El rearmado de la comunicación oficial tropieza con nuevos problemas

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Aníbal Fernández, Juan Manzur y Alberto Fernández, durante el acto en Tucumán por el 12 de octubre.
Twitter Aníbal Fernández

El consultor Antoni Gutiérrez-Rubí llega, cada mañana, al centro cultural C, en el barrio de Chacarita. Lo espera el “ejército combinado” de colaboradores albertistas, cristinistas y massistas, con quienes trabaja en los ejes discursivos de la decisiva campaña electoral para las cruciales elecciones de noviembre, en las que el gobierno de Alberto Fernández se juega buena parte de su destino político.

“Es sí, es por acá”, repite el “gurú” catalán, cabeza del “coro del sí” con tres terminales definidas, que amplifican cada anuncio, cada discurso, cada slogan de campaña. Mientras la comunicación “desde arriba” parece ordenarse, la política sigue “haciendo ruido” y complicando la difusión de las ideas “positivas”, “con todos”, de “escucha y gestión” que salen de los altavoces oficiales. La insólita y violenta respuesta de Aníbal Fernández al humorista Nik; las versiones sobre la “renuncia anticipada” de Sergio Berni; las idas y vueltas sobre el acto del 17 de octubre, los cambios en el equipo que aún arma el jefe de gabinete Juan Manzur y hasta la designación de Gabriela Cerruti como portavoz del Gobierno a partir del viernes volvieron a sembrar desconcierto y empañar los intentos por “ordenar” el circuito de los mensajes del oficialismo.

Metódico y silencioso con la prensa, Gutiérrez-Rubí cruza agendas y coordina instrucciones, líneas de acción y tareas ejecutivas diarias con Marcelo Martín y Juan Ross (Presidencia), Hernán Reibel (cristinismo) y Santiago Vázquez (massismo). “La comunicación va detrás de la política, pero es una impronta de trabajo que no se dio antes de las PASO”, coinciden referentes de dos de los tres espacios. Así se vienen comunicando, como esta semana, desde una recorrida del Presidente por Tucumán, hasta un anuncio de mejoras previsionales a cargo de la cristinista Fernanda Raverta, o proyectos de “alivio fiscal” impulsados por Massa en la Cámara de Diputados, centrados por estos días en el “electorado de centro” que el kirchnerismo pretende persuadir para que lo acompañe con su voto.

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Los esfuerzos por ordenar el mensaje, y orientarlo hacia la “escucha y gestión”, dejando de lado los “no” de Juntos por el Cambio, y extendiéndolo a los candidatos de todo el país, choca con reacciones individuales como los del ministro de Seguridad. “ Estábamos comunicando el fin de semana récord de turismo y apareció todo esto ”, se quejan, resignados, desde un importante despacho oficial. El pedido de disculpas de Fernández, repetido por cada candidato del Frente de Todos, respondió a la orden de “cerrar” el tema y reducir su onda expansiva, mientras la oposición seguía pidiendo la renuncia del ministro de Seguridad. “El Presidente lo llamó a Aníbal, y como les dice a todos le dijo lo que le gustó y lo que no le gustó”, reconocen en la intimidad de la Casa Rosada. La “renuncia” de Berni (un soldado leal a la vicepresidenta), en teoría luego de las elecciones, también fue-reconocen fuentes oficiales-un “cabo suelto” que escapó a los intentos por unificar discursos y mostrar unidad en la recta final hacia los comicios.

Más confusión sumaron las diferentes versiones sobre el acto del 17 de octubre, luego de hacer comunicar que allí se haría el anuncio sobre el plan quinquenal de viviendas, el Presidente y Manzur decidieron en Tucumán bajarle el perfil al acto “por el día de la Madre y porque no hay ánimo para movilizar”, según contaron a La Nación quienes supieron de esos diálogos. Después de avalar la movilización de la CGT el lunes 18, de las críticas de Hebe de Bonafini, y de la decisión de dirigentes de La Cámpora como Andrés Larroque de movilizarse ese día, el Presidente dio su aval a manifestarse “en todo el país” el domingo y dejó en pie el anuncio del plan pero en un “formato diferente.

Decidido a dejar su huella con una gestión acelerada y extendida, Manzur representó el “aire fresco” que el Gobierno buscó luego de la derrota electoral del 12 de septiembre, junto a otros ministros de áreas clave como Julián Domínguez (Agro) y Jaime Perczyk (Educación). “El Presidente mi pidió diálogo, diálogo, diálogo” , dijo Domínguez a La Nación el jueves luego de una actividad con productores vitivinícolas, en una muestra de la preocupación oficial por cerrar heridas con el campo antes de los comicios.

Alberto Fernández y Gabriela Cerruti
Facebook Gabriela Cerriuti


Alberto Fernández y Gabriela Cerruti (Facebook Gabriela Cerriuti/)

En el caso del jefe de gabinete, su decisión inicial de “hablar siempre” con los medios, mutó en un prudente silencio, ausencia de entrevistas y contadas conferencias de prensa, mientras está por estos días en pleno armado su propio aparato de comunicación.

Durante días, además, se habló en el Gobierno de las funciones que cumpliría Cerruti. “No va a tener contacto con los medios, el de ella va a ser un rol institucional”, insistían desde la comunicación oficial, horas antes que Cerruti, “por idea del Presidente” según sus colaboradores, asumiera de manera oficial como portavoz del Gobierno, con el objetivo de “comunicar las medidas de Gobierno”, y articular con la secretaría de Comunicación (a cargo de Ross) “la planificación, ejecución y supervisión de la política de prensa y comunicación presidencial”. La misma Cerruti, en su paso por la sala de prensa de la Casa Rosada, pidió a los periodistas que “chequeen” con ella cada información que tengan sobre la actividad del Poder Ejecutivo, a fin de evitar “fake news” y ubicándose como referente del área. “No cambia lo que hacemos hasta ahora en relación a la campaña”, insistían en el grupo que acompaña a Gutiérrez Rubí.

“ Cisnes negros siempre van a aparecer, en toda coalición aparecen manchitas, lo importante es la disciplina estratégica ”, recalcan desde la organización de la comunicación oficial, apegados al libreto de comunicar “gestión” con “alegría”, salir del “no en el que está entrampada la oposición” y apelar con “pragmatismo” a los 2,5 millones de votantes del Gobierno en 2019 que en las PASO les dieron la espalda, aunque la inflación y la inseguridad sigan preocupando.

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