La receta mágica

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Cada quien se va haciendo de métodos al preparar ciertos alimentos. Se podría decir que la cocina se convierte en laboratorio y templo; en un lugar de transformación en el que nada sale como entra, donde unos cuantos granos con el tiempo y trato adecuado pueden convertirse en un manjar.

Nos ayudamos de los cuatro elementos para transmutar los ingredientes y convertirlos en alimento, no sólo para el cuerpo; también para la mente y el corazón. La tierra sigue siendo la principal proveedora de aquello que llega a nuestra mesa, es gracias al viento y al agua que se pueden sembrar, cosechar y preparar la mayoría de lo que compartimos con quienes más nos importan, mientras que el fuego sigue siendo fundamental en cualquier cocina. De alguna manera todas somos brujas, encantadores o alquimistas; cocinar es hacer magia.

Esta vez me he decidido a preparar frijoles. Hay ciertos pasos a seguir que no deben de ignorarse. Primero; hay que ‘limpiarlos’, lo que implica sacarlos de la bolsa y colocarlos en una superficie extendidos para que sea más fácil identificar y retirar piedras, basura o frijoles ‘malos’. Esto evitará momentos desafortunados al llevar el bocado a la boca . Después hay que lavarlos, no es necesario usar jabón, sólo con un chorro de agua y un colador es suficiente para después dejarlos remojar, se recomienda usar tres tazas de agua por cada taza de frijol seco. Deben quedarse así al menos ocho horas, yo por lo regular los dejo toda la noche y a la mañana siguiente los vuelvo a enjuagar y entonces si, los pongo a cocer; si son negros les agrego tantito epazote sino sólo un par de dientes de ajo.

Hay varias técnicas para pelar ajos; mi favorita -y la más rápida- es usando presión; tomas los dientes de ajo, los colocas en una superficie plana y reforzada, después los aprietas contra ésta. Para ejercer la presión puedes utilizar desde un cuchillo plano, hasta una taza de cerámica o un exprime limones, así la cáscara se cae casi por sì misma, claro que, si aplicas demasiada fuerza el ajo puede aparte de pelado, terminar echo papilla. Así que dependerá del platillo la cantidad de presión a aplicar. Para los frijoles, por ejemplo prefiero usar los dientes de ajo enteros. Para preparar salsas y guisados uso los ajos machacados o en trozos chiquitos.

El sonido de la alarma me avisa que es momento de ir a levantar la tapa de la olla y revisar si ya están en su punto los frijoles, decido dejarlos cinco minutos más antes de apagar la hornilla mientras hago un escaneo rápido a lo que tengo disponible en el refrigerador y la alacena, prepararé enfrijoladas, ya está, decidido; rellenas de pollo y de queso.

Esperaré a que llegue la hora para poner la mesa y es que, es mucho más que sólo colocar los cubiertos, copas, servilletas o manteles. Al preparar la mesa se define la atmósfera, el número de asistentes, de platillos, tipo de bebidas, la dinámica de la comida, cena o reunión; otro ritual más que nos sirve de antesala para compartir a veces, el primer rato juntos del día, una conversación importante, quizá otras, no tanto. El verdadero hechizo se logra cuando la comida pasa a ser segundo plano y lo más importante es con quien se comparte.

La cotidianidad está llena de rituales , rituales tan automáticos que hemos dejado de ser ceremoniosos al respecto, sin que esto reste ni su efecto o importancia, todo lo contrario, de alguna manera lo ordinario se vuelve parte de nuestro día a día, de nosotros, de nuestra vida.

Poner la mesa es igual de importante que dejar remojando desde una noche antes los frijoles; pequeños rituales que nos permiten disfrutar mucho más el encanto de lo cotidiano. Una comida cobra mucho más significado si estás con quien quieres y en una atmósfera a la que le pusiste el mismo empeño que al plato. Al final no es necesario utilizar brebajes, patas de rana o calderos para hacer magia. Repito, todas somos brujas.

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