"Rendimos hasta no dar más", estudiantes cuentan la presión de estar en el ITAM

Andrea Vega (@EAndreaVega)
Acceso al ITAM

Una semana antes de que iniciara el periodo de exámenes en el ITAM, la novia de Rafa se puso a llorar con él, tres días seguidos. Ambos son estudiantes en esta institución. 

“La primera vez estábamos jugando, ella de broma se puso a hacer caras tristes, pero de pronto empezó a llorar. Es por la presión que se vive en esta escuela, donde, además, no hay apoyos psicológicos reales para canalizarla”, dice el joven, que prefiere que no se haga público ni su nombre real ni su carrera. 

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Los mismos compañeros de las representaciones de estudiantes les han pedido no hablar con medios, después de la avalancha de quejas que muchos publicaron en Twitter. Pero Rafa y otros estudiantes aceptan hablar con Animal Político para hacer pública su experiencia y presionar a las autoridades a replantearse este culto al estrés, como ellos mismos lo denominan, este llevar a los alumnos al borde.

“Lo que te dicen desde el principio es que estás en la mejor escuela del país, en la más exigente, más que las prestigiosas escuelas de Estados Unidos, donde es difícil entrar pero es fácil graduarse. Acá, en cambio, entrar no es tan difícil, lo duro es terminar y si no terminas o repruebas, es que no estabas a la altura de la institución. Es tu culpa”, explica Rafa. 

Los jóvenes cuentan que los periodos de exámenes les demandan estudiar cada día hasta el amanecer. “Una compañera, una vez tomó tanto café para no dormir que la tuvieron que llevar al hospital con taquicardia. Los médicos le dijeron que se quedara un día en el hospital para reponerse y descansar, pero no quiso porque tenía examen”, cuenta Sara, otra estudiante del ITAM que también pide reservar su nombre real. 

Aunque reconoce que si su amiga hubiera hablado con el profesor, quizá le habrían reprogramado el examen. “Pero la presión que tenemos encima por rendir es tal que ni lo pides, es el saldo de esta cultura de que tenemos que rendir hasta no dar más”. 

Animal Político solicitó una entrevista a las autoridades del ITAM para hablar sobre lo que está sucediendo en la institución y si se tomarán medidas para remediarlo, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta, como tampoco hubo acceso a las instalaciones de la escuela para el acto de homenaje a la estudiante que, se presume, se suicidó por la presión académica excesiva, de acuerdo a lo señalado en redes por sus compañeros. 

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Las lágrimas en los pasillos, en los salones son comunes en la institución, dicen los jóvenes entrevistados. “Aquí ves a compañeros que están haciendo un examen y empiezan a llorar, a veces se tienen que salir para calmarse, en otros casos, cuando termina el examen, se ponen a llorar en los pasillos”, dice Rafa. 

Pero la exigencia no es solo en exámenes. “Aquí se estudia todo el tiempo. Tienes que leer mucho, entregar muchos trabajos. No hay tiempo libre. Es la exigencia llevada al límite”, asegura Martha, otra estudiante. 

Los jóvenes explican que para cada clase les dejan lecturas de decenas de páginas y por una sola vez que no puedan responder la pregunta del profesor respecto a estas, les quitan el 40% de la calificación. 

Además, aseguran, no se respeta el descanso de los fines de semana. “Los exámenes en sábado hacen que quienes vienen de fuera, por ejemplo, no puedan ir a ver a su familia, hay compañeros que no ven en varios meses a sus padres”, asegura Rafa. 

Reprobar es una condena

Sobre el presunto maltrato de los profesores que se ha hecho público en redes sociales, los tres estudiantes confirman que hay algunos que sí promueven una especie de terror psicológico. “Son los que ves tuiteando que a ver al día siguiente a cuántos reprueban. Deberían replantearse el sentido pedagógico de eso”, señala Martha. 

Porque además en el ITAM reprobar es cosa seria. Los jóvenes explican que sólo pueden reprobar dos veces la misma materia. A la segunda vez los condicionan. Y con tres condicionamientos están fuera. 

“Dicen en redes sociales que por qué no nos salimos. No es así de simple. Al final estás en una escuela de alto nivel académico, eso es un plus, y, además, en mi caso, aunque mis padres me apoyarían si decidiera salirme, yo no podría con la culpa de haberlos hecho gastar en mi colegiatura y luego dejarlo”, señala Sara. 

La cuestión, agrega la estudiante, es que no tiene que ser así. “No estamos pidiendo bajar el nivel académico, sabemos la exigencia que implica entrar aquí. Pero hay un culto al estrés mal entendido. Es necesario que reimaginemos, todos, lo que es la exigencia y para qué sirve, pero poniendo al centro a la persona, porque no somos máquinas, no somos una clave”. 

Además de eso, los alumnos piden que haya acompañamiento psicológico adecuado para lidiar con el estrés y la presión. Hasta ahora confirman, eso no existe en la institución. Un psicólogo de planta no hay. “Lo que hicieron fue contratar un sistema de asesoría por teléfono –describe Rafa– más bien por WhatsApp. Tengo amigos que han escrito y les responde un robot, después de un buen rato. Solo se desesperan más”. 

Espacios suficientes para la recreación tampoco hay. Hay más lugar para estacionamiento que canchas deportivas, se quejan los alumnos. 

Este viernes 13 por la mañana, integrantes de las representaciones de estudiantes de reunieron con la jefa de la Dirección Escolar para plantear las primeras demandas generales que incluyen apoyo psicológico y un replanteamiento de las cargas de trabajo y de exigencia excesiva en la institución. 

La próxima semana esperan ser recibidos por autoridades de más alto nivel, incluido el rector, Arturo Fernández. En tanto, recaban propuestas de sus compañeros para preparar el pliego petitorio y este lunes 16, a partir de las 5:30 am, llaman a un paro de labores en la institución. 

Los estudiantes también piden que esto sirva para reconsiderar el culto a la exigencia que se impone en otras escuelas, en los trabajos, y que lleva a las personas al borde. Y también solicitan analizar cómo se ha soslayado la salud mental en todo el país. 

“No, no está bien tener ataques de ansiedad,  eso no te enseña nada, y no tenemos que llegar al borde, no tiene que ser así, hay que replantear todo esto”, afirma Sara.

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