El Madrid despega y Bale no aterriza, ¿qué le pasa al galés?

Gareth Bale desaprovecha una clara ocasión de gol ante el Getafe. (Foto OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images)

El planeta de Gareth Bale es un territorio extraño, un páramo desangelado donde solo habita el galés. Así, el resto de la galaxia asiste al desempeño de un asteroide que orbita por los campos de la Liga de manera apática, perezosa y desconectada. De hecho, sus últimas dos temporadas se podrían resumir en lesiones continuas, claras ocasiones de gol falladas cuando está disponible y un rol reservado en el XI titular del Madrid en el que no está sumando lo suficiente ni para ser determinante ni para acercar a su equipo a la victoria.

Discutir la importancia del galés en los éxitos del Real Madrid en el pasado sería un ejercicio banal. Al fin y al cabo fue decisivo en finales de Copa de Europa, Copas del Rey y partidos clave de Liga, pero su rendimiento desde que Cristiano Ronaldo abandonó la capital ha sido tremendamente decepcionante. Síntoma de un futbolista anticompetitivo, Bale sigue vagando por los campos españoles.

Como demostró el mercado veraniego del club blanco, el sendero estaba lo suficientemente bien preparado para que el 11 madridista diese un paso hacia adelante y se hiciese con las riendas del ataque junto a Karim Benzema, pero él jamás respondió. Por otra parte, Zidane ha confiado en el extremo madridista, pero la cruda realidad le ha acabado por desquiciar y hacerle pedir su salida del club. Un asunto que, parece, ha quedado aparcado aunque probablemente sería la mejor opción para todas las partes.

En lugar de ello, no solo no aceptó la responsabilidad depositada por la entidad como principal encargado de recoger el testigo del portugués, sino que directamente desapareció de la temporada. No compareció ni en las grandes citas ni en el desarrollo regular de las competiciones. Por supuesto, el galés ha entrado en 2020 con la misma predisposición de la que hizo gala en 2019 y por ello, Bale sigue desaparecido en combate pese a los múltiples oportunidades que le han brindado club, afición y cuerpo técnico.

En este sentido, su partido frente al Getafe representa un fiel reflejo de su triste rendimiento desde que el astro de Madeira hiciese las maletas dirección Juventus de Turín. Sin aportar la profundidad suficiente en el juego ni la contudencia necesaria en área contraria que demanda un equipo con problemas recurrentes para el gol, Bale acabó un partido por el que transitó sin pena ni gloria durante la mayoría del mismo.

Es frustrante, pero el peor enemigo del galés no son los pitos que ha recibido en múltiples ocasiones a causa de su pobre rendimiento, sino él mismo. Un futbolista capaz de marcar la diferencia en cualquier momento y de ganar finales ante colosos europeos, pero también de desperdiciar gran parte de su carrera por no mostrar una regularidad que le ha privado de ser la pieza esencial en el ataque del Real Madrid. La pregunta que queda sobre la mesa es si Bale decidirá volver a competir alguna vez.


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