Los relatos de los argentinos en plena ola de calor e incendios en Europa: “Llovían cenizas, no se podía respirar”

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Los incendios avanzan cerca de un área residencial in Alhaurín de la Torre, Málaga. (AP Photo/Gregorio Marrero)
Los incendios avanzan cerca de un área residencial in Alhaurín de la Torre, Málaga. (AP Photo/Gregorio Marrero) - Créditos: @Gregorio Marrero

La densa cortina de humo tardó poco tiempo en recorrer los 6,8 kilómetros que separan a la Sierra de Mija con el municipio español de Alahurín el Grande. En esa ciudad andaluza de poco más de 24.000 habitantes, el cielo despejado quedó teñido en cuestión de minutos por nubes negras, que cubrieron de cenizas los tejados de las casas. Los alaridos de los animales escapando de las llamas tornaban al lugar en un ambiente apocalíptico, un atisbo de la destrucción causada por los incendios forestales que se desarrollaron en España, así como en muchos otros países de Europa, propulsados por uno de los peores veranos que calcina al continente.

Llovían cenizas. No se podía respirar”, describió la escena de horror en esta zona de Málaga la argentina Cecilia Digregorio. “Se me cayeron un par de lágrimas viendo a la gente del pueblo. Todos frenaban sus autos para bajar y mirar, no podían creer cómo el fuego consumía todo a esa velocidad. Fue tristísimo”.

La voracidad del fuego declarado durante el fin de semana en sierra de Mija arrasó con 1890 hectáreas de terreno de pino a una velocidad que alcanzó el sábado los 50 metros por minuto. Según el Plan de Emergencia por Incendios Forestales de Andalucía (Infoca), afectó a los municipios aledaños de Alahurín de la Torre y Alahurín el Grande, obligando a desalojar de forma preventiva a más de 3000 personas.

El incendio en sierra de Mijas desde la casa de Cecilia Digregorio
El incendio en sierra de Mijas desde la casa de Cecilia Digregorio - Créditos: @Cortesía

Lejos de esperar presenciar esta pesadilla, Digregorio se mudó a España hace apenas una semana junto a su marido, el jugador de rugby Bruno Mantovani, y sus hijos Luca, de 7 años, y Benicio, de 3 años. “Los chicos se asustaron, les daba miedo que el fuego bajara, les daba pena por los animales...”, dijo la escritora a LA NACION, quien aseguró que entre vecinos colaboraron para acoger a la fauna de las fincas que corrían peligro.

Si bien en Andalucía los fuegos estaban hoy controlados gracias al accionar de unos 400 bomberos, incendios forestales se apoderaron en los últimos días de casi 60.000 hectáreas de superficie en seis comunidades autónomas de España. Esta situación es visible en otras partes de Europa y ocurre durante la segunda ola de calor del verano boreal, que asfixia a las ciudades con temperaturas récord superiores a los 40°C.

El último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió que la sequía y las olas de calor relacionadas con el cambio climático han hecho que los incendios forestales sean más frecuentes y difíciles de combatir.

Un hombre hace una fotografía a un termómetro en la calle que marca 45 grados, a 12 de julio de 2022, en Orense, Galicia (España).
Un hombre hace una fotografía a un termómetro en la calle que marca 45 grados, a 12 de julio de 2022, en Orense, Galicia (España).

“En los ómnibus la mayoría de los aires acondicionados no andan y como acá es obligatorio el barbijo y además está lleno de gente, te ahogás”, dijo a LA NACION Camila Fernández Cao, argentina de 23 años vacacionando en Ibiza. “Hoy nos tuvimos que volver antes de la playa porque no hay sombra y hace 40 grados. Encima, el agua del mar está caliente, entonces nunca te refrescas del todo. Hay duchas de agua fría pero únicamente vimos en dos de todas las playas que fuimos. Es imbancable”.

El Reino Unido superó hoy por primera vez el umbral de los 40°C y activó la alerta roja nacional, “un verdadero recordatorio de que el clima ha cambiando y seguirá cambiando” y de que “estos extremos serán cada vez más extremos”, señaló Stephen Belcher, jefe de ciencia y tecnología de la Met Office, quien reforzó la necesidad de lograr la neutralidad de carbono.

“Altas temperaturas extremas”, alertaba la aplicación del servicio meteorológico en el celular de Santiago I., de 25 años, que se mudó a Londres para trabajar como Business Engineer hace poco más de un mes. La capital británica “no está nada preparada” para enfrentar altas temperaturas, consideró en conversación con LA NACION.

El servicio meteorológico marca una alerta por "clima severo" en Londres
El servicio meteorológico marca una alerta por "clima severo" en Londres - Créditos: @Cortesía

“La mayoría de los subtes y colectivos no tienen aire, entonces viajar en transporte público es bastante duro. Las casas menos, es raro tener aire, por eso durante el día te morís de calor”, indicó el ingeniero electrónico argentino.

El Departamento de Energía Empresarial y Estrategia Industrial británico arrojó en estimaciones en un informe de 2021 que apenas el 5% de las viviendas en Inglaterra cuentan con aire acondicionado. Esto se debe a que los edificios antiguos construidos en la época victoriana están hechos con estructuras de ladrillos sin cámaras de aire, lo que complejiza una adaptación de la construcción.

Para hacer frente a las olas de calor, algunas escuelas adelantaron sus horarios de clase para evitar que los niños salgan en momentos de mayores temperaturas. Entre las recomendaciones que extendieron las autoridades británicas a la población, entre las que se encontraba en lo posible trabajar remoto para no exponerse al calor, aconsejaron a los británicos no viajar en tren ante el riesgo de que las vías de acero se deformen por las altas temperaturas.

Una niña se refresca con chorros de agua en Brest, en el oeste de Francia, el 18 de julio de 2022
Una niña se refresca con chorros de agua en Brest, en el oeste de Francia, el 18 de julio de 2022 - Créditos: @FRED TANNEAU

Cancelaron el servicio de metro porque están muy calientes las vías, no aguantan el calor. Tengo que buscar una forma alternativa para volver a mi casa”, señaló ante esta situación Pedro Casal, de 25 años, desde Newcastle, donde el termómetro marcó hoy 37 grados. El argentino relató a LA NACION que en muchos casos “la gente se desmaya”, sofocados por las temperaturas.

Esta situación se replicó en otras grandes urbes europeas durante la jornada. En Bruselas, se redujeron los horarios de los servicios de transporte público y los comercios bajo una alerta naranja de calor en Bélgica, que experimentaba hoy temperaturas cercanas a los 37°C.

En París, la empresa de Administración Autónoma de Transportes Parisinos (RATP) redujo temporariamente la velocidad de sus trenes, tranvías y de seis líneas de metro “frente al episodio de canícula”, alertó el servicio de transporte.

Fotografía facilitada por la brigada antiincendios SDIS 33 muestra las llamas consumiendo árboles cerca de Landiras, en el suroeste de Francia, el sábado 16 de julio de 2022.
Fotografía facilitada por la brigada antiincendios SDIS 33 muestra las llamas consumiendo árboles cerca de Landiras, en el suroeste de Francia, el sábado 16 de julio de 2022.

“Hará mucho calor, pero no hay humedad; 38°C en París son como 30 en Buenos Aires”, opinó Rafael Córdoba, de 30 años. La diferencia entre ambas ciudades para él es que en la capital francesa “no hay aire acondicionado casi en ningún lado. Acá parece que creen que el aire acondicionado hace mal. Hasta en las tiendas por departamento está suave”.

Por lo menos 64 localidades de Francia superaron este martes sus máximos históricos de calor, principalmente en el oeste del país, mientras continuaban gigantescos incendios cerca de Burdeos, en el suroeste, que ya consumieron 19.300 hectáreas de vegetación y obligaron a 34.000 locales y turistas a abandonar sus viviendas.

Los expertos advierten que, gracias al calentamiento global, los fenómenos extremos serán cada vez más recurrentes e intensos. Al respecto, António Guterres, el secretario general de las Naciones Unidas ONU, lanzó: “la mitad de la humanidad se encuentra en la zona de peligro de inundaciones, sequías, tormentas extremas e incendios forestales. Ninguna nación es inmune. Sin embargo, seguimos alimentando nuestra adicción a los combustibles fósiles. Tenemos que elegir. Acción colectiva o suicidio colectivo. Está en nuestras manos”.

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