Regresan las carrozas a carnaval de Río, pero no las fiestas

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BRASIL CARNAVAL (AP)
BRASIL CARNAVAL (AP)

El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, entregó el miércoles de forma ceremoniosa el control de la ciudad al rey Momo, un ritual que representa el desmoronamiento del statu quo, pero queda por ver cuánta fiesta pospandémica habrá en el primer Carnaval en dos años.

A partir de la noche del miércoles, las detalladas carrozas alegóricas y los bailarines engalanados con plumas de las escuelas de samba desfilarán entre gradas atiborradas. En cuanto a las más de 500 fiestas callejeras que suelen invadir la ciudad, el Ayuntamiento se negó a autorizarlas por falta de tiempo de preparación.

Esa discordancia ha provocado debates sobre si el Ayuntamiento está sofocando la esencia del carnaval y si los habitantes deberían apropiarse de las calles. A algunos organizadores poco les importa lo que esté permitido: de todos modos se presentarán —en parte por la fiesta y en parte por la protesta— y el alcalde Paes, un abiertamente entusiasta del carnaval, admitió que se abstendrá de desplegar a la Guardia Municipal.

“El Ayuntamiento no impedirá que las personas estén en espacios públicos, que celebren, pero es imposible que suceda en ese tamaño” tan grande, respondió Paes a una pregunta de un reportero luego de entregar la llave de la ciudad al rey Momo.

Su afirmación hizo eco de los comentarios que hizo el domingo cuando visitó las escuelas de samba mientras ponían los toques finales a sus carrozas alegóricas. Las escuelas competidoras fueron encauzadas por las calles hasta el Sambódromo en la década de 1980 y se convirtieron en la máxima exhibición del carnaval de Río para decenas de miles de asistentes dispuestos a comprar entradas. Sus desfiles continuarán hasta la noche del domingo.

Lejos de los reflectores del Sambódromo, sin embargo, están las fiestas callejeras conocidas como “blocos”, que fluyen por las vialidades y desembocan en las plazas, muchos de cuyos miembros disfrutan de subvertir el orden establecido. Lo que los blocos carecen de glamour, lo compensan con brillantina y arenilla. Los disfraces van desde atrevidos hasta excéntricos, y algunos son ingeniosas representaciones de las figuras de autoridad.

Los blocos prácticamente habían desaparecido después de que las escuelas de samba se convirtieron en el centro de atención, pero su resurgimiento en la década de 1990 se unió a la redemocratización del país, luego de dos décadas de dictadura militar, según André Videira, profesor de Sociología y quien estudia los blocos en la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro.

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