Refugiados se esconden en Pakistán para evitar su expulsión a un Afganistán sin futuro

Kabul, 3 nov (EFE).- Mientras miles de afganos esperan en la frontera, envuelta en el caos, a regresar a Afganistán cumpliendo con el ultimátum de las autoridades paquistaníes para abandonar el país, otros muchos han decidido permanecer en Pakistán y vivir con el miedo a poder ser arrestados en cualquier momento, con el fin de evitar un tiempo pasado que no quieren rememorar.

Es el caso de Qandagha, residente en la ciudad norteña de Peshawar desde hace más de una década y uno de los 1,7 millones de migrantes afganos indocumentados residentes en Pakistán según sus estimaciones, que se resiste a abandonar todas sus posesiones por un futuro incierto.

"No estoy listo para ir a Afganistán. Todo lo que tengo está aquí", explicó a EFE este empleado en una tienda del principal bazar de la ciudad.

Pakistán dio menos de un mes a los migrantes sin documentos para abandonar el país, provocando la salida de al menos 140.000 afganos. El ultimátum expiró el pasado miércoles, tras lo que las autoridades comenzado las detenciones y las expulsiones forzosas.

Pero los arrestos comenzaron incluso antes de la fecha límite marcada por las autoridades, por lo que Qandagha decidió esconderse para evitar ser internado en un centro de detención y enviado a Afganistán.

"Desde que la Policía paquistaní comenzó a detener a inmigrantes afganos me quedo en mi tienda, incluso de noche, y no puedo ir a mi casa porque la policía controla los movimientos", relató.

La orden de abandonar el país a los migrantes sin papeles también ha empujado a miles de familias a decidir entre vivir escondidos en Pakistán o regresar todos a Afganistán para seguir juntos.

"Mi hermano y yo tenemos una tienda, mi hermano tiene el documento de identidad pero mi madre y yo no, así que no puedo ir a trabajar, y mi hermano deberá cuidar la tienda solo, pero no sé por cuánto tiempo", dijo a EFE Parwize, un joven de 22 años.

El joven marchó hace años de Afganistán tras desatarse un conflicto familiar, y desde entonces se ha negado a volver por miedo a represalias.

"Tengo una enemistad familiar, mi vida estará en riesgo, ¿cómo puedo ir allí?", se pregunta.

Miedo a la represión

La mayoría de los refugiados afganos que deciden quedarse lo hacen sobre todo por miedo a que los talibanes tomen represalias contra ellos por haber servido a las tropas extranjeras en las dos décadas de conflicto armado.

Mohammad Dawood fue conductor del Ejército de Estados Unidos y las fuerzas canadienses en la base afgana de Panjwai, entre las provincias de Kandahar y Helmand.

Tras la caída de Kabul en agosto de 2021 en manos de los talibanes, este hombre de 40 años y su familia abandonaron Afganistán y se establecieron en la ciudad de Quetta, en la provincia de Baluchistán, en el sur de Pakistán.

Como su esposa es paquistaní, su familia dispone de los documentos pertinentes para regularizar su situación en Pakistán, a excepción de él, que ahora debe permanecer oculto de las autoridades para que evitar su deportación forzosa.

"Durante varias semanas he estado escondido y alejado de mi familia la mayor parte del tiempo. He realizado misiones con tropas extranjeras, los talibanes definitivamente saben de mí, lo cual es una amenaza para mi vida", dijo a EFE.

La familia se debate entre migrar a Afganistán para permanecer unidos o separarse, y empezar a buscarse la vida una vez en suelo afgano.

"No sé qué hacer, si llevar a mi familia a Afganistán aunque sean de Baluchistán o no (...) será un gran problema para mi familia llevarlos a Afganistán sin ningún apoyo financiero", lamentó.

(c) Agencia EFE