La mitad de los árboles de dos jóvenes bosques británicos fueron plantados por pájaros

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Arrendajo euroasiático (<i>Garrulus glandarius</i>). Imagen creative commons obra de Luc Viatour.
Arrendajo euroasiático (Garrulus glandarius). Imagen creative commons obra de Luc Viatour.

La naturaleza se las ha apañado perfectamente para prosperar sin nosotros en el pasado, y por fortuna – pese a nuestros esfuerzos por ponerle las cosas difíciles - parece que la Tierra sigue conservando la capacidad de regenerarse en cuanto nos apartamos un poquito.

El ejemplo perfecto lo hemos visto recientemente en el Reino Unido, donde un equipo de jardineros amateurs, compuesto por personal poco cualificado y carente de herramientas, abono y hasta de agua para riego, acaba de confirmar lo que ya sabíamos. Allá donde desaparece el hombre, la naturaleza vuelve a su curso, y si no que se lo pregunten a los animales que han regresado a Chernobyl.

En efecto, un equipo de investigadores se ha dedicado a observar la evolución de dos parcelas previamente dedicadas a la agricultura, que fueron abandonadas en diferentes momentos. Ambas parcelas lindaban con un bosque antiguo, y como habréis adivinado el equipo de jardineros aficionados responsables de la restauración estaba compuesto por arrendajos y zorzales en la parte aérea, y por ardillas y ratones de la madera en la sección terrestre.

Con la inestimable ayuda del viento, que también jugó su papel, las parcelas fueron “asalvajándose” poco a poco. La primera, abandonada en 1961, era inicialmente un campo de hierba y los investigadores se referían a ella como “jungla antigua”. La segunda parcela, que había sido explotada para el cultivo de cebada, fue abandonada en 1996, y como habréis adivinado recibió el nombre de “jungla nueva”.

Los investigadores sabían que la naturaleza iría abriéndose camino en ambas parcelas a buen ritmo, pero finalmente se vieron sorprendidos por la rapidez con la que se dio el proceso. El éxito, como os decía, se basó en buena medida en el trabajo de los pájaros.

Apoyándose en observaciones aéreas, los investigadores realizaron un seguimiento constante de ambas parcelas. Tras 24 años, la jungla nueva se había convertido en un joven bosque saludable, con una densidad arbórea de 132 ejemplares vivos por hectárea, de los cuales algo más de la mitad eran robles.

Por otro lado, tras 39 años de abandono la jungla vieja tenía el aspecto de un bosque maduro, con una densidad de 390 árboles por hectárea. Los investigadores creen que cuando se cumplan 60 años, la estructura arbórea de esta parcela se aproximará a la del boque nativo, si bien la composición de las especies no será totalmente coincidente.

También creen que la alteración previa del suelo, llevada a cabo en su día por los agricultores, puede haber ayudado a que el bosque se estableciera de nuevo. Sin duda esto son buenas noticias, porque implicaría que las áreas agrícolas se pueden reforestar a mayor velocidad de lo previsto.

De entre las especies animales antes mencionadas, los científicos creen que los arrendajos fueron quienes realizaron el trabajo más duro. Y esto no deja de ser una ironía porque estos pájaros cargan tradicionalmente con la mala reputación de ser una plaga. Sin embargo, en opinión del investigador principal, es probable que los arrendajos (probablemente con la inestimable ayuda de las ardillas grises) hayan plantado más de la mitad de los árboles en ambas parcelas. Estas aves odiadas por los agricultores, básicamente han diseñado los nuevos bosques que ahora podemos observar.

Cada año el mundo pierde alrededor de 5 millones de hectáreas de bosque, principalmente en los trópicos. Tal vez haya llegado el momento en que incidamos en esfuerzos por reforestar nuestras zonas templadas, y las aves y pequeños mamíferos que han habitado tradicionalmente nuestros bosques pueden ser perfectos aliados. El premio es doble, protegemos nuestro medio ambiente local y limitamos los daños del cambio climático global.

Por lo visto, ni siquiera tendríamos que ocuparnos de organizar complejos planes para el sembrado de nuevos árboles, bastaría con abandonar las viejas granjas y zonas de cultivo limítrofes y esperar alrededor de 50 años a que los pequeños jardineros del bosque hagan su trabajo.

El trabajo del equipo de investigadores británicos, liderado por Richard Broughton del Centro Para la Ecología e Hidrología del R.U., se acaba de publicar en PLoS.

Me enteré leyendo In ZMEscience.com.

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