La Repregunta. Carlos Corach: “La política no es la guerra; Menem lo sabía perfectamente”

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Carlos Corach: "En cuanto a qué queda como sustancial del gobierno del presidente Menem, en primer lugar, la reforma de la Constitución"
An’bal Greco

“Para Menem y Alfonsín, la política no era la guerra y el adversario político no era el enemigo a eliminar”, dice Carlos Corach, exsecretario Legal y Técnico y exministro del Interior de la presidencia de Carlos Menem. “La política es acuerdo, es pacto, es dar para recibir”, sigue. “Menem tenía la voluntad de persuadir, no de agredir”, afirma.

A poco más de 20 años del fin de la década menemista, en el año en que se cumplen dos décadas de la crisis de 2001, donde confluyeron los coletazos políticos, económicos y sociales del menemismo, una treintena de protagonistas del menemismo, todos ex funcionarios de la gestión de Menem, acaban de publicar un libro, Los noventa. La Argentina de Menem, compilado por Eduardo Menem y Corach. El ex ministro del Interior de Menem pasó por La Repregunta para analizar el legado menemista y su “claroscuros”, como el mismo Corach define. Política y consensos, privatizaciones y corrupción, convertibilidad y desempleo, Pacto de Olivos y la reforma de la Constitución.

-Su libro pretende ser una lectura más justa y más profunda, según sostiene, de una década que algunos consideran una década maldita.

-En primer lugar, la historia no es blanca y negra; la historia es gris, tiene claroscuros. Yo tengo un concepto, por ejemplo, sobre la llamada Década Infame de los ’30 que difiere, y creo que ahora se está transformando bastante, de los estereotipos comunes; creo que no fue ni década ni tan infame. Y respecto de la década de nuestro gobierno, también hay una especie de estereotipos que se van repitiendo. Por eso hace dos años más o menos, con Eduardo Menem, empezamos a pensar la idea de sacar un libro que no tiene ningún objetivo electoralista ni proselitista ni apoyo de ninguna candidatura. Es un libro que quiere darle a la sociedad los elementos necesarios, con la mayor objetividad posible que el ser humano puede alcanzar, para juzgar la década.

-Buscan revisar el legado de esa década.

-Entender qué pasó en cada área. Incluso entre los que escriben, todos ex funcionarios, no todos tienen hoy la misma posición política. Se trata de una especie de juicio de residencia intelectual. Creo que sería muy interesante que esta experiencia la repitan otros gobiernos y que sus funcionarios expliquen a su sociedad lo que hicieron para que su sociedad los pueda juzgar.

-Hay un lugar común en relación a la década los ’90 como década maldita sintetizado en el “neoliberalismo” al que se recurre para circunscribir un costado negativo según cierta parte de la opinión pública. A sus ojos hay un legado positivo. ¿Cuáles son los puntos clave de ese legado?

-Son muy variados. Quiero aclararle que observo con mucha alegría que progresivamente mucha gente que opinaba de una manera negativa sobre el gobierno de Menem está empezando a comprender que no era tan negativa y que tuvo cosas muy positivas, sobre todo aquellos que lo vivieron. En cuanto a qué queda como sustancial del gobierno del presidente Menem, en primer lugar, la reforma de la Constitución. Por primera vez en la historia argentina una Constitución es dictada y reformada por el consenso mayoritario abrumador de la opinión pública, de la política. Todas las constituciones anteriores, la sancionada en 1852 y las sucesivas reformas fueron fruto de la supremacía de facciones militares una sobre otra, como el derrocamiento de Rosas en el ’52 o la expulsión de Urquiza de Buenos Aires para después dar lugar a la reforma del ’60 y así sucesivamente; la reforma del ’57 impuesta por los militares; la reforma del ’49 impuesta por el peronismo sobre el resto de la sociedad. Esta Constitución fue por consenso. ¿De qué manera se materializó ese consenso? El Pacto de Olivos. Qué curioso es nuestro país porque aquí la palabra pacto, acuerdo, suena mal.

-Suena a componenda poco transparente.

-Componenda oscura pero la política es eso, es acuerdo, es pacto, es dar para recibir.

-¿Eso es algo distinto de la rosca política de la que se habla mucho en el presente?

-La rosca política es una herramienta quizás pero lo que yo le digo es de fondo. Hay que comprender, y los argentinos todos tenemos que comprender, que la política no es la guerra. Menem lo sabía perfectamente.

-¿Ese es un mérito de Menem o es un mérito de una época? Me refiero a que también había otro líder político como Alfonsín que también estaba dispuesto a conceder en esa lógica de dar y recibir.

-Eran líderes políticos muy importantes tanto el doctor Alfonsín como el doctor Menem, que tenían este concepto de la política. Tenían el concepto de que la política no es la guerra, no es que hay que exterminar al adversario y eliminarlo. En la política no hay enemigos, hay adversarios. Con el adversario, hay dos caminos, como decía Menem, convencerlo, y Menem agotaba la posibilidad de convencerlo, o convivir dentro de la democracia y las instituciones.

-Una de las dificultades que se ha construido a lo largo de este devenir democrático de la Argentina es la imposibilidad del consenso. Eso que pareció muy claro después del ’83 en las posiciones en relación a la dictadura o a la Constitución, hoy parece muy difícil de ser alcanzado. ¿Eso fue posible por estos dos líderes políticos pero también por una sociedad que tenía un enemigo común en un pasado muy reciente, los militares y la dictadura?

-No estoy tan de acuerdo en que la amalgama de ese acuerdo haya sido el recuerdo de la dictadura. Creo que la amalgama de ese acuerdo fue una actitud de los dirigentes y de gran parte de los partidos políticos que sintieron que estaban asomándose a una nueva etapa política en Argentina. En la Convención Constituyente de 1994 había 16 partidos políticos representados. Había discusiones muy interesantes y muy importantes. Tuve el honor de ser el presidente de la Comisión Redactora de la Constitución Nacional. En la comisión mía había gente de mucho valor -por ejemplo la doctora Carrió y la doctora Fernández de Kirchner que en aquella época estaban juntas y eran muy amigas-, con mucha soltura y con mucha formación jurídica constitucional. Fue una época de oro para la política argentina. A través de la reforma del ’94, nuestra Constitución se transformó en una de las más modernas del mundo. Incorporamos como el derecho positivo los grandes tratados internacionales.

Carlos Menem y Carlos Corach
Carlos Menem y Carlos Corach


Carlos Corach junto con Carlos Menen en los tiempos del menemismo

-Mencionó al Pacto de Olivos que dio lugar a la reforma constitucional. Uno de los cuestionamientos que se le hace al Pacto de Olivos es que se entregó algo a cambio, que fue la posibilidad de reelección presidencial. A la luz de los transcurrido hasta hoy, que en cada reelección presidencial por ejemplo el kirchnerismo, renovó una actitud de poco diálogo con las minorías, ¿estaba la Argentina lista para la reelección presidencial?

-Quiero corregirla con todo respeto. No es cierto que la reforma de la Constitución haya tenido como objeto la reelección de Menem.

-No digo que haya sido su objetivo pero sí fue un elemento de esta negociación que usted dice que es necesaria.

-No, no. Menem asume el poder 6 meses antes de la finalización del mandato del doctor Alfonsín en julio de 1989. Dos meses y días después, septiembre de 1989, hay un acto en el Salón Blanco de la casa de gobierno. Yo en aquella época había ingresado al gobierno como secretario de Asuntos Institucionales y tenía a mi cargo el estudio de la Constitución. En septiembre de 1989, en ese acto, se proclamó la necesidad de reforma de la Constitución, dos meses después de que asumiera Menem. ¿Usted cree que Menem dos meses después de haber asumido ya pensaba que iba a ser la reelección en el ’95? No, nadie lo puede pensar. Pero además, ahí se empezó a pensar la reforma de la Constitución, ahí se empezó a dialogar con los demás partidos y realmente cuando estuvo madura, después del acuerdo de Olivos, la reelección de Menem sonaba como natural porque nuestra Constitución está inspirada en gran parte en la Constitución de los Estados Unidos que justamente daba como posibilidad una reelección por presidencia. Cosa que no pudo ser en el ’52 porque en el ’52 teníamos muy fresco el tema del largo gobierno de Juan Manuel de Rosas. Era muy difícil que se aceptara que un gobernante podía ser reelegido.

Alfonsín y Menem, tras la firma del Pacto de Olivos
Alfonsín y Menem, tras la firma del Pacto de Olivos


Alfonsín y Menem, tras la firma del Pacto de Olivos

-Entonces, como parte del legado positivo de la década menemista, usted señala una Constitución moderna y un consenso político inédito para la Argentina. ¿Cuál otro aspecto puede enumerar?

-¿Cuántas tentativas de golpe de estado sufrió la Argentina en su historia antes de Menem? Menem, con una gran visión sanciona una ley de amnistía para militares y guerrilleros en la convicción, y lo dijo, de que era la última vez que en la Argentina se dictaba una ley como esa, que todas las demás situaciones que se pudieran dar iban a ser castigadas con suma severidad. Por supuesto todos los presidentes lo decían pero nadie lo cumplía. Menem se sintió muy decepcionado cuando en diciembre de 1990 hubo el famoso golpe de estado encabezado por Seineldín. Ahí Menem tomó una decisión irrevocable: le ordenó al General Balza una represión severa. Y como nota de color, dijo “quiero que salgan en calzoncillo” y los sacó en calzoncillo. Pero además, los cabecillas de ese golpe pagaron con la cárcel. ¿Sabe en qué momento el coronel Seineldín salió de la prisión? Con Duhalde, cuando lo indulta. Pero estuvo muchos años preso. Eso era inédito en la Argentina. A partir de ese momento, nunca más hubo un golpe de estado en el país ni una tentativa.

-Es decir que los acontecimientos tan de esa época, con deudas que la Argentina tenía con su sociedad en el sentido de cómo saldar ese período terrible de la historia que fue la dictadura, de alguna manera lo obliga a Menem a tomar decisiones legales que quizás no fueran en el largo plazo, hacia delante, las que reciben el mejor juicio por parte de la sociedad pero necesaria para generar esos consensos.

-Necesarias para liquidar la posibilidad de golpes de estado.

-Cuando la llegada de Néstor Kirchner al poder y el cambio de decisión política en torno a esas cuestiones que Menem había tratado de saldar de otra forma, ¿cómo se percibe desde el menemismo el cambio de sentido de la política en relación a la violación de los derechos humanos y la dictadura?

-En uno de los diarios importantes de Buenos Aires, dos o tres meses después de dejar el gobierno, escribo un artículo cuyo título era “El menemismo no existe”. ¿Cuál era la tesis? Yo decía el menemismo no existe, terminó con el gobierno de Menem porque pretender que el menemismo como estructura política sobreviviera era un disparate porque era servir al adversario. ¿Por qué se hablaba de ‘menemismo”? Era con la intención de aislar al grupo de hombres que colaboró con el presidente Menem del resto del peronismo, de un lado está el peronismo y del otro lado, el peronismo. Y no es así. Peronismo somos todos. El peronismo tiene matices, como decía el General. En un diálogo con un periodista, el periodista le pregunta cómo se divide la opinión pública políticamente en Argentina. Bueno, dice Perón, hay radicales tanto por ciento, socialistas, comunistas. El periodista le dice pero y el peronismo, ah no, peronistas somos todos, dice Perón.

-Ahora, el kirchnerismo que se instala durante 12 años y vuelve en este gobierno reniega de esa década y la tacha de “neoliberal”.

-Quiero recordarle una cosa. Menem comete un error al no presentarse en la segunda vuelta en el 2003. Si bien es cierto que la elección se había planteado de una manera engañosa porque el Congreso de Lanús, inspirado por Duhalde, había autorizado tres candidaturas peronistas, la de Menem, la de Rodríguez Saa y la de Kirchner. ¿Sabe lo interesante que poca gente lo percibe? No se sumaban los votos. No era como una ley de lemas. Era como partir al peronismo porque cada uno tenía sus propios votos. Menem prevalece con el 25%.

-Y se retira, no va a la segunda vuelta.

-Es cierto que iba a perder porque en ese momento mucha gente no votaba por, sino contra Menem pero él no podía dejar al candidato Kirchner con el 22% de los votos porque dejaba a un presidente enormemente debilitado. El presidente Kirchner tuvo la habilidad y la inteligencia de reconstruir el poder presidencial. Si él no hubiera hecho eso, es muy probable que este país hubiera tenido una etapa de anarquía. Usted me había preguntado sobre el neoliberalismo.

-Sobre todo el reproche se da en figuras políticas que estuvieron cerca del menemismo.

-Todos. El tema es el siguiente. Los gobernantes no eligen las políticas que van a ejecutar por su capricho, por sus convicciones anteriores al gobierno. Modela la situación internacional en que se manejan y la situación nacional. Cuando Perón instauró en el país la política de sustitución de importaciones, era la única posible en ese momento porque la guerra había devastado los países industrializados y no había donde comprar nada. Ese era un movimiento mundial, no sólo de Argentina. No lo inventó Perón. Era lo que se hacía en el momento. Cuando Menem instaura la política que designan en Argentina como “neoliberal” estas eran las corrientes del comercio mundial, por eso Argentina pudo aprovecharlas. Cuando Kirchner revaloriza el papel del estado, en el mundo se estaba revalorizando el papel del estado; no lo inventa Kirchner. Hay un libro que yo le recomiendo muy bueno. El libro se llama Perfiles de coraje y lo escribió John Fitzgerald Kennedy cuando era senador. ¿Cuál es la tesis del libro? ¿Qué debe hacer un gobernante cuando llega al gobierno? ¿Emperrarse en sus ideas antiguas o previas aunque se dé cuenta de que no son útiles al país, o cambiarlas? Cambiarlas. Uno de los grandes estadistas que tuvo la Argentina, malogrados, fue Arturo Frondizi. Frondizi escribió un mamotreto que se llamaba Petróleo y política, todo lo contrario de lo que luego hizo en el gobierno. Yo tuve el honor de colaborar con él, fui concejal. Frondizi decía no son mis ideas; es lo que le conviene al país.

-Eso trae el tema de las promesas electorales de Menem en 1989 y el cambio de signo político económico una vez que asume, de la revolución productiva al achicamiento del estado. Entiendo que su planteo tiene que ver con que el signo de los tiempos mandaba de alguna manera una política de achicamiento del estado. Ahora, ¿ese cambio implicó para la política un tema delicado, que es la ruptura de la promesa y la palabra política, en términos de haber prometido una cosa y haber hecho otra?

-Eso es una tradición en la política argentina. En todos los países es exactamente lo mismo.

Carlos Corach, Juan Carlos Maqueda y Elisa Carrió, en sus días de convencionales constituyentes
Carlos Corach, Juan Carlos Maqueda y Elisa Carrió, en sus días de convencionales constituyentes


Carlos Corach, Juan Carlos Maqueda y Elisa Carrió, en sus días de convencionales constituyentes

-¿Se había dado tan claro ese fenómeno antes en la Argentina?

-El político en general y en la Argentina en particular no tiene un conocimiento claro de la situación del estado cuando hace su campaña proselitista entonces hace promesas porque prometer no cuesta nada, el problema es gobernar. Menem tuvo un año muy difícil al principio hasta que encontró el ritmo económico, a principio de 1990, con el problema de la hiperinflación que continuaba el problema de Alfonsín de alguna manera. Tuvo un gran ministro de Economía que era Cavallo pero mucha gente que el mérito es del ministro de Economía, pero el ministro de Economía necesita un presidente que lo acompañe, que lo comparta y lo sostenga. Fíjese que la segunda experiencia de Cavallo con otro presidente fue negativa.

-Con la Alianza.

-Quiero hacer un reconocimiento muy especial que es Horacio Liendo, que escribe un artículo en el libro, que fue el autor intelectual de la Ley de Convertibilidad.

-El tema de la autoridad presidencial es otra vez un tema hoy por la particularidad del binomio gobernante, con la ex presidenta Cristina Kirchner con una enorme influencia sobre los destinos de la Argentina en el rol de vicepresidenta. ¿Cómo logra Carlos Menem construir la autoridad con su estilo tan particular, tan colorido, dentro de un Partido Justicialista que siempre se aliena en función del poder? ¿Los votos fueron los que le permitieron construir ese poder o venía dado por un manejo de la política y de una cultura política muy particular en Menem?

-Menem siempre quiso ser presidente. En la última gran interna que hizo el justicialismo, Cafiero - Menem en 1988, Menem prevalece sobre Cafiero en una interna absolutamente transparente, única en la historia del peronismo. Yo no estaba con Menem; era apoderado de Antonio Cafiero, apoyaba a Cafiero. Nunca pensé que iba a ganar Menem, la verdad. ¿Y Menem gana por qué? Primero, porque Menem era muy hábil. Como gobernador tuvo actitudes muy interesantes y además, recorrió el país pueblo por pueblo. Usted iba con Menem al pueblito más oscuro retirado y olvidado del país y siempre en la iglesia o la plaza se encontraba con un señor o una señora y se repetía la escena: “Carlitos, te acordás cuando viniste y comimos empanadas en la casa”. Menem tenía un don carismático porque tenía la voluntad de persuadir, no tenía la voluntad de agredir.

-Es interesante eso: habló del consenso, de la idea de que el otro es un adversario y no un enemigo y ahora, de la voluntad de persuadir.

-Cuando había una audiencia presidencial, el presidente tiene que tener los datos de a quién va a ver. Muchas veces Menem me decía “Carlitos, cómo se llama esa persona. Y la mujer y tiene hijos, cómo se llaman, estudian. Andá y averiguá”. Cualquiera que entraba con el mayor prejuicio, salía seducido, aunque no convencido a lo mejor, pero salía convencido de la bondad y la cordialidad del presidente.

-Usted decía que en términos de formación de una espacio político, el menemismo no existe con operadores propios, como rama interna del peronismo. Ahora, hay un reconocimiento de un cambio estructural y cultural de esa década. Quedó inaugurada la conexión de Argentina con el mundo y por otro lado, el consumo como una realización del ciudadano. ¿Ese es el legado más duradero del menemismo, el más positivo?

-Más duraderos y positivos, junto con la reforma de la Constitución y los consensos. Hay mitos urbanos por ejemplo, Menem vendió las joyas de la abuela.

-Las privatizaciones.

-¿De qué joyas estamos hablando? ¿Las joyas de la telefónica del estado que no le podía dar a usted ni en 20 años un teléfono? ¿De YPF que perdía dinero? Menem transforma la empresa en una empresa que le daba en el acto un teléfono. Menem transforma YPF y exportamos petróleo.

-El cuestionamiento detrás de ese cambio estructural de la Argentina, con el reconocimiento de que ese estándar en servicios muy básicos mejoró, es que se dio con una corrupción estructural, inaugurando también eso en la democracia.

-Yo no creo que haya habido una corrupción estructural.

-María Julia Alsogaray fue condenada y estuvo presa por eso.

-Pudo haber habido algunos hechos. Prefiero las cosas judiciales dejarlas a la Justicia. Yo no nunca avanzo sobre las decisiones judiciales, quizás sea mi formación de abogado, hay que reservarlas a la justicia.

-El presidente Menem fue llevado a juicio en numerosas causas.

-Pero fue absuelto.

-En algunas fue absuelto.

-En general fue absuelto en todas.

-El tema de Río Tercero y la explosión.

-En ese sentido no quiero avanzar porque realmente lo de Río Tercero es muy injusto con Menem pero bueno, ese es otro tema. Eso me consta porque yo era ministro en ese momento y yo soy el que le llevé la noticia de lo que había pasado y Menem la verdad estaba devastado y sorprendido. Otra cosa importante a mi juicio es la parte internacional. Uno iba a cualquier país del mundo, decía que era argentino o funcionario de Menem, usted era un hombre respetado, oído. Una cosa increíble, consigue que la Argentina ingrese en el G20; nunca podría haber ingresado. ¿Qué son Los 20? Las veinte economías más importantes del mundo y ahí estamos nosotros gracias a Menem.

-Entonces, una reforma estructural del estado que inaugura una conversación y una discusión acerca del tamaño del estado en Argentina, que sigue irresuelta. Además, la necesidad de transparencia de los procesos políticos que también se inaugura en ese momento, y que también sigue irresuelta. Otras de las cuestiones es cómo la modernización económica, por ejemplo, la solución del problema de inflación con el 1 a 1, genera desempleo. Las tasas de desempleo pasan de más del 7% en 1989 al 17,4% en 1994.

-Yo fui designado ministro el 5 de enero de 1995. Ese día Clarín publica en primera página con letras muy grandes “Corach, ministro del Interior”. Eso también es una apostilla de la historia. Abajo dice algo mucho más importante, en un recuadro con letras de menor tamaño pero bastante distinguidas. El Indec había dado el índice de inflación del ’94: “La menor inflación en 51 años”, no en 20 años o el año pasado, en 51 años; ésa era la época de Menem. Es decir, la Argentina tiene una tradición que tenemos que rescatar y tenemos que tratar de revivir que es el progreso social.

-La movilidad social es lo que usted está señalando. Pero el menemismo con la generación de desempleo de dos dígitos, histórico en 1994…

-De cualquier manera había desempleo, es cierto pero usted trataba de mitigarlo, de crear empleo. Hubo mucha inversión extranjera, cosa que era importante. Usted para generar empleo tiene que tener empleadores y capital sino engrosa el staff del estado.

-Uno de los cuestionamientos que se hace hoy y que pesa sobre la ciudadanía es la presencia ubicua de la política hasta en cuestiones familiares, las familias atravesadas por la grieta de kirchnerismo antikirchnerismo. Hoy hay una reivindicación del menemismo en el sentido de que podía haber una esfera de la vida privada y ciudadana que no estaba atravesada por ese tipo de divisiones políticas.

-Es que no había grieta. Del presidente para abajo todos estaban imbuidos de una voluntad de acuerdo. No había grieta ni en la familia ni en la política.

Una figura central del menemismo

▪ Carrera política. Fue convencional constituyente por el Partido Justicialista durante la reforma de la Constitución de 1994, y ministro del Interior entre 1995 y 1999.

▪ Justicia. Se lo considera el gran arquitecto de la reforma del Poder Judicial que impulsó el menemisno en 1992.

▪ Publicaciones. Escribió 18.885 días de política y, junto a Eduardo Menem, compiló Los noventa. La Argentina de Menem.

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