El precedente que deja en ridículo las protestas del Real Madrid por no aplazar su partido contra Osasuna tras la nevada

Luis Tejo
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Marco Asensio patea la pelota perseguido por David García.
Marco Asensio (derecha), del Real Madrid, intenta controlar la pelota ante el osasunista David García durante el partido del sábado 9 de enero. Foto: Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images.

Jugadores, cuerpo técnico y no pocos aficionados del Real Madrid están todavía indignados por el partido que su equipo disputó el sábado. Les tocó enfrentarse a Osasuna en El Sadar, el estadio de la ciudad de Pamplona, en un fin de semana marcado no solo por la pandemia del coronavirus, que también, sino por Filomena. Tan peculiar y un tanto anticuado nombre no alude a ninguna mujer humana, sino a la borrasca que ha dejado nevadas históricas en España y que amenaza con una ola de frío como pocas se recuerdan.

Más allá de todas sus consecuencias para la vida cotidiana de la población, en lo que respecta al fútbol Filomena obligó a aplazar varios partidos, en particular los que implicaban a equipos madrileños; la capital se quedó incomunicada por carretera, ferrocarril y avión, por lo que ni los clubes locales pudieron salir ni los visitantes pudieron llegar. Así, por ejemplo, el Atlético de Madrid tuvo que cancelar su enfrentamiento con el Athletic Club porque los bilbaínos no tenían forma de desplazarse al Metropolitano.

Hubo una excepción. Porque, pese a que el tráfico aéreo en el aeropuerto de Barajas estaba cortado, sí se autorizó a despegar a la expedición merengue rumbo a Navarra. Imposición de La Liga, protestan algunos madridistas en Twitter; concesión especial para un equipo que, de haber ganado y ante la suspensión del duelo entre rojiblancos, habría terminado la jornada como líder, replican los hinchas más hostiles al equipo del Bernabéu; decisión unilateral del piloto, tercia el Gobierno.

Sea quien sea el responsable, la polémica no habría tenido lugar si el Real Madrid hubiera ganado el partido, como cabía esperar teniendo en cuenta la muy diferente situación en la clasificación de blancos (segundos con 36 puntos en 17 partidos antes de este) y rojillos (penúltimos, con 15 en 16). Sin embargo, empataron. Y el madridismo ardió en rabia reclamando que el partido, dadas las circunstancias, no se tenía que haber llegado a jugar.

El propio Zidane se unió al coro de lamentos: “Nosotros hicimos lo que pudimos en el campo, pero no ha sido un partido de fútbol. Las condiciones eran muy complicadas. Tenemos que aguantarnos”. Preguntado sobre si el partido debía haberse aplazado, no tuvo dudas: “Claramente, sí, sí”. Añadió que “no son excusas. Todo el mundo lo que quiere ver es un partido de fútbol”.

Salvo contadas excepciones, protestaron después, cuando el 0-0 ya era definitivo. Este detalle no ha pasado desapercibido y no contribuye a la credibilidad de la reclamación. Sobre todo teniendo en cuenta que hay precedentes bastante recientes de situaciones igual de duras en las que el Real Madrid compitió con toda normalidad y sin queja alguna.

Nos remontamos casi un año, al 22 de enero de 2020, cuando ni nos imaginábamos que una infección procedente de China iba a poner el mundo patas arriba y las eliminatorias de Copa del Rey se jugaban con toda normalidad. Los blancos, vestidos de verde en aquella ocasión, acudieron a Salamanca a disputar la eliminatoria de dieciseisavos de final contra Unionistas, club de Segunda B. El encuentro se celebró en la que entonces era la casa de los locales: las pistas del Helmántico.

Se trata de una instalación concebida para el atletismo que se adaptó, de forma más o menos provisional, para la práctica del fútbol. Aparte del deterioro que sufre la hierba por actividades propias de este otro deporte, como el lanzamiento de peso o de martillo, el graderío es pequeño y no protege el césped en caso de heladas. Que es justo lo que ocurrió: el día 21 cayó una nevada en Salamanca que cubrió por completo un terreno ya de por sí maltrecho.

Las condiciones, estaba claro, no eran ni mucho menos ideales. ¿Se quejó el Real Madrid? En ningún momento. Todo lo contrario: ofreció su disponibilidad absoluta para adaptarse a lo que hiciera falta, porque sí que es verdad que políticos locales propusieron que el encuentro se disputara en el vecino Estadio Helmántico, pero los conflictos internos del fútbol salmantino hicieron la opción inviable. El Real Madrid llegó, vio, venció (1-3) y se volvió a casa con la eliminatoria superada y sin poner ninguna pega.

Es preciso recordar, además, que al Real Madrid jamás le ha importado que el estado del terreno de juego fuera malo para hacer exhibiciones de épica. De hecho, le dan un aura de grandeza que, sin quitarle pizca alguna de mérito, vienen muy bien para el relato legendario. El mismo Sadar fue escenario de uno de ellos; hay que remontarse a mayo de 2008, que parece una eternidad, pero Sergio Ramos ya estaba allí.

Aquel día el equipo entonces entrenado por Bernd Schuster necesitaba la victoria sobre Osasuna para proclamarse campeón de Liga. Y la cosa pintaba mal: un gol de penalti en el primer tiempo les hizo llegar a los últimos cinco minutos perdiendo 1-0. Además, se había desencadenado un diluvio que hacía que el césped pareciera más bien una pista de patinaje. Sin embargo, a última hora dos tantos agónicos de Robben e Higuaín permitieron a los vikingos llevarse los tres puntos y el campeonato.

Las actuaciones blancas de carácter heroico ante las adversidades del clima no son, ni mucho menos, algo reciente. Las inclemencias del tiempo hicieron posible uno de los episodios más recordados por los historiadores y por los aficionados de cierta edad: sobrevivir a la eliminatoria de cuartos de final de Copa de Europa de 1973 contra el Dínamo de Kiev. El equipo entonces soviético era en aquellos tiempos un combinado arrollador, dificilísimo de frenar.

El encuentro no se jugó en su estadio en la capital ucraniana, sino que se tuvo que trasladar a Odesa, varios kilómetros al sur, porque la ola de frío había dejado impracticable el Olímpico. En la costa del mar Negro las temperaturas también eran varios grados negativas y hubo que retirar montones de nieve para poder jugar. Nada de eso impidió que el guardameta Mariano García Remón diera una exhibición de paradas que le valió el apodo de “el gato de Odesa”, consiguiendo salvar un empate a cero que valió para superar la eliminatoria en el partido de vuelta.

¿Por qué, entonces, ahora el Real Madrid va contra su propia naturaleza y recurre al pataleo ante una situación que tanto ellos mismos en el pasado como otros muchos clubes (casi todos, en realidad) han sufrido anteriormente? Es una pregunta que solo desde el interior de la Casa Blanca sabrán contestar. De cara al mundo exterior la imagen transmitida no es la mejor, aunque, habida cuenta que Florentino Pérez parece estar convencido de la existencia de un complot en su contra, tampoco parece que le preocupe mucho lo que piensen los demás.

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