Reporte: Residencias belgas fallaron a sus pacientes

SAMUEL PETREQUIN
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Un trabajador sanitario sostiene la mano de una interna de la residencia CHC en Landenne, Bélgica, el miércoles 4 de noviembre de 2020. (AP Foto/Virginia Mayo)
Un trabajador sanitario sostiene la mano de una interna de la residencia CHC en Landenne, Bélgica, el miércoles 4 de noviembre de 2020. (AP Foto/Virginia Mayo)

BRUSELAS (AP) — Las autoridades belgas “abandonaron” a miles de ancianos que fallecieron en residencias durante la pandemia del coronavirus, según afirmó Amnistía Internacional tras una investigación publicada el lunes y que describía "violaciones de derechos humanos" en los centros.

Bélgica, uno de los países europeos más afectados por el virus, ha reportado más de 531.000 casos confirmados del virus y más de 14.400 muertes asociadas. En la primera oleada de la pandemia, la primavera pasada, el país de 11,5 millones de habitantes registró la mayoría de sus muertes vinculadas al nuevo virus en residencias de ancianos.

El 61,3% de las muertes por COVID-19 registradas en Bélgica entre marzo y octubre se produjeron en residencias, una cifra que Amnistía Internacional describió como “abrumadora”. Las autoridades tardaron demasiado en aplicar medidas para proteger a empleados e internos, según la organización, con lo que no protegieron sus derechos humanos.

Uno de los motivos por los que murió tanta gente en los centros es que los pacientes no fueron trasladados a hospitales para recibir tratamiento, indicó AI.

“Los resultados de nuestra investigación nos permiten afirmar que (las residencias) y sus residentes fueron abandonados por nuestras autoridades hasta que esta tragedia fue denunciada públicamente y la primera fase de la pandemia había pasado”, dijo Philippe Hesman, director de Amnistía Internacional Bélgica.

Cuando el virus golpeó Europa con dureza en marzo, Bélgica tomó a Europa con la guardia baja y sin preparativos, con una grave escasez de personal de protección individual. Conforme los contagios se expandían con rapidez, las residencias se vieron sobrepasadas y las autoridades locales llegaron a solicitar la ayuda de las fuerzas armadas.

Bélgica tuvo una de las tasas de mortalidad más altas del mundo durante la primera oleada. Pero mientras los empleados de las residencias estaban abrumados, los hospitales del país capearon la crisis y sus unidades de cuidados intensivos nunca llegaron a ocupar sus 2.000 camas. Vincent Fredericq, secretario general de la federación de residencias Femarbel, dijo a Amnistía Internacional que muchos residentes que necesitaban atención médica se vieron ignorados.

Todo el mundo estaba conmocionado por las imágenes de los hospitales italianos y españoles", dijo. “Estas situaciones tuvieron un gran impacto en nuestros dirigentes, que desde el principio dijeron que era absolutamente necesario evitar sobrecargar los cuidados intensivos. Las residencias han sido relegadas a un segundo puesto y sus internos y empleados han sido las víctimas”.

AI basó su investigación en declaraciones de empleados e internos de residencias, trabajadores de organizaciones sin ánimo de lucro que defienden los derechos de los internos y directores de centros. El grupo también habló con familiares de ancianos que viven internos o que murieron en la pandemia. La mayoría de los entrevistados pidió mantener el anonimato para poder hablar con libertad.

Citando cifras de Médicos Sin Fronteras, el grupo indicó que sólo el 57% de los casos graves en residencias se trasladaron a hospitales por “una dañina interpretación de las recomendaciones de triaje”.

“Como resultado, algunas personas mayores probablemente murieron de forma prematura”, dijo AI. “Pasaron meses hasta que una circular indicó de forma explícita que el traslado a hospital aún era posible, si se hacía de acuerdo a los intereses y deseos del paciente, independientemente de la edad”.

Maggie De Block, la exministra de Salud que estaba en el cargo en los primeros meses de la pandemia, rechazó el mes pasado las acusaciones de que se había negado el acceso a hospitales a los pacientes de residencias.

“Nunca hubo un mensaje, ni del gobierno federal ni de mis colegas regionales, diciendo que no debamos hospitalizar a personas que lo necesitan, o que podamos rechazar a personas ancianas o discapacitadas”, dijo a la cadena local RTBF.

La oficina del primer ministro no respondió en un primer momento a una petición de comentarios de The Associated Press.

Más de la mitad de los cuidadores consultados en la pesquisa dijo que no había recibido formación sobre cómo utilizar el equipo de protección, ni tampoco información suficiente sobre el virus. AI señaló que no se introdujeron pruebas diagnósticas sistemáticas a los trabajadores hasta agosto, con sólo un control al mes.

Una interna de residencia identificada como Henriette dijo a AI que cada vez que entraba un cuidador en su habitación, ella temía que trajera el virus consigo.

El grupo también señaló que las restricciones a las visitas familiares habían tenido repercusiones negativas en la salud de muchos internos. Algunos familiares dijeron a Amistía Internacional que cuando se les permitió volver, notaron que sus seres queridos se habían visto descuidados porque el personal estaba abrumado.

“Para mi marido era muy difícil comer sólo. Al pasar el tiempo, perdió peso”, dijo la esposa de un interno. “Cuando le pregunté al personal sobre ello, una cuidadora me dijo ‘No podemos dar de comer a todo el mundo todos los días’”.