Regreso sin gloria: EE.UU. emprende la retirada definitiva de Afganistán

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En la imagen, vista de un acceso a la base aérea de Bagram , en Afganistán
En la imagen, vista de un acceso a la base aérea de Bagram , en Afganistán

WASHINGTON.- Fue un final sin discursos, sin cámaras, y sin celebraciones. Estados Unidos entregó las llaves su base aérea más importante de Afganistán, antaño el bastión de su campaña antiterrorista luego de los atentados del 11-S, en un preámbulo del retiro de todas las tropas del país, que el gobierno de Joe Biden ahora prevé finalizar para fines de agosto.

El Ministerio de Defensa de Afganistán confirmó que todas las tropas estadounidenses y de la coalición internacional de la OTAN que desde hace casi 20 años están en el país dejaron la base aérea Bagram, a unos 70 kilómetros al norte de Kabul, antaño la base más grande y el principal centro de operaciones aéreas en el país. George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump visitaron la base, que fue transferida al gobierno afgano.

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“El aeropuerto de Bagram fue oficialmente entregado al ministerio de Defensa. Las fuerzas estadounidenses y de la coalición se han retirado completamente de la base y, a partir de ahora, las fuerzas del ejército afgano la protegerán y la utilizarán para combatir el terrorismo”, confirmó en Twitter, Fawad Aman, vocero oficial del Ministerio de Defensa.

Aunque el retiro total de las fuerzas se completará en las próximas semanas, la partida de Bagram fue ampliamente vista como el repliegue definitivo y más simbólico de Estados Unidos de Afganistán. Desde allí, día y noche, despegaron aviones de combate, drones, y fue el punto de llegada y partida de decenas de miles de soldados que combatieron, primero, contra los talibanes, Al-Qaeda y Osama ben Laden, y luego contra Estado Islámico y otros grupos militantes. El vacío y el silencio del final marcaron el epílogo de lo que Biden llamó “la guerra eterna”.

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El repliegue total de Afganistán fue una de las decisiones más emblemáticas de la joven presidencia de Biden, y una de las mas controvertidas. Biden decidió la retirada en contra de las recomendaciones del Pentágono y los jerarcas militares, y tomó una decisión que esquivaron todos sus antecesores directos, incluido Trump, quien había prometido el retiro total de las tropas, una promesa que no pudo cumplir antes de dejar la Casa Blanca.

La salida de Estados Unidos acrecentó el temor de que el gobierno afgano sea incapaz de evitar una escalada de violencia en un país donde la paz es esquiva, y Kabul, la capital, se convierta en el epicentro de la violencia. Desde mayo, los talibanes han lanzado varias ofensivas de envergadura en las zonas rurales, mientras las fuerzas gubernamentales luchan por consolidar sus posiciones en las áreas más urbanas. Bagram es fundamental para preservar la capital, Kabul. La pregunta le cayó a Biden al final de un discurso sobre la economía en el cual el mandatario elogió la recuperación –Estados Unidos creó 850.000 empleos en junio, el ritmo más alto en 10 meses– y la lucha contra la pandemia. Biden dijo que confiaba en el gobierno afgano.

“Miren, estuvimos en esa guerra durante veinte años. Veinte años. Y me reuní con el gobierno afgano aquí en la Casa Blanca, en el Salón Oval. Creo que tienen la capacidad para poder sostener al gobierno”, afirmó Biden.

Ante la insistencia de los periodistas sobre la situación en el país y el retiro de las tropas, Biden optó por eludir las respuestas: “Este es un fin de semana festivo. Lo voy a celebrar –dijo, en relación con los festejos del Día de la Independencia, el 4 de julio–. Están sucediendo grandes cosas.”

La decisión de Biden, que dejó de lado las advertencias del Pentágono, la comunidad de inteligencia y los republicanos sobre el riesgo de un eventual fortalecimiento de los talibanes, una guerra civil y un resurgimiento del terrorismo por la retirada, le puso un punto final a la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, que costó más de dos billones de dólares –el mismo monto que Biden quiere invertir en el país con su plan de infraestructura para crear una “economía verde”–, y dejó 2488 soldados norteamericanos muertos, junto con decenas de miles de civiles. Michelle Bachelet, comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanas, calificó este año a Afganistán como uno de los lugares “más mortíferos del mundo para un civil”.

“Es hora de terminar la guerra más larga de Estados Unidos. Es hora de que las tropas regresen a casa”, había anunciado en abril Biden, solemne, en un discurso que brindó en la Sala de Tratados, el mismo lugar de la Casa Blanca donde Bush anunció la invasión, hace ya casi dos décadas luego de los atentados más sangrientos en la historia del país.

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