Por qué el real resultó una ayuda inesperada para el peso

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La devaluación del real no encuentra freno
La devaluación del real no encuentra freno

La carrera alcista que ensaya en los últimos meses el real en Brasil está ayudando a que la estrategia oficial, de apelar al dólar como ancla antiinflacionaria, casi no tenga impacto sobre la competitividad real del tipo de cambio contra el peso, aunque el precio del dólar aquí se mueve desde marzo a un ritmo que cubre apenas de un cuarto a un tercio de la inflación local promedio. Se podría decir, así, que le permite al Banco Central (BCRA) devaluar el peso más de lo que parece.

El fenómeno se consolidó el viernes al confirmar la cotización del dólar contra el real en Brasil (principal socio comercial de la Argentina), que perforó la frontera de los 5 reales y alcanzó un nuevo máximo en un año al tocar los 4,9386 reales, antes de cerrar en 4,94 con una revalorización promedio del 0,35% en la jornada.

Con esa ayuda, el índice de tipo de cambio real multilateral (ITCRM) que elabora el BCRA para medir la competitividad del peso vuelve a ubicarse por encima de los 117 puntos, tras vulnerar ese nivel la semana pasada, cuando el dólar a nivel global dio un salto del 1,9%, e incluso el índice que mide el peso contra el real escala hasta los 107 puntos, el mayor nivel en seis meses.

Para alivio del Gobierno y del BCRA, que a desgano aceptó mantener “pisado” cada vez más el dólar hasta las elecciones, o al menos asegurar que la inflación se modere y vulnere -en lo posible- el piso del 3% mensual, las presunciones del mercado y de la propia administración Bolsonaro es que el real mantenga en los próximos meses un sendero alcista.

“El tipo de equilibrio (dólar/real) es posiblemente mucho más bajo que el nivel actual, que por primera vez está perforando los 5 reales″, dijo el ministro de Hacienda de Brasil, Paulo Guedes, en un evento organizado por la Federación de Industrias de San Pablo, al cabo del cual reiteró además el compromiso que esa administración asumió para no romper la regla que limita el crecimiento del gasto público a la tasa de inflación registrada durante el año anterior.

El real se ha revalorizado ya casi un 20% desde que se llegara a cambiar a 5,8760 unidades por dólar en marzo, un movimiento que coincidió con el inicio de un ciclo de alzas de tasas de interés que puso en marcha el Banco Central brasileño para neutralizar algunas presiones inflacionarias, resultantes del final de las restricciones a la actividad que se impusieron para combatir la pandemia. Y cada vez más analistas de mercado están revisado sus perspectivas para el desempeño de esa moneda e incluso algunos esperan que la paridad llegue a 4,50 reales en el segundo semestre.

“El real siguió apreciándose a 4,94, su nivel más alto desde junio de 2020. El Banco Central de Brasil subió la semana pasada los tipos de interés en 75 puntos hasta el 4,25%, la tercera suba de este año, y en agosto habrá otra parecida”, hizo notar por Twitter el director de Prisma Bursátil, Ismael De la Cruz.

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Estas previsiones, luego de que Jerome Powell (presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos) pusiera paños fríos a un posible anticipo en el endurecimiento de la política monetaria de ese país, parecen dar vía libre al cada vez más cansino “crawling peg” (minidevaluaciones diarias) oficial, el mecanismo con que el ministro Guzmán busca anclar las expectativas inflacionarias.

Nota de ello ya tomó el BCRA, que en varias jornadas ni siquiera movió el dólar comercial y apenas permitió que el tipo de cambio que se les reconoce a los exportadores (en la mayoría de los casos, antes de aplicarle retenciones) suba apenas de $94,69 a $95,53, un 0,9%, en lo que va del mes, en lo que apunta a ser el menor ajuste permitido desde enero de 2020, es decir, en casi 18 meses.

La estrategia viene de los meses precedentes y está claro que continuará al menos hasta las elecciones de noviembre. Es la única llave que tiene a mano el Gobierno para lograr una desaceleración inflacionaria. Se trata de una discusión válida sobre el impacto real de este método en los precios.

Con ese “viento de cola” soplando en el mercado de monedas, el tipo de cambio multilateral ya se había mantenido constante durante mayo, había observado en un informe la administradora de fondos Quinquela. Es decir, el peso argentino no había perdido terreno frente al resto de las monedas en general, a pesar de devaluarse la tercera parte de la inflación. Esa neutralización fue posible, precisamente, porque el cambio bilateral con Brasil mejoró nada menos que 3,6% el mes pasado.

Una situación similar, más allá de los vaivenes de las últimas semanas, se está repitiendo durante junio y fortalece las apuestas por una estabilidad cambiaria que extiende su horizonte, incluso, hasta después de las próximas elecciones parlamentarias.

Los analistas de Buenos Aires Valores (BAVSA) notan una pequeña erosión del tipo de cambio real multilateral en los últimos meses, pero reconocen que “el índice todavía se mantiene en niveles elevados si observamos la serie de los últimos 10 años, sostenido también por el fuerte incremento de los precios de materias primas del agro”.

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“En 2020, el dólar subió en línea con la inflación (38% y 36%, respectivamente), preservando gran parte de la competitividad ganada en 2018 y 2019. Esta dinámica se interrumpió en marzo de 2021, con el afán de utilizar un ancla cambiaria para reducir la inflación. Así, entre marzo y mediados de junio el dólar avanzó poco más de 6%, mientras que la inflación acumularía 16% en el período”, apuntó la consultora Ecolatina en un reciente informe.

Pese a eso, reconoce, “la competitividad real del tipo de cambio en perspectiva histórica no lo sintió y se mantiene en línea con el promedio de los últimos 25 años”. Y acotó: “Esto implica que es un 50% más caro que en el cierre de la convertibilidad, 30% mayor que los meses que precedieron al salto de 2018 y 20% más competitivo que en la media 2012-2015. No obstante, también está casi 30% por debajo de la media del período 2002-2007 y de la de la segunda mitad de 2018 y 2019″.

Las previsiones sobre una tranquilidad cambiaria que puede mantenerse más de lo originalmente pensado se fortalecieron el viernes al confirmarse que el BCRA en los últimos meses no sólo recompuso sostenidamente su tenencia de reservas netas, sino, además, redujo a cero su exposición en los mercados de futuros cambiarios, donde había asumido hace ocho meses una posición que, en proporción, comprometía ya más del 15% de sus reservas brutas. Hay que recordar que había llegado a acreditar una posición neta vendedora equivalente a US$5600 millones en octubre del año pasado.

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