Redistribución de distritos: Hispanos quieren hacerse oír

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AUSTIN, Texas, EE.UU. (AP) — Como comisionada del condado de Dallas, Elba García representa a unas 670.000 personas, casi la población total de un distrito legislativo. La mayoría son hispanos que viven en suburbios al oeste de Dallas y están pendientes del manejo del crecimiento de esa zona, de las escuelas y del acceso a cuidados médicos.

García es su voz en la comisión, pero esta gente no tiene una representación adecuada en la Cámara de Representantes. La zona es parte de tres distritos electorales, según la distribución hecha por legisladores republicanos hace diez años. Ninguno de esos distritos es de mayoría hispana.

García dice que el impacto de esa distribución está claro: “Todos son diseminados. Diluyen el voto hispano”.

Texas comenzará esta semana a delinear nuevos distritos electorales y los hispanos dicen que es hora de corregir las injusticias del pasado. El explosivo crecimiento de la población en la última década —la mitad del cual es generada por los hispanos— le permitió agregar dos distritos nuevos. Al menos uno debería ser para los hispanos de Dallas, según ellos.

La batalla es parte de un proceso nacional de redistribución de distritos que se da una vez por década y que puede decidir el control de la cámara baja. Los hispanos de Texas y de todo el país tienen un mensaje claro: Representan más de la mitad del crecimiento poblacional de Estados Unidos de la última década y es hora de que el sistema político les preste atención.

Si bien los hispanos no son un bloque electoral monolítico, tienen a votar por los demócratas. Sus defensores afirman que su fuerza electoral no debe ser diluida mediante la distribución de distritos.

“Hay que darles a los hispanos una oportunidad justa de elegir a sus representantes”, expresó Dorian Caal, de la Asociación Nacional de Funcionarios Hispanos Elegidos. “Todos estamos mejor cuando una comunidad puede elegir a la persona que prefiere”.

La manipulación racial o étnica de distritos electorales no es nueva. Todas las décadas desde la aprobación de una Ley de Derecho al Voto en 1965 los tribunales o el Departamento de Justicia han dicho que los planes de redistribución de Texas violan las leyes federales, en parte porque distribuyen a los votantes hispanos prodemócratas entre varios distritos dominados por blancos no hispanos mayormente republicanos.

Este año habrá menos supervisión del gobierno federal. Por primera vez en décadas, el estado no necesita la aprobación del Departamento de Justicia para poner en vigor sus planes, gracias a un fallo del 2013 de la Corte Suprema, controlada por jueces conservadores.

Con datos del censo difundidos el mes pasado, activistas dicen que hay un puñado de sectores donde se pueden crear distritos dominados por los hispanos. En la Florida, que tiene una banca nueva, algunos promueven la creación de un distrito al sur de Orlando, donde la llegada de puertorriqueños generó un gran crecimiento poblacional.

En Colorado, otro estado que ganó una banca, algunos quieren crear un distrito de mayoría hispana en el corazón urbano del estado, dividiendo Denver por la mitad y fusionándola con distritos de los suburbios. Bosquejos preliminares elaborados por una comisión independiente, sin embargo, mantuvieron a Denver en el mismo distrito.

En Texas, el estado con más hispanos después de California, los republicanos han recurrido frecuentemente a la manipulación de distritos, lo que los ayudó a imponer una agenda conservadora a pesar de que el estado es cada vez más demócrata. Estos legisladores han dejado en claro hasta dónde son capaces de llegar sin el visto bueno de la Ley de Derecho al Voto. Este mes aprobaron una legislación que pone nuevas barreras al voto, en contra de las objeciones de organizaciones de derechos civiles y de los demócratas.

“Tienen miedo de perder su poder”, dijo Lydia Camarillo, cuya Texas Redistricting Task Force es una de las organizaciones que demandó al gobierno de Texas para bloquear sus planes de distribución del 2011 en base a una discriminación racial.

Los republicanos de Texas afirman que tratan de ser justos. “Este proceso está bajo el microscopio debido a posibles disputas legales y para garantizar que hay una representación efectiva”, declaró el representante estatal Jim Murphy, presidente del Bloque Republicano de la Cámara de Representantes de Texas. Dijo que quiere asegurarse de que “todas las comunidades están representadas”.

Hay varias corrientes que se cruzan. El crecimiento del estado se concentra en sectores tanto urbanos como suburbanos cada vez más demócratas y los republicanos se ven en la necesidad de reforzar sus propios distritos.

Por otro lado, al partido le fue relativamente bien entre los hispanos en las últimas elecciones presidenciales, en que Donald Trump recibió el 37% del voto hispano en Texas, contra el 62% de Joe Biden, siguiendo la tendencia nacional, según AP VoteCast. Trump tuvo fuerte apoyo hispano en el Río Grande Valley, al sur de Texas.

Por ello, los republicanos juegan con la idea de crear un nuevo distrito de mayoría hispana que podría votar por los republicanos. El sector en cuestión está dividido actualmente entre tres distritos de mayoría hispana.

Algunos activistas hispanos creen que hay mejores posibilidades de éxito a nivel municipal, de acuerdo con Thomas Sáenz, presidente y consejero general del Fondo Mexicano Estadounidense Educativo y de Defensa Legal.

“Habrá muchos ‘primer (hispano) en la historia en el concejo municipal’, ‘primero en la junta escolar’”, expresó Sáenz.

No siempre los republicanos son el principal obstáculo para el voto hispano. En Illinois, por ejemplo, los propios demócratas proponen alterar un distrito de Chicago de mayoría hispana para facilitar la reelección de un senador estatal.

La distribución de distritos electorales no es el único factor que diluye el voto hispano. Casi el 70% de los hispanos viven en cinco estados (California, Florida, Nueva Jersey, Nueva York y Texas) y la mitad de ellos no están habilitados para votar, porque no tienen la edad mínima (18 años) o porque no son ciudadanos. Uno de cada cuatro menores de edad en el país son hispanos, que constituyen un enorme bloque que todavía no puede votar.

Otro factor es la apatía del electorado hispano.

Cristina Garrido, de la organización Jolt Action de Dallas, dice que percibe un cierto cinismo cada vez que habla con un hispano. “Creen que va a pasar lo que tenga que pasar y que no tienen voz en ello”.

Teme que la nueva redistribución puede empeorar las cosas.

“El peligro es que, si vemos alguna consecuencia negativa con la redistribución, la gente se sentirá más y más ignorada y eso desalentará el voto”, manifestó.

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Riccardi informó desde Denver.

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