Realeza: la triste historia de Badiya, la princesa iraquí que murió en el olvido

LA NACION

La princesa Badiya bint Alí salvo su vida de milagro cuando el golpe de estado de 1958 en Irak, su país, terminó con la monarquía para establecer una república y asesinó en el proceso a toda la familia real. Exiliada desde entonces en Gran Bretaña, la última princesa iraquí murió el pasado 9 de mayo en Londres, a los 100 años. Con ella "terminó un capítulo brillante e importante de la historia moderna de Irak", señaló el actual primer ministro del país, Mustafa Al-Kadhimi.

Badiya había nacido en Damasco en 1920 y era la tía del rey Faisal II, el último rey de Irak. Todos eran miembros de la monarquía hachemita establecida en el país por Faisal I en 1921. Los hachemitas aseguraban que, de seguir su lineamiento genealógico, las raíces de la dinastía surgen nada menos que del profeta Mahoma.

Faisal I fue sucedido por su hijo, Ghazi I bin Faisal, en 1933, luego de que el monarca falleciera de manera repentina, en lo que aún hoy se sospecha que pudo haber sido un caso de envenenamiento. Ghazi desposó a su prima, que era hermana de Badiya y tuvo también un período breve como rey. Su trágico accidente automovilístico, seis años después de asumir, también estuvo rodeado de serias sospechas.

El hijo de Ghazi y Aliya tenía en ese momento tan solo tres años, por lo que otro hermano de Badiya, Abd al-Ilah al Faisal, ejerció el poder como regente hasta que en 1953 Faisal II alcanzó la mayoría de edad y accedió a su trono. Era, como se dijo antes, el sobrino de Badiya, y tendría un final horroroso.

El golpe de Estado

El 14 de julio de 1958 un golpe de Estado liderado por el Coronel Abd al-Karim Qasim terminó drásticamente con la monarquía, a la cual consideraban prooccidental en un contexto en que avanzaban los nacionalismos árabes, con el ejemplo de Gamal Abdel Nasser en Egipto.

Entonces, Faisal II, junto con 'Abd al-Ilah y otros miembros de la realeza iraquí, incluida la hermana de la princesa Badiya, la princesa Abadiya y la cuñada, la princesa Hiyam, fueron alineados contra una pared y asesinados a tiros. Los autores del golpe luego mutilaron los cadáveres y los pasearon por las calles de Bagdad.

Afortunadamente para ella, Badiya no estaba en ese momento en el palacio real Al Rehab. Junto a su esposo Sharif al-Hussein bin Alir y sus tres hijos, la princesa pudo refugiarse en la embajada de Arabia Saudita en la capital iraquí.

La familia estuvo allí refugiada durante un mes, hasta que pudieron huir a Egipto y luego a Suiza, antes de recalar definitivamente en el Reino Unido, donde se establecerían definitivamente.

Exilio y muerte

Allí la princesa Badiya pasó gran parte del resto de su vida en Londres, donde murió el pasado 9 de mayo. Antes, había apoyado a su hijo Sharif Ali bin al-Hussein, quien se opuso a la dictadura iraquí de Saddam Hussein. El hijo de Badiya también pretende volver a imponer la monarquía en Irak, con él mismo como monarca, según informa el medio en lengua árabe Al-Arabiya.

Luego de conocerse la noticia de la muerte de Badiya llegaron a Twitter muchas palabras en su homenaje y fotos de la princesa cuando todavía la familia real tenía poder.

"Con la muerte de la princesa Badiya, hija del rey Ali, se terminó un capítulo brillante e importante en la historia moderna de Irak", escribió el primer ministro iraquí Mustafa al-Kadhimi en Twitter.

"La princesa fallecida era parte de una tradición cultural y política que representaba bien a Irak", agregó el mandatario que concluyó con el deseo de que "Dios bendiga y perdone su alma".

Muchos mensajes también señalaban la tristeza que había acompañado a la princesa toda la vida luego de la masacre a la que fuera sometida su familia en 1958: "Lloró la muerte de su familia hasta el último día, pero era una dama gentil y encantadora", señaló en Twitter la periodista iraquí-británica Mina-Al-Oraibi.