La relación extraña entre estar en forma y consumir más alcohol

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El atleta alemán Andreas Raelert celebrando el triunfo en una carrera de triatlón con un trago de cerveza. (Imagen vista en elespanol.com).
El atleta alemán Andreas Raelert celebrando el triunfo en una carrera de triatlón con un trago de cerveza. (Imagen vista en elespanol.com).

Vivimos en la edad dorada del fitness, una época en la que el “mens sana in corpore sano” parece el mantra que mueve a las nuevas generaciones. Gente que se cuida, que va al gimnasio, que hace múltiples actividades al aire libre, que vigila el origen de todo lo que come (mejor si es ecológico) y que obviamente huye de los malos hábitos que puedan influir negativamente en su salud. ¿De todos? Bien, la verdad es que hay un “mal hábito” que parece escapar del férreo control de esta generación fitness: el alcohol. Desde 2001 hasta nuestros días, más y más estudios parecen haber encontrado una extraña “oveja negra” en la virtuosa vida de estos atletas: no solo es que beban licor como el resto de los mortales, es que de hecho parece que beben más.

Aunque pueda parecer contradictorio, múltiples estudios realizados a lo largo de estos últimos años han encontrado un vínculo estrecho entre hacer ejercicio y beber alcohol. En uno de los primeros, realizado en 2001 tras encuestar a múltiples hombres y mujeres estadounidenses, se concluyó que el número de bebedores moderados (definidos en este estudio como aquellos que tomaban al menos una copa al día) tenían el doble de probabilidades que los abstemios de hacer ejercicio con regularidad. Estudios posteriores confirmaron esta relación incluso en poblaciones universitarias, grupo de jóvenes entre los que la fiesta y el exceso alcohólico es bastante habitual.

Otro estudio de 2015, en el que participaron 150 adultos, resultó revelador. Se les obligó a mantener un diario “on line” durante tres semanas en el que escribían cuándo y cuánto ejercicio realizaban, así como el número de copas que bebían. ¿El resultado? Los días en que más se ejercitaban tendían también a ser los días en que más bebían.

Debo decir que todos estos estudios a los que nos hemos referido tenían un tamaño pequeño, o bien se centraban demasiado en los jóvenes. Así mismo la metodología tampoco era muy fiable, ya que principalmente se basaban en respuestas que los participantes daban a los investigadores. Y ya se sabe que todos tenemos cierta tendencia a esconder nuestros trapos sucios…

Para establecer de una vez por todas si existe una relación entre las personas que cuidan su estado físico y esa predisposición a beber más de la cuenta, un grupo de investigadores del Instituto Cooper de Dallas, en colaboración con otras instituciones, acaba de acometer un nuevo estudio titulado “¿En forma y borracho?” que se ha publicado en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise. En esta ocasión, el trabajo se ha realizado sobre una muestra de casi cuarenta mil adultos estadounidenses de todas las edades y sexos, todos los cuales afirmaban beber al menos una vez por semana. Los datos a analizar también han sido más objetivos que una simple encuesta, centrándose en la salud cardiovascular y su relación con varios factores de comportamiento y otras afecciones médicas.

Si os estáis preguntando por qué el estudio no tuvo en cuenta a los abstemios, la respuesta es que lo que se pretendía era comparar las diferencias entre los bebedores moderados y los bebedores empedernidos.

Los participantes en el estudio se sometieron a un chequeo anual como parte del programa de control, así como a varios test de esfuerzo en una cita de correr para medir su capacidad aeróbica. ¿Los resultados? Pues tal y como sucedió en los estudios anteriores, cuanto más en forma estaban las personas más tendían a beber. Las mujeres más atléticas tenían aproximadamente el doble de probabilidades de ser bebedoras moderadas que las mujeres con baja capacidad aeróbica. En este estudio, beber con moderación implicaba beber entre cuatro y siete cervezas, copas de vino o licor en una semana normal.

En cuanto a los hombres, los que más en forma estaban tenían más del doble de probabilidades de ser bebedores moderados (hasta 14 bebidas por semana) que los que no tenían una buena capacidad aeróbica. Estos resultados parecían consistentes con independencia de la edad y otros factores de los participantes.

De hecho, los hombres en forma y también algunas mujeres, mostraban una probabilidad ligeramente mayor de ser bebedores empedernidos (definido como 8 copas o más para ellas y 15 copas o más para ellos) que sus pares menos en forma. Merece la pena mencionar que las mujeres atléticas que bebían en exceso mostraban su preocupación bastante a menudo sobre este problema, mientras que los hombres en forma rara vez lo hacían.

No se vosotros, pero yo siempre me estoy culpando por haberme abandonado físicamente. La verdad es que es muchísimo más probable verme en un bar tomando una cerveza con mis colegas que haciendo footing o visitando un gimnasio (cosa que no hago nunca, todo sea dicho). Así pues, la próxima vez que me pese y vea a la aguja de la báscula volverse loca siempre podré auto engañarme diciendo eso de: “yo iría al gimnasio, pero sé que eso me hará beber más”.

El que no se consuela…

Me enteré leyendo The New York Times

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