El teatro porteño recalcula su nueva hoja de ruta ante el coronavirus

Alejandro Cruz
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Viernes pasado, última función de Brujas ante de establecerse el cierre de la actividad escénica presencial por 15 días debido a la nueva ola de contagios
LA NACION/Hernan Zenteno

Entre las nuevas medidas adoptadas por el gobierno nacional ante la nueva ola de contagios de coronavirus se encuentra la suspensión de la actividad cultural en espacios cerrados por dos semanas en el territorio del AMBA. Como en un deja vu con infinidad de capas, los teatros de la ciudad volvieron a cerrar sus puertas. La actividad teatral vive desde hace tiempo una situación económica crítica. Ante esta nueva suspensión, actores, gestores, directores, productores y trabajadores de la actividad escénica se topan con un nuevo desafío: la pandemia es la que decide cuando los teatros pueden abrir sus puertas. ¿Qué hacer mientras tanto?

En la ciudad de Buenos Aires, no hubo actividad escénica desde mediados de marzo hasta el 13 de noviembre de 2020. Aquella larga pausa le permitió, por ejemplo, al Teatro Nacional Cervantes terminar una instalación lumínica pendiente en la sala María Guerrero, la mayor. Lo reconocía hace unos días Sebastián Blutrach en diálogo con LA NACION cuando el público volvió a llenarla hace dos domingos. Ahora que el Cervantes tuvo que volver a cerrar, ¿qué se hará? “Algunas obras edilicias pueden continuarse, pero otras no. Se complica la organización y es más trabajo para reprogramar ya que la agenda anual comienza a modificarse. Sabíamos que esto podía pasar, pero es un riesgo que decidimos tomar, ya que lo contrario sería la inacción y la imposibilidad de estar abiertos con las producciones previstas. Es imposible olvidarse que estamos en pandemia y que tratamos de convivir de la mejor manera posible con muchas adversidades para los trabajadores y trabajadoras del teatro”, apunta Blutrach, el encargado de la programación de la sala que este año celebra su centenario. Reinas abolladas, con Maruja Bustamante y María Marull en el elenco, tendría que haberse estrenado en abril de 2020. Pero, claro, vino la cuarentena (un “detalle”) y recién pudo debutar en el Cervantes hace dos domingos. Llegó a hacer tres funciones.

El fin de semana pasado, Soledad Silveyra y Verónicas Llinás debían haber estrenado Dos locas de remate, en el Astral, una comedia dirigida por Manuel González Gil. No pudieron. “El jueves teníamos la función para el Club LA NACION, y tuvimos que suspenderla. Veníamos trabajando al palo y, de repente, parar. ¡Ufff... fue terrible! No tenía energía para nada... pero hay que seguir, hay que ponerle buena onda. En lo personal espero que sean solamente quince días y que el 6 de mayo podamos estrenar”, reconoce. La idea de mandar todo al freezer esperando el momento de reactivar el envión creativo no es claramente de su agrado. “Yo no soy de poner al trabajo en la heladera, para nada. También reconozco que no teníamos la obra en diez puntos. Hasta te diría que estas dos semanas no nos vienen para nada mal. Las dos somos buscadoras, no nos conformamos fácilmente; somos una peor que la otra”, se ríe esta trabajadora de la actuación con miles de batallas encima. Claro que la experiencia no la impide verle la cara a su propia fragilidad; “Mi hijo Facundo me vino a ver en una de las pasadas antes de esa función que tuvimos que suspender. Me vio tan mal, tan triste, que me mandó a una amiga suya para que nos filmara ¡Eso me salvó la vida! Ahora me permite seguir laburando, ver las cosas a revisar. Es que la obra es muy compleja, es de mucha pelea entre dos hermanas, es de mucho grito; y tener que hacer reír con ese horror no es fácil, te lo aseguro”, se sincera.

El fin de semana pasado Soledad Silveyra y Verónica Llinás deberían haber estrenado Dos locas de remate. Cuando la señora de tantos teleteatro se enteró que no iba a poder hacerlo se bajoneó. Ahora, reconoce, que estas dos semanas no le vienen nada mal.
AFV/Diego Spivacow


El fin de semana pasado Soledad Silveyra y Verónica Llinás deberían haber estrenado Dos locas de remate. Cuando la señora de tantos teleteatro se enteró que no iba a poder hacerlo se bajoneó. Ahora, reconoce, que estas dos semanas no le vienen nada mal. (AFV/Diego Spivacow /)

Los gestores del Paseo La Plaza también activaron el “modo recalculando” para encontrarle una vuelta a estas dos semanas sin actividad escénica presencial. Cuando esta nueva restricción todavía no estaba implementada, imaginaron pasar su programación nocturna a otros horarios diurnos, pero el decreto terminó suspendiendo a toda la actividad. “Con los teatros cerrados uno podría imaginar que se tienen días mas tranquilos, pero no es así. Es que empiezan a jugarse otras situaciones para intentar, si se pudiera, garantizar el regreso a las actividades a partir del 1° de mayo”, apunta a Jon Goransky, del equipo de producción de La Plaza y del Metropolitan Sura. Como ya habían hecho en otro momento logrando picos de audiencia muy importantes, vuelven a apostar fuerte por el streaming. Desde este sábado, por la página de La Plaza, se podrán ver los registros audiovisuales de Lo escucho, con Puma Goity y Jorge Suárez; el unipersonal de Favio Posca; Redes, viví tu experiencia, con Inés Estévez y un numeroso elenco bajo la dirección de José María Muscari; o Las chicas de la culpa, con Malena Guinzburg y elenco; entre otras propuestas previstas para estas dos semanas. Si el plan no sufre una nueva modificación, la primera semana de mayo se reanudarán las actividades en ambos teatros, en los que también están programados dos éxitos de la escena alternativa, como son Petróleo e Imprenteros, y se repondrá Desnudos, la comedia dramática que protagonizan Luciano Castro, Gonzalo Heredia, Luciano Cáceres, Mercedes Scapola, Brenda Gandini y Sabrina Rojas.

El Juego de la Oca permanente

Carlos Rottemberg, dueño de la mayor cantidad de salas en la ciudad, nunca apostó al streaming. A lo sumo, mientras imagina la temporada de verano en Mar del Plata, confiesa que está a la espera de las medidas sanitarias “para volver para retomar el Juego de la Oca y apurar el recuperar casilleros luego de este retroceso”. Por ahora, a la gran mayoría de las salas en estos cuatro meses desde que se permitió la presencialidad se fueron sumando títulos y espectadores, el avance de casilleros en la boletería sigue siendo una ilusión.

En el marco de la frágil situación económica que vive la escena alternativa, Timbre 4, la sala de Boedo fundada por Claudio Tolcachir, desde principios de la cuarentena dura apostó fuerte al streaming que, con el paso del tiempo, conoció tanto su momento expansivo como su agotamiento. Desde la semana pasada, esta usina creativa lanzó su canal propio. Lo llaman Timbre 4 TV. “La idea es tener una recopilación de todo el material subido hasta el momento, que incluye desde obras hasta charlas, encuentros con los creadores pasando por materiales pensados para el lenguaje audiovisual. En el canal se puede ver material gratuito, obras a la gorra y espectáculos con un precio base establecido bajo el criterio de on demand”, apunta Maxime Seuge, del equipo de gestión de Timbre. En el menú está la obra icónica de la sala, La omisión de la familia Coleman, como otras que integraron el ciclo realizado junto a creadores españoles y franceses. La idea es, en la medida de sus posibilidades, ir subiendo material nueva cada fin de semana en una especie de recorrida virtual por la sala pensada para mantener el vínculo con el público fiel de las salas alternativas.

Puma Goity y Jorge Suárez
Santiago Cichero/AFV


Gabriel Goity y Jorge Suárez estaban protagonizando Lo escucho, en el Metropolitan; desde este sábado, la obra forma parte de la programación de streaming que lanza el Paseo La Plaza a la espera de volver a la vieja (nueva) normalidad (Santiago Cichero/AFV/)

Justamente, entre el Paseo La Plaza y el Metropolitan está el Teatro San Martín, la sala principal del Complejo Teatral de Buenos Aires. En estas dos semanas, el complejo que depende del gobierno porteño tenía planeado estrenar tres espectáculos y repondría uno. El primero que estaba previsto era Tu amor será un refugio, con dirección de Cristian Drut. El texto de Juan Ignacio Fernández iba a convertirse en el primer espectáculo en la sala Cunill Cabanellas de 2021. En la sala Martín Coronado, la más grande del San Martín, estaban previstos los estrenos de Fuck Me, propuesta de la creadora Marina Otero que había realizado unas funciones en el marco del FIBA, y del programa Piazzolla, compuesto por coreografías de Mauricio Wainrot y Ana Itelman, que ya venía postergando su debut porque algunos bailarines del cuerpo de danza habían dado positivo de Covid-19. En el Regio se iba a reponer Siglo de Oro trans, la particular versión de Don Gil de las calzas verdes que estaba en pleno trabajo de readaptar algunas escenas para cumplir con el protocolo sanitario. Durante estas dos semanas, las obras siguen ensayándose mientras la dirección del teatro está revisando su programación anual por el efecto rebote que tiene esta serie de postergaciones.

En la recorrida vuelve a tomar la palabra Sebastián Blutrach, también dueño y programador del Teatro Picadero, quien decidió tomar la terraza del histórico edificio, montar un escenario, instalar mesas y sillas al servicio de un propuesta en la que conviven un menú a la carta con una oferta musical. La Terraza del Picadero, así se llamó el ciclo que fue un verdadero éxito. Ahora está ideando su vuelta que, estima, será el 8 de mayo. “Será los sábados y domingos, al mediodía, con propuestas de platos de invierno además de la carta habitual del Picadero. Ya confirmaron Ligia Piro, los sábados; y Susana Rinaldi, los domingos. Y cuando podamos reabrir la sala concentraré la programación de viernes a domingos”. Por ahora, si bien la sala fue una de las impulsoras del streaming en vivo local, ahora prefiere dejarla pasar. “No tengo margen de inversión después de la realizada para la ventilación. Ante tanta incertidumbre, es todo pérdida”, confiesa.

En esa línea que da cuenta del delicado momento que atraviesa tanto el circuito comercial como, fundamentalmente, el circuito alternativo: la Asamblea Permanente de las Artes Escénicas dio a conocer una carta abierta al ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, que ya cuenta con las firmas de Rodrigo de la Serna, Ricardo Bartis, Gustavo Garzón, Rafael Spregelburd, Alejandra Flechner, Cristina Banegas e Ingrid Pellicori, entre las de más de 500 artistas. “La comunidad escénica independiente de la ciudad, aunque históricamente precarizada, estará siempre a favor de medidas de cuidados sanitarios”, aclaran en el primer párrafo del petitorio que reclama recursos económicos. Entre los pedidos figura un subsidio de desempleo.

En esta compleja hoja de ruta, hasta el momento el 30 de este mes termina esta modalidad. Desde ese momento, las salas volverán a intentar recuperar casilleros aunque hay muchos teatros (y artistas y trabajadores de los tres circuitos) que todavía nunca pudieron salir del casillero de inicio .