El recuerdo de la historia racista de los 'zoológicos humanos'

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Una imagen proporcionada muestra las tumbas de seis hombres y una mujer del Congo en una iglesia en Tervuren, Bélgica. (M. Couttenier/Museo Real de África Central)
Una imagen proporcionada muestra las tumbas de seis hombres y una mujer del Congo en una iglesia en Tervuren, Bélgica. (M. Couttenier/Museo Real de África Central)

TERVUREN, Bélgica — La iglesia católica romana en el centro de Tervuren, un suburbio de Bruselas, no es un lugar turístico. Es una construcción muy restaurada con ventanas de vitral ordinarias y un pequeño campanario. No obstante, justo afuera de sus muros se encuentran siete tumbas de piedra de una importancia histórica para Bélgica, que lucha por asimilar los horrores de su pasado colonial.

Las tumbas tienen los restos de seis hombres y una mujer congoleses que fueron exhibidos en Tervuren como animales de zoológico en un parque cercano a la iglesia durante el verano lluvioso de 1897 y quienes murieron de influenza y neumonía después de ser forzados a pasar sus días en el exterior. Fueron parte de los 267 hombres, mujeres y niños transportados a Tervuren para una exposición colonial que ordenó el rey belga, Leopoldo II.

Para conmemorar el centésimo vigésimo quinto aniversario de la tragedia que fue la exposición de Tervuren, el museo que construyó el rey Leopoldo en ese mismo parque —el cual hace poco fue renombrado el Museo de África— ha montado una exposición titulada “Zoológico humano: la era de las exposiciones coloniales”, que estará en exhibición hasta el 6 de marzo. La muestra es un estudio con una documentación meticulosa de la gran cantidad de exposiciones de seres humanos que se realizaron a nivel mundial desde inicios del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

Esas atracciones que recibieron la visita de 1500 millones de personas a nivel mundial, según los estimados de los curadores del museo, iban de pequeños actos circenses y “espectáculos de fenómenos” hasta gigantescas ferias mundiales montadas en las principales capitales. Además, perpetuaron las teorías de la superioridad blanca y las creencias racistas que persisten hasta la fecha.

Con frecuencia, los espectáculos como la exposición de 1897 eran organizadas por promotores teatrales que llevaban compañías de gente mal pagada o sin un salario por todo el mundo: por ejemplo, las personas del Congo que fueron exhibidas en Estados Unidos y los nativos estadounidenses que fueron exhibidos en Bruselas. Los individuos involucrados eran expuestos detrás de rejas y barreras, a veces “medio desnudos, vestidos con pieles de animales y realizaban actividades degradantes”, comentó Maarten Couttenier, uno de los tres curadores del “Zoológico humano”, en una reciente gira de la muestra.

La intolerancia detrás de las exposiciones perdura hasta nuestros días, agregó Couttenier. En la mañana de la entrevista, como lo remarcó Couttenier, el periódico belga De Standaard publicó un artículo de primera plana sobre un partido reciente de fútbol en el cual Vincent Company, el entrenador negro de uno de los equipos, fue abucheado y agredido con un insulto racista.

El director general del Museo de África, Guido Gryseels, admitió que durante décadas su institución había contribuido a la promoción del racismo. Gryseels señaló que las colecciones permanentes no se habían tocado desde 1956 hasta inicios del siglo XXI, con lo cual se habían difundido falsedades sobre los africanos. Gryseels recordó visitar el museo cuando tenía 4 o 5 años y salir con una impresión negativa de África. “Me dio miedo”, comentó. “En particular, recuerdo a los africanos salvajes con sus lanzas”, agregó. “Estaban ahí para matarme”.

Una imagen proporcionada muestra la exposición "Zoológico humano" en el Museo de África en Tervuren, Bélgica. (J. Van de Voorde/ Museo Real de África Central)
Una imagen proporcionada muestra la exposición "Zoológico humano" en el Museo de África en Tervuren, Bélgica. (J. Van de Voorde/ Museo Real de África Central)

Si a “generaciones consecutivas” les das la impresión de “que los africanos son salvajes, que andan corriendo desnudos, que no son civilizados, no debería sorprenderte que esas generaciones tengan problemas para enfrentarse a una sociedad multicultural”, comentó Gryseels.

Desde que asumió el cargo en 2001, Gryseels ha montado varias exposiciones para criticar al colonialismo belga, se ha involucrado en conversaciones de resarcimiento con las naciones africanas y ha contratado a personal de ascendencia africana. Gryseels señaló que la muestra del “Zoológico humano” era una oportunidad para “ver nuestro pasado, verlo a los ojos, aceptarlo y percatarnos de que, como un instituto, como un museo, hemos contribuido a los problemas”.

La exposición abre con un largo texto en un muro donde se alistan las fechas de las principales exposiciones de hombres, mujeres y niños que estuvieron cautivos en lugares como Dresden, Alemania; Lyon, Francia; Nápoles, Italia; y Praga… y mucho más lejos, en Filadelfia; San Francisco; Kioto, Japón; y Sídney. Hay fotografías de archivo que ofrecen visiones degradantes de seres humanos montados en una exposición. En una, de un “pueblo negro” en la Francia del siglo XX, un tejedor está sentado con las piernas cruzadas en un telar mientras una multitud de hombres con sombreros de copa lo ven detrás de una barrera.

Hay muchas otras fotografías en la exposición, así como postales, afiches donde se muestran figuras semidesnudas —a veces con la etiqueta de “salvajes”— y mercancía como una botella de cerámica de la exposición de 1897 que muestra a una mujer congolesa que carga una canasta de frutas sobre la cabeza y un bebé en una bolsa.

Científicos del siglo XIX y las teorías de la diferencia racial que desarrollaron y promovieron fueron algunas de las fuerzas impulsoras detrás de estos desfiles humanos, comentó Pascal Blanchard, otro de los curadores de la exposición, quien montó una similar en 2011 en el Museo Quai Branly en París.

La exposición de Tervuren les dedica una sección a estudios “científicos”, que fueron refutados desde hace tiempo y entre los cuales se encuentran gráficas a color en las que se ilustran los distintos tonos de piel, cuadernos llenos de medidas de cráneos (lo cual se consideraba como una medida de diferencia racial) y un “craneógrafo” usado para medir cráneos.

La exposición termina con dos secciones que conectan el pasado con el presente: una instalación de arte contemporáneo del fotógrafo burundés Teddy Mazina, en la cual se retratan a africanos que miden a europeos en una especie de inversión de papeles; y una enorme instalación mural hecha de oraciones que representan las microagresiones que han experimentado miembros del personal de museo de ascendencia africana, ilustraciones del racismo cotidiano. “No veo colores”, dice una; “África no tiene ninguna civilización”, dice otra.

Marie-Reine Iyumva, una empleada del Museo de África cuya familia llegó a Bélgica de Ruanda, ayudó a compilar las citas. Iyumva comentó que las imágenes de los seres humanos presentados como si fueran animales se encuentran en el origen de muchos de los estereotipos de la actualidad. “Como mujeres negras, nos comparan con hienas, nos describen como salvajes en la cama”, comentó. “Hay una hipersexualización de nuestros cuerpos”.

Las crudas imágenes colonialistas y las “formas modernas de ‘zoológicos humanos’” prevalecen hasta nuestros días, mencionó Nanette Snoep, quien curó la exposición del Museo Quai Branly junto con Blanchard y ahora dirige el Museo Rautenstrauch-Joest en Colonia, Alemania. En la publicidad, las películas y las representaciones teatrales, la gente de color a veces es cosificada y representada como una curiosidad, hizo notar.

“Esta idea de colonialidad sigue vigente” y las representaciones son remanentes de la época colonial, comentó. “A la gente le sigue encantando el exotismo”.

Ese tipo de percepciones debe desaparecer, agregó. “Por eso es tan importante la exposición de Tervuren”.

© 2021 The New York Times Company

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