La reforma de los liceos militares enfrenta al Gobierno con la Iglesia

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El ministro Agustín Rossi afirmó que "el Estado es laico" y no corresponde la instrucción religiosa
Daniel Dabove

La polémica por la reforma de los liceos militares que impulsa el Gobierno tomó un giro inesperado, que amenaza con desatar un frente de tormenta con la Iglesia. El ministro de Defensa, Agustín Rossi, acusó al macrismo de “reimplantar la enseñanza religiosa” en los institutos educativos de las Fuerzas Armadas.

La ofensiva del ministro fue replicada por voceros del Obispado Castrense y por representantes de comunidades de distintos liceos. “No es así. No hay ninguna materia con contenidos religiosos”, respondieron en ambos ámbitos, ante consultas realizadas por LA NACION. También la desestimaron exfuncionarios que trabajaron en la gestión de Defensa del gobierno de Juntos por el Cambio.

“El macrismo, además de volver a la utilización de armas en los liceos, reimplantó la enseñanza religiosa. Hablamos de una institución del Estado, que es laico”, dijo Rossi, en declaraciones a Página 12. Apuntó, así, al gobierno de Mauricio Macri, que dejó sin efecto disposiciones tomadas en 2010 por su antecesora Nilda Garré, que eliminaban en los liceos militares pertenecientes al Ejército las asignaturas Religión/Catequesis/Formación Ética y Espiritual, así como los contenidos curriculares comprendidos en ella. En la definición de los cambios dispuestos en la etapa kirchnerista participó la actual ministra de Seguridad, Sanina Frederic, quien integraba el gabinete de Garré.

“Es una materia extracurricular. Le hicieron la trampita de cambiarle el nombre”, dijo a LA NACION el actual director nacional de Formación del Ministerio de Defensa, Sergio Gabriel Eissa, al insistir en la acusación del ministro Rossi.

En la Iglesia respondieron y fueron categóricos. “No se reimplantó la educación religiosa. Es una de las tantas mentiras a las que nos tienen acostumbrados”, señaló una fuente cercana al obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, al ratificar que se trata de una oferta extracurricular, totalmente voluntaria y fuera del horario de clases, a la que se suele sumar entre un 15% y un 20% de los alumnos. El porcentaje llega al 30% en los cursos de primer año.

Esta variante, incluso, se aplicó durante el gobierno de Cristina Kirchner y sigue vigente en el período de Alberto Fernández, indicaron en la Iglesia.

El reproche del ministro Rossi a la enseñanza de contenidos religiosos se produjo diez días después de que el obispo castrense cuestionara públicamente la prolongación indefinida de las prisiones preventivas de los militares, en referencia a los uniformados presos por delitos de lesa humanidad.

El Liceo Naval Almirante Brown, de Vicente López, uno de los nueve liceos militares existentes en el país
El Liceo Naval Almirante Brown, de Vicente López, uno de los nueve liceos militares existentes en el país


Ños liceos militares reúnen una población de 2500 cadetes. Los que incluyen los niveles inicial y primario suman otros 4000 alumnos

Varios sectores que se sienten integrados a los liceos, como las asociaciones de graduados y padres de los alumnos, se oponen a la reforma promovida por el Ministerio de Defensa, que apunta a renovar los planes de estudio, reformular la instrucción militar y eliminar las prácticas de tiro por parte de los cadetes. “¿Cuál es el sentido de que una institución educativa del Estado le enseñe a manejar un arma a un chico de 15 años? No estoy de acuerdo con eso”, cuestionó Rossi, al justificar los cambios.

Las reformas en los liceos

El Ministerio de Defensa avanza en la realización de las jornadas pedagógicas, para que las comunidades de cada liceo analicen posibles reformas. Los graduados y muchos padres objetan la propuesta oficial para que las instituciones educativas de las Fuerzas Armadas pasen a depender de la Universidad de la Defensa Nacional, que funciona en jurisdicción del ministerio que conduce Rossi.

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En el país hay nueve liceos militares, que reúnen una población de más de 2500 cadetes. Los que dependen del Ejército incorporaron en los años 90 los niveles inicial y primario y en esos establecimientos la matrícula escolar supera los 4000 alumnos.

Fuentes castrenses indicaron, por ejemplo, que en el Liceo Naval Almirante Brown, de Vicente López, no hubo “enseñanza religiosa”, si por ello se entiende alguna materia específica. “Sí hubo, sin diferencia entre los gobiernos de Cristina y de Macri, asistencia religiosa, a través de misas, catecismo o la presencia del capellán en actividades de los cadetes que querían completar su iniciación cristiana, fuera del horario de clases. Aunque este año y el anterior fue muy atípico por la pandemia”, se explicó.

Otro testimonio fue más allá: “Los liceos no tienen instrucción religiosa. En la época de Nestor Kirchner lo habían sacado y no se volvió a poner. Al contrario, llegó un momento en que sacaron hasta los sacramentos”.

La relación con el Obispado Castrense fue traumática en los primeros años del kirchnerismo. En 2005, el presidente Néstor Kirchner suprimió por decreto la sede eclesiástica y echó al entonces obispo castrense, Antonio Baseotto, por el entredicho que tuvo con el entonces ministro de Salud, Ginés González García, en torno de la discusión sobre el aborto.

Posición de la Corte

El funcionario Eissa fundamentó el rechazo a la enseñanza religiosa en el fallo “Castillo, Carina Viviana”, de la Corte Suprema de Justicia, que en diciembre de 2017 prohibió a la provincia de Salta dictar educación religiosa en las escuelas estatales, en horario de clases. “Los jueces dijeron que es inconstitucional entregar formularios para que los padres manifiesten si desean que sus hijos reciban instrucción religiosa”, expresó el colaborador de Rossi.

Al ser consultado sobre si corresponde aplicar esta restricción a actividades extracurriculares de carácter volumntario y optativo, Eissa respondió: “¿Usted cree que en la estructura militar algo puede ser voluntario?”.

Explicó que, pese a ello, la modalidad de las clases extracurriculares y optativas de catequesis se mantienen en la actualidad porque el Gobierno está embarcado en un plan de reformas, con el que esperan renovar el plan de estudios para el ciclo 2023. “No llegaremos a 2022 porque hay que hacer las cosas bien, no a las apuradas”, fue su argumentación.

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