El regreso a la actividad divide a América Latina cuando el pico del coronavirus se acerca

Por Gabriel Stargardter, Pedro Fonseca y Natalia A. Ramos Miranda
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El regreso a la actividad divide a América Latina cuando el pico del coronavirus se acerca

Personas paseando por la playa de Ipanema, Río de Janeiro

Por Gabriel Stargardter, Pedro Fonseca y Natalia A. Ramos Miranda

RIO DE JANEIRO/SANTIAGO, 30 abr (Reuters) - Un centro comercial en el sur de Brasil colocó la semana pasada una alfombra roja y dio la bienvenida a un mar de clientes con máscaras después de que el estado relajó las paralizaciones del comercio por el coronavirus SARS-CoV-2. Un saxofonista los recibió con una serenata.

Las imágenes del Neumarkt Shopping, en Blumenau, generaron reacciones en todo Brasil. Algunos aplaudieron la decisión y otras la criticaron como una medida posiblemente letal justo cuando el brote está ganando fuerza. Un usuario de Twitter incluso musicalizó el video con la banda sonora de "Titanic".

El incidente revela la grieta que atraviesa América Latina: Cómo y cuándo reabrir las economías de la región, a pesar de que lo peor del brote aún no ha afectado a países como Brasil y México.

Datos compilados por Reuters muestran que los casos de coronavirus en América Latina se aceleran a una tasa mucho mayor que en otras partes del mundo. La región superó un hito sombrío el miércoles: 10.000 muertes y 200.000 contagios confirmados.

El 22 de abril, el día de la reapertura del centro comercial, Blumenau tenía 98 casos confirmados de coronavirus, según datos del ayuntamiento. Solo cuatro días después, el recuento había aumentado más del 70% a 167 casos.

"La reapertura del centro comercial fue un acto muy malo, en un mal momento, realizado de manera incorrecta", dijo a Reuters el alcalde de Blumenau, Mario Hildebrandt.

El operador del mall, Almeida Junior, declaró haber seguido todas las regulaciones estatales.

Hildebrandt dijo que el aumento de los casos puede no estar directamente relacionado con la apertura del centro comercial. Lo atribuyó, en cambio, a un decreto anterior que relajó los cierres comerciales.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, el más destacado militante de la brigada para la reapertura de la economía, ha tomado un rumbo diferente.

Crítico desde hace mucho tiempo de las medidas de confinamiento, el capitán de ejército en retiro de extrema derecha dice que el costo económico supera los peligros de lo que ha llamado una "gripecita". Bolsonaro aboga por aislar a las personas mayores y dejar que las personas más jóvenes trabajen.

"Lo siento, algunas personas morirán. Así es la vida", afirmó el mes pasado. "No se puede detener una fábrica de automóviles por las muertes en accidentes de tráfico".

El miércoles, el día después de que la cifra oficial de muertos de Brasil superó a la de China, el Ministerio de Salud reportó un total de 5.466 muertes y 78.162 casos confirmados.

Los aumentos constantes han provocado temores de que la economía más grande de América Latina se convierta en el nuevo punto álgido del coronavirus en el mundo.

"¿Y qué?", respondió Bolsonaro a periodistas cuando se le preguntó sobre las muertes el martes. "Lo siento, pero ¿qué quieren que haga?".

Si bien la aprobación pública del manejo de la crisis por parte de Bolsonaro ha bajado, también lo ha hecho el apoyo a los confinamientos. Sólo el 52% de los brasileños respalda las medidas generales de cierre, menos que el 60% de principios de abril, mostró una encuesta publicada por Datafolha el miércoles.

Para aquellos que quieran volver a la normalidad, el caso de Blumenau puede servir como advertencia.

"La gran mayoría de los infectados tienen entre 20 y 59 años, o en otras palabras, aquellos que son económicamente activos", dijo el alcalde Hildebrandt, refiriéndose a los que recientemente enfermaron. "Eso significa que quien volvió a trabajar (...) tiene una mayor probabilidad de infección".


MÉXICO EN LA ENCRUCIJADA

El debate de Brasil se está dando en toda América Latina, donde la mayoría de los países se enfrentan a su mayor recesión desde la década de 1930.

México tiene 17.799 casos confirmados, que las autoridades reconocen que es una fracción del total real. El pico de infecciones se espera para la primera quincena de mayo, y la tensión ya está comenzando a aflorar en Ciudad de México, con algunos hospitales privados sin espacio.

A pesar de las preocupaciones sobre el alza de las infecciones, el gobierno se enfrenta a llamados para relajar las restricciones a la industria. Más de 300 presidentes de empresas de Estados Unidos escribieron al presidente Andrés Manuel López Obrador la semana pasada para presionar por una reapertura rápida de sus proveedores en México.

Con las economías de América del Norte estrechamente integradas, un cierre prolongado en México obstaculiza la capacidad de reapertura de las fábricas estadounidenses.

México está elaborando un calendario para permitir que los fabricantes de automóviles y sus proveedores regresen a trabajar a tiempo para la reapertura de la industria automotriz de Estados Unidos, después del 4 de mayo.

López Obrador, quien como Bolsonaro fue criticado por minimizar el coronavirus, ha señalado que cualquier apertura será gradual y tendrá en cuenta los riesgos para la salud.

A diferencia de Brasil y México, Chile ha sido elogiado por su régimen de pruebas masivas, la presión limitada sobre los hospitales y el bajo número de muertes. Al miércoles, Chile tenía 14.365 casos confirmados y solo 207 muertes, según datos del gobierno.

La semana pasada, el presidente Sebastián Piñera dijo que comenzaría a poner en marcha gradualmente la economía. El gobierno comenzó a reincorporar a los funcionarios públicos, anunció el fin del cierre de escuelas y entregó un respaldo tácito a la reapertura de centros comerciales pequeños.

Sin embargo, los planes del gobierno también han sido criticados, especialmente por los principales operadores de centros comerciales. La semana pasada, Horst Paulmann, la cabeza del mayor operador de centros comerciales de Chile, Cencosud, dijo que reabrir los centros comerciales sería un error grave.


(Reporte de Gabriel Stargardter y Pedro Fonseca en Río de Janeiro, Natalia Ramos y Aislinn Laing en Santiago, Frank Jack Daniels en Ciudad de México; Editado en español por Javier López de Lérida)