Refugiados sirios piden irse de Uruguay

Por LEONARDO HABERKORN
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La madre de la familia Alshibli, izquierda, y varios de sus hijos acampan en protesta frente a la casa de gobierno en Montevideo, Uruguay, el martes 4 de abril de 2017. La familia Alshebli es parte de un grupo de refugiados sirios que fueron recibidos en Uruguay y ahora protestan para recibir más ayuda económica o salir del país. (AP Foto/Matilde Campodonico)

MONTEVIDEO (AP) — Tres de las cinco familias sirias que Uruguay recibió en calidad de refugiadas en 2014 en un publicitado gesto humanitario acamparon el martes frente a la presidencia en reclamo de irse del país.

"Hace dos años que venimos diciendo esto y seguimos igual. ¿Qué hizo Mujica con nosotros? Mujica rompió mi vida. Lo arruinó todo", dijo a The Associated Press Sofía Nasser, una joven de 21 años, que vino a Uruguay junto a sus padres y sus diez hermanos.

Las familias sirias llegaron gracias a una iniciativa del entonces presidente José Mujica (2010-2015). Sofía dijo que en su familia de 13 integrantes sólo dos trabajan, lo que no permite que todos se mantengan. Ella tiene dificultades para trabajar ya que padece enanismo.

A su lado, integrantes de otras familias sirias, algunos con lágrimas en los ojos, reclamaban poder irse. El argumento se repite: Uruguay es un país caro, con pocas oportunidades laborales y sueldos malos. En enero de 2017, el desempleo alcanzó 8,12 % y, según la central sindical única, 40% de los trabajadores gana menos de 20.000 pesos (unos 690 dólares).

"Yo no sé por qué Mujica quiso traer al país a familias tan grandes. Todavía no lo entiendo", dijo Nasser.

A su lado, Karima Al Mohammed, una madre jefa de familia con cinco hijos, una de ellas enferma de cáncer, lloraba: "Estoy sola, acá no tengo nada", dijo en árabe.

La protesta la comenzó el lunes la familia Alshibli, que tiene 15 integrantes, ninguno de los cuales tiene trabajo fijo. Los Alshibli están radicados en las afueras de Salto, unos 490 kilómetros al norte. Allí criaban ovejas, pero últimamente la mayor parte de los animales murieron debido a una enfermedad.

Después del inicio de la protesta, el gobierno emitió un comunicado señalando que durante un año esta familia recibió un apoyo mensual de 105.000 pesos (unos 3.620 dólares), además de cobertura de salud, clases de español y vivienda.

Según el comunicado, la ayuda bajó a 70.000 pesos al segundo año (unos 2.410 dólares). En el tercer y actual año, el monto comenzó a reducirse. Este mes se le otorgó 40.000 pesos (unos 1.380 dólares), cifra que se irá reduciendo en 5.000 pesos (unos 170 dólares) cada mes.

Cuando Uruguay ofreció su ayuda y las familias llegaron al país, se aclaró que sólo se brindaría asistencia durante dos años, pero el gobierno decidió mantenerla —aunque disminuyendo la cantidad mensual— bajo el entendido que los sirios debían independizarse.

Los Alshibli dicen que el dinero no les alcanza. Dos de las integrantes de la familia realizan tareas de limpieza y cobran unos 4.000 pesos (unos 137 dólares) por mes, dijo una de ellas, llamada Nada.

"Solo quiero salir de Uruguay. Ya estamos muy cansados de hablar y que todo siga igual", dijo su hermano Ibrahim, que trabajó en una empresa metalúrgica, pero hoy no tiene empleo.

Según el comunicado del gobierno, el secretario de Derechos Humanos, Nelson Villarreal, explicó a los siros que "no depende de Uruguay que puedan viajar al exterior: depende de que terceros países les den la visa y los reciban".

"Esta Secretaría comprende la dificultad pero hemos llegado hasta aquí con todos los apoyos que podemos dar", sostuvo el comunicado.

Los sirios llegaron a Uruguay en octubre de 2014 y Mujica los recibió en el aeropuerto. "No podemos parar una guerra, pero sí mitigar sus efectos", dijo el entonces presidente. No obstante, tras un primer momento de euforia, surgieron los problemas.

En febrero de 2015, la prensa denunció casos de violencia doméstica entre los refugiados, que la justicia desestimó.

En marzo, en su primer discurso al asumir el poder, el presidente Tabaré Vázquez, sucesor de Mujica, dijo que haría un "profundo análisis" antes de aprobar el arribo de una segunda tanda de 72 refugiados, que finalmente nunca llegó.

En abril, la familia Aldees fue denunciada por una autoridad local por no enviar a sus hijas a la escuela, situación luego resuelta. En agosto, los Aldees intentaron abandonar Uruguay con pasajes comprados con dinero propio, pero las autoridades de Turquía no aceptaron sus documentos y tras pasar 20 días retenidos en el aeropuerto de Estambul, debieron regresar.

La odisea de los Aldees potenció el malestar del resto y todos realizaron durante semanas un primer campamento frente a la presidencia en reclamo de irse de Uruguay.

"Yo pedí que me trajeran campesinos y me trajeron clase media, relativamente acomodada", se quejó entonces Mujica.

Aquella protesta fue finalmente levantada tras conseguir la promesa de una mejora en sus condiciones, pero en octubre el jefe de la familia Alshibli se roció con combustible —aunque no se prendió fuego — para manifestar que todo seguía igual.