mérito de Reitman, quien también coescribió el guion, pues hay que tener una visión clara del timing para saber cuándo es momento de usar qué tipo de humor. El otro beneficio es que, al tener un abanico de géneros, es más fácil que el público disfrute de la historia dependiendo de cuál funciona mejor para cada uno de ellos.
Temáticamente, la película tiene coherencia con ese sentido de honesta búsqueda por reconectar con el pasado, antes que simplemente hacer referencia al mismo. Esto queda mejor ejemplificado por el arco de Phoebe, quien descubre que, al igual que su abuelo, tiene una pasión por la ciencia y que abrazar esa similitud entre ambos es la única manera en la que puede terminar su trabajo, encontrar su identidad y salvar a su ciudad. Más tarde, y de nuevo sin arruinarles ninguna sorpresa, el pasado responde a ese llamado para guiarla.
No es que Ghostbusters: El legado sea revolucionaria, pero sí se distingue de muchos otros intentos por reconstruir sagas en tanto que es cuidadosa de mantenerse como una historia propia sin atropellar la esencia de sus antecesoras. Si un fantasma es atrapado en esta secuela, se trata del espíritu de la original y en ese sentido la película es un cazafantasmas en sí. Quédense hasta el final, si le tienen mucho cariño al filme de 1984, Los Cazafantasmas, porque hay dos escenas post créditos que no van a querer perderse. Llega a cartelera a partir de este 18 de noviembre.
Nota publicada originalmente en Tomatazos.
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