El relato de un sacerdote ucraniano sobre la toma de Kherson: “La crueldad de los rusos es inaudita”

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Una escuela destruida en Zelenyi Hai, entre Kherson y Mykolaiv. (Photo by BULENT KILIC / AFP)
BULENT KILIC

ODESSA.- Aunque ayer el número dos del gobierno nombrado por Moscú en Kherson -la única gran ciudad ucraniana conquistada por Vladimir Putin en dos meses y medio de guerra-, anunció que iban a pedir su anexión a la Federación Rusa porque “Kherson es Rusia”, en Odessa no piensan lo mismo.

“El pedido de anexión es pura propaganda”, aseguró a LA NACION el padre Roman Krat, de 40 años, quien vivió toda su vida en Kherson y está en contacto con los otros dos sacerdotes católicos que quedaron en esta región, que queda unos 200 kilómetros al este de Odessa.

El padre Roman Krat, en la iglesia católica de Odessa
Elisabetta Piqué


El padre Roman Krat, en la iglesia católica de Odessa (Elisabetta Piqué/Roma, Italia)

“En los primeros días de ocupación, cuando aún se veían algunas señales de democracia y libertad, cuando los soldados rusos todavía no habían recibido la orden de suprimir las protestas, hubo manifestaciones muy claras de qué es lo quiere la población de Kherson”, explicó Krat, quien recordó que, pese a estar desarmada, con mucha valentía la gente salió a gritarle a los rusos: “¡Váyanse!”.

“Los rusos querían realizar un referéndum para crear una «República Popular de Kherson», pero justamente debido a las muchísimas protestas, desecharon esa idea”, apuntó este sacerdote, que es vicario judicial y vocero del obispo, en una entrevista en un despacho adyacente a la catedral católica de Odessa.

Los católicos son minoría en Ucrania, exrepública soviética mayoritariamente cristiana ortodoxa. En Odessa, donde hay dos iglesias católicas y tres capillas, hay 2500 católicos; y en Kherson, ciudad que solía tener unos 400.000 habitantes, y ahora menos de la mitad, solamente 400.

Entre las miles de personas que lograron huir de Kherson se encuentra la madre de Krat. “El día que comenzó la guerra agarré el auto, la fui a buscar y ahora mi mamá se encuentra refugiada en Wolfsburg, Alemania. Sé que, a diferencia de muchísimas otras casas, tomadas para alojamiento y bárbaramente saqueadas y vandalizadas por los soldados rusos, la de mi mamá al momento sigue intacta”, cuenta. Y la ciudad, de la que hasta hace dos semanas aún se podía salir, aunque con dificultades, ahora se encuentra bloqueada.

Para Krat es totalmente falso, parte de la propaganda rusa, que más de la mitad de los habitantes de Kherson son prorrusos. “Si fuera cierto hubiera habido gente en las manifestaciones en favor de los rusos. Pero nunca fue casi nadie y los rusos tuvieron que llevar gente de otras regiones en ómnibus, desde Crimea. Y seguramente el anuncio de una anexión es propaganda, nadie quiere la anexión en Kherson”, insiste. “¿Además, con qué ley internacional se puede justificar una anexión?”, se pregunta.

“Rusia tiene una memoria muy corta porque al principio decía que no quería ocupar nuevos territorios, decía que no negaba la independencia de Ucrania. Y ahora pasaron dos meses y la retórica cambió totalmente. De hecho, no dicen que son los rusos los que quieren anexar Kherson, dicen que es el gobierno que ha decidido, que no es un gobierno legítimo, que no representa a nadie. Por eso esto de la anexión es totalmente propaganda”, reitera.

Así como hace unos días habitantes de la zona de Kherson refugiados en Mykolaiv denunciaron a LA NACION atrocidades, también este sacerdote habla de una brutal represión de los activistas ucranianos que rechazan a los rusos. “No todos los que fueron arrestados en las protestas, que comenzaron a ser reprimidas con gases lacrimógenos y violencia, volvieron a sus casas”, acusa. “La crueldad de los rusos es inaudita y se habla de más de 500 personas que fueron detenidas e interrogadas, que se encuentran desaparecidas y que quizás están prisioneras en un sótano del palacio municipal, asegura.

Una corona de flores en una calle mientras los soldados del Ejército ruso están cerca de sus camiones durante una manifestación contra la ocupación rusa en Kherson
Una corona de flores en una calle mientras los soldados del Ejército ruso están cerca de sus camiones durante una manifestación contra la ocupación rusa en Kherson


Una corona de flores en una calle mientras los soldados del Ejército ruso están cerca de sus camiones durante una manifestación contra la ocupación rusa en Kherson

Subraya, por otro lado, que los soldados rusos que tomaron la ciudad en los primeros días de marzo llegaron totalmente hambrientos. “Empezaron a saquear todo lo que había en negocios y supermercados, con lo cual dejaron sin comida a la población, que empezó a sufrir hambre. Saquearon también los cajeros automáticos, así que la gente ya no tenía dinero para comprar en los mercados, las tarjetas de crédito ya no funcionaban y lo más increíble es que, semanas más tarde, los rusos comenzaron a distribuir ayuda humanitaria compuesta por productos ucranianos”, comenta.

“Pero la verdad es que los rusos dejaron de llevar ayuda humanitaria porque ningún vecino de Kherson iba a tomarla. Vi un video con nuestros jóvenes voluntarios que, con mucha valentía, le ofrecían a la gente ayuda en lugar de la de los rusos… Me contaron que había camarógrafos rusos apostados para filmar cómo los buenos soldados rusos entregaban ayuda a la gente de Kherson, que, por supuesto nunca aparecía para no colaborar con la propaganda rusa”, cuenta.

En busca de la liberación

Desde hace dos meses las fuerzas militares rusas desde Kherson intentan avanzar hacia Mykolaiv, ciudad clave para luego tomar Odessa. Pero desde allí las fuerzas ucranianas no solo resisten, sino que, también, tratan de avanzar hacia Kherson, para liberarla, en una batalla de desgaste que ha sembrado destrucción y muerte en los pueblos que quedaron en el medio.

Pese a esta situación aparentemente estancada, el padre Kurt es optimista. “No tengo dudas, es obvio, que nuestros soldados se preparan para una gran ofensiva para retomar Kherson. Según mis fuentes, la liberación será en junio o a fines de mayo. Ucrania no quiere liberar por la fuerza a Kherson, sino que quiere rodear la ciudad para que los soldados rusos tengan que rendirse”, afirma, admitiendo por supuesto que esto será posible gracias a la llegada de nuevas y mejores armas desde el exterior.

Un soldado ucraniano se para frente a una escuela alcanzada por cohetes rusos en la aldea de Zelenyi Hai, en el sur de Ucrania, entre Kherson y Mykolaiv
BULENT KILIC


Un soldado ucraniano se para frente a una escuela alcanzada por cohetes rusos en la aldea de Zelenyi Hai, en el sur de Ucrania, entre Kherson y Mykolaiv (BULENT KILIC/)

“Al principio de esta guerra nadie en Occidente quiso darnos armas porque pensaron que los rusos iban a conquistar el país en dos días y, así, temían que los rusos se quedaran con todo el armamento... Y se equivocaron, no calcularon que la propaganda rusa que decía que en Ucrania los soldados iban a ser recibidos con flores estaba totalmente desapegada de la realidad”, indica. “Ahora Occidente confía en nosotros, las cosas cambiaron, nuestra moral es alta y los rusos no llegarán a Odessa y retomaremos Kherson y Mariupol”, asegura.

Y no es todo. Más allá de las muertes, la destrucción y los cientos de miles de refugiados, para el padre Kurt la guerra de Putin tuvo dos efectos positivos. “El primero es que les demostró a los soldados rusos que llegaron a Kherson que no era cierta esa propaganda de que vivíamos mal, bajo los nazis, que pasábamos hambre. Se dieron cuenta de que teníamos un nivel de vida mucho más alto que ellos en Rusia. Tanto es así que hay soldados que se enteraron de la existencia de algo como Internet en Kherson”, revela, riendo. “Un soldado incluso se subió a un poste para buscar una antena porque se quería llevar Internet a su casa”, exclama. “¿De qué vinieron a liberarnos? ¿De la democracia y del bienestar?”, se pregunta.

El segundo efecto positivo para él es que esta inesperada guerra en el corazón de Europa que trastocó el mundo “unió como nunca al pueblo ucraniano y «ucranizó» a Ucrania”. “Aunque casi todos somos bilingües, hablamos ruso y ucraniano, ahora muchísimas personas, sobre todo los jóvenes, no quieren más hablar ruso”, destaca.

Kurt, que habla perfecto italiano porque vivió siete años en Roma, no vislumbra ninguna solución diplomática en el corto plazo. “El fin más real de este conflicto que se ha convertido en un pantano para Rusia, algo parecido a un nuevo Afganistán, es o un cambio de régimen en Moscú, que Putin de alguna forma sea eliminado, como dijeron algunas versiones -sentencia, finalmente-, o, no sé... No veo otra salida”.

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