El Reino Unido es el ejemplo de lo que ocurre cuando un país ignora la COVID

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El público del estreno de la nueva película de James Bond "Sin tiempo para morir" en el Vue Leicester Square en Londres, el 30 de septiembre de 2021. (Jeremie Souteyrat/The New York Times)
El público del estreno de la nueva película de James Bond "Sin tiempo para morir" en el Vue Leicester Square en Londres, el 30 de septiembre de 2021. (Jeremie Souteyrat/The New York Times)

La mayoría de las precauciones para evitar la COVID-19 tienen sus inconvenientes. Mantener a los niños en casa sin asistir a la escuela puede hacer que se atrasen. Trabajar desde casa puede impedir la creatividad. Alejarse de los amigos y familiares puede perjudicar la salud mental. Usar cubrebocas puede entorpecer el habla, ocultar las sonrisas y empañar los lentes.

Por todas estas razones, la política de COVID ideal para cualquier sociedad equilibra los beneficios y los costos de las precauciones. Reconoce que un exceso de precaución puede hacer más daño que bien.

En el último año, la respuesta británica a la COVID ha incluido algunas victorias importantes. El país se apresuró a vacunar a la gente y también estuvo dispuesto a volver a imponer las restricciones de comportamiento el pasado invierno. Estas medidas ayudaron a provocar un fuerte descenso en el número de casos.

En respuesta, el Reino Unido se reabrió durante el verano, permitiendo a la gente vivir en gran medida sin restricciones. Las escuelas y los lugares de trabajo han vuelto a la normalidad, sin cubrebocas. Los restaurantes están llenos. Encontrar un taxi un sábado por la noche en el centro de Londres vuelve a ser un reto.

“Existe la sensación de que por fin podemos respirar”, escribió en agosto Devi Sridhar, director del programa de salud pública mundial de la Universidad de Edimburgo en Escocia. “Podemos empezar a intentar recuperar lo que hemos perdido”.

El Reino Unido parece haber perdido el sentido del equilibrio, como también lo ha sugerido Sridhar. Los casos se han disparado este otoño, más que en el resto de Europa, Estados Unidos o muchos otros países. Sin embargo, el gobierno del primer ministro Boris Johnson sigue oponiéndose a las medidas que podrían reducir los casos.

El Reino Unido puede ofrecer lecciones para Estados Unidos y otros países. La variante delta llegó al Reino Unido antes que a muchos otros lugares, lo que lo convierte en una especie de indicador adelantado. Los casos en el Reino Unido aumentaron durante casi dos meses a partir de mayo y luego empezaron a descender. Sin embargo, el descenso no fue duradero.

En la última semana, los casos en Estados Unidos también han dejado de descender. Las razones no están claras, como suele ocurrir con la COVID, y el reciente aumento es minúsculo. No obstante, es un recordatorio de que la pandemia probablemente seguirá teniendo altibajos.

Los expertos dicen que el Reino Unido parece estar cometiendo tres errores principales que están agravando la pandemia.

1. No se ha vacunado lo suficiente

A pesar de ir por delante de la mayor parte de Europa en la vacunación de adultos, el Reino Unido esperó para aprobar las vacunas para los adolescentes. No recomendó la vacunación de los niños de 12 a 15 años hasta septiembre, semanas después de que muchos estudiantes volvieran a la escuela. En la actualidad, solo el 21 por ciento de los niños de 12 a 15 años en Inglaterra están vacunados, en comparación con el 80 por ciento de los adultos.

Estados Unidos se enfrenta a un reto similar. Alrededor del 57 por ciento de los estadounidenses de entre 12 y 15 años han sido vacunados y los niños de entre 5 y 11 años están a punto de serlo. Un número importante de padres sigue estando receloso, en parte porque la COVID no suele ser grave en los niños. Pero vacunar a los niños —además de los beneficios individuales— es probable que reduzca los casos para todos los demás.

El mayor problema en Estados Unidos es una tasa de vacunación inferior a la de la mayoría de los países de ingresos altos.

2. Inmunidad decreciente

El ritmo al que las vacunas pierden su eficacia sigue siendo objeto de intenso debate. La mayoría de los expertos creen que las vacunas siguen siendo excelentes para prevenir enfermedades graves incluso meses después de las inyecciones. Sin embargo, la mayoría de las pruebas sugieren que las vacunas pierden parte de su capacidad para prevenir al menos las infecciones leves. Esto es especialmente cierto en el caso de la vacuna de AstraZeneca, que ha sido ampliamente utilizada en Inglaterra.

La rapidez inicial del Reino Unido a la hora de vacunar a la gente redujo el número de casos a principios de este año. Sin embargo, también supuso que la disminución de la inmunidad se convirtiera en un problema antes que en los países que tardaron más en vacunar. El Reino Unido está ofreciendo ahora refuerzos a las personas de 50 años o más, así como a los trabajadores sanitarios y a las personas médicamente vulnerables.

En los próximos meses, el debilitamiento de la inmunidad podría convertirse en un problema creciente en Estados Unidos, especialmente para las personas más vulnerables. Todos los estadounidenses de 65 años o más cumplen con las condiciones para recibir refuerzos, junto con cualquiera que haya recibido la vacuna Johnson & Johnson y algunas otras personas.

3. Vive y deja vivir

Las restricciones de comportamiento —como el uso de cubrebocas— no son tan eficaces como sugieren a veces sus defensores. El Reino Unido ofrece un caso de estudio: Escocia, donde los cubrebocas a menudo son obligatorios, tiene un nivel de propagación de COVID similar al de Inglaterra, donde los cubrebocas son menos comunes, como lo ha escrito John Burn-Murdoch de The Financial Times. Si los cubrebocas determinaran la propagación de la COVID, la tasa de Escocia sería inferior a la de Inglaterra.

No obstante, hay una diferencia entre que una precaución tenga un efecto modesto y que no tenga ningún efecto. Los cubrebocas sí ayudan, según una gran variedad de pruebas, aunque su impacto se vea a veces superado por otros factores. El Reino Unido parece sufrir la falta de casi cualquier restricción, incluida la obligación de usar cubrebocas. Uno de los mayores problemas, señala Burn-Murdoch, es la cantidad de reuniones multitudinarias en interiores en todo el Reino Unido, incluyendo Escocia.

Cuando los casos disminuyen, suele tener sentido dejar que la gente viva más libremente. Cuando los casos aumentan, ocurre lo contrario. El Reino Unido está haciendo caso omiso a esta lección y a las peticiones de muchos expertos.

La conclusión

La reciente política británica de COVID ha provocado muertes y ha saturado los hospitales. “Cuando un sistema sanitario falla, un número creciente de personas sufre y muere innecesariamente”, escribió en Twitter el doctor Kenneth Baillie, médico de cuidados intensivos e investigador de la Universidad de Edimburgo. “Esto está ocurriendo, ahora, en todo el Reino Unido”.

Aun así, vale la pena poner los problemas del Reino Unido en perspectiva. La alta tasa de vacunación del país implica que solo una pequeña parte de los casos recientes han dado lugar a enfermedades graves y la tasa de letalidad este otoño ha sido una fracción de lo que fue el invierno pasado. “Este virus va a estar con nosotros durante años, si no el resto de nuestras vidas”, comentó Willem van Schaik, microbiólogo de la Universidad de Birmingham en Inglaterra. “Definitivamente, ya pasamos lo peor”.

A pesar de la ola de COVID en el Reino Unido, se puede decir que Estados Unidos —donde la tasa de vacunación general es menor— sigue estando en una peor situación, con una tasa de letalidad per cápita considerablemente mayor. ¿Por qué? Las tasas de vacunación siguen siendo más importantes que cualquier otra cosa.

© 2021 The New York Times Company

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