El país en el que el precio de la luz duplica el de España

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Los precios de la luz llevan semanas disparados en buena parte del continente europeo y el precio del megavatio hora (MWh) en el mercado mayorista marca cada día un nuevo récord. 

La tormenta eléctrica se cierne sobre toda Europa pero países como España están sufriendo con más intensidad el encarecimiento de la factura de un input básico para las empresas y un bien de primera necesidad para las familias, cuya evolución tiene efectos desbordamiento sobre toda la economía. 

El precio de la electricidad en Reino Unido dobla el de España. (Photo by Ben Birchall/PA Images via Getty Images)
El precio de la electricidad en Reino Unido dobla el de España. (Photo by Ben Birchall/PA Images via Getty Images)

Sin embargo, hay un país que dobla los precios máximos que está alcanzando el mercado mayorista de la Península Ibérica: Reino Unido. Una combinación de factores coincidentes en el tiempo están llevando al precio de la electricidad en el país a batir todos los límites y arrojar importes históricos diarios. 

En este 15 de septiembre alcanza 424 libras esterlinas (495,7 euros) por MWh con picos horarios que superan los 2.900 euros por MWh. Mientras en España, la cifra se queda en los 172 euros por MWh.

Por un lado, la escasez de gas natural está llevando a un pico en los precios de este carburante, cuyas reservas se agotaron el pasado invierno y no han sido repuestas al mismo ritmo, como es habitual, a lo largo del verano. 

Entre las causas hay que mirar a Rusia, que ha enviado menos gas de lo habitual hacia el oeste, ya sea para mantener su propio almacenamiento, o bien, como apunta el Financial Times, para presionar a los gobiernos europeos para que aprueben la puesta en marcha del controvertido gasoducto Nord Stream 2.

Por otro lado, la dependencia europea del gas natural es hoy mayor que hace unos años, dado el cierre progresivo de las plantas de carbón de acuerdo a la transición ecológica, que censura la quema de carbón para su conversión en energía por emitir mayores cantidades de carbono (CO2). Por lo tanto, esta realidad impide su uso como alternativa al gas.

Pero, además, los altos precios del CO2 hacen menos atractiva la generación de electricidad con combustibles altamente contaminantes como el carbón y elevan los costes de generación a través del resto de combustibles fósiles. 

A todo ello, habría que sumar un clima poco favorable para las energías renovables, especialmente el viento, de manera que el vacío que han dejado las turbinas eólicas lo ha llenado el gas, dando lugar a una mayor demanda que ha impulsado aún más los precios.

Paneles solares en Escocia. Las energías renovables no están cubriendo la demanda. (REUTERS/Paul Hackett)
Paneles solares en Escocia. Las energías renovables no están cubriendo la demanda. (REUTERS/Paul Hackett)

El problema con Irlanda

Por su parte, Irlanda –que normalmente exporta energía eólica al Reino Unido– ya avisó de que se enfrenta a una escasez de suministro que obligó a detener el interconector Moyle, que envía electricidad a través del Mar de Irlanda desde Irlanda del Norte a Escocia, y ha advertido de que se enfrenta a posibles apagones.

Al poco viento a ambos lados del mar de Irlanda se unen varios cortes de suministro no planificados en Reino Unido en los últimos días que han agravado la situación. El regulador energético británico, Ofgem, ha anunciado ya el colapso de varios minoristas en el país que suministraban gas y electricidad a más de medio millón de consumidores. 

Entre las causas, algunos minoristas han quebrado o abandonado su posición por su incapacidad para hacer frente a los crecientes costes en un mercado cada vez más competitivo y con unos precios del MWh muy altos en el mercado mayorista, dado que en Reino Unido muchos consumidores están acogidos a contratos de tarifa fija.

De hecho, el regulador, Ofgem, ya aumentó el llamado precio límite de estas tarifas en agosto en más de un 12% para enfrentar el pico de los precios mayoristas, y no descarta tener que volver a hacerlo este invierno.

La baja capacidad de almacenamiento del Reino Unido y su enfoque “just-in-time” (método justo a tiempo) para el suministro de gas sitúa a los británicos en situación de especial vulnerabilidad frente a la volatilidad de los precios de este combustible. 

El precio depende de la eólica, que podría aliviar la situación, así como de los gasoductos desde Noruega, por un lado, y desde Rusia, por el otro, a través de la UE. En este caso, algunos temen que el Brexit les pase factura si la UE da prioridad a sus propios suministros.

Todos estos factores impulsan los temores a una crisis energética aún mayor con la bajada de las temperaturas, momento en el que el aumento de la demanda podría tensionar aún más el mercado, con un irremediable efecto nocivo sobre toda la economía que podría llevar a un largo invierno británico y europeo.

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