La reactivación de Estados Unidos tiene un costo para los ansiosos

Matt Richtel
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Josh Bernoff, un orador público y escritor en Arlington, Massachusetts, se encuentra entre los adultos que aseguran que la pandemia les permitió vislumbrar cuánta ansiedad estaban experimentando regularmente. (Katherine Taylor/The New York Times)
Josh Bernoff, un orador público y escritor en Arlington, Massachusetts, se encuentra entre los adultos que aseguran que la pandemia les permitió vislumbrar cuánta ansiedad estaban experimentando regularmente. (Katherine Taylor/The New York Times)
Andrea Maikovich-Fong, psicóloga de Denver, asegura ver a muchos pacientes ansiosos por el regreso a la "normalidad". (Stephen Speranza/The New York Times)
Andrea Maikovich-Fong, psicóloga de Denver, asegura ver a muchos pacientes ansiosos por el regreso a la "normalidad". (Stephen Speranza/The New York Times)

SAN FRANCISCO — Cuando la pandemia restringió al mundo, Jonathan Hirshon dejó de viajar, salir a comer, asistir a fiestas y trasladarse a la oficina.

¡Qué alivio!

Hirshon sufre de ansiedad social severa. En el pasado, las reuniones y encuentros casuales venían acompañados de taquicardias y puños apretados. Siempre ha preferido interactuar de manera virtual y por eso agradeció las reuniones de Zoom que los demás apenas toleraban. Aunque lamenta el número de víctimas de la pandemia, Hirshon siente que la vida en confinamiento es un respiro.

“Existe una disonancia cognitiva en el hecho de sentirse bien en medio de la pandemia”, afirmó.

Pero ahora que la normalidad está a punto de regresar, Hirshon, un consultor de relaciones públicas, tiene sentimientos decididamente encontrados: “Ansias, temor y esperanza”.

Hirshon, de 54 años, pertenece a un subconjunto de la población para el que la rutina diaria no solo es desgastante sino también emocionalmente inquietante. Entre ellos se encuentran personas con diagnósticos clínicos de ansiedad y trastorno obsesivo compulsivo, pero también introvertidos comunes y corrientes que se sienten incómodos al socializar.

Una encuesta reciente de la Asociación Estadounidense de Psicología reveló que, si bien el 47 por ciento de las personas experimentaron un incremento de su estrés debido a la pandemia, cerca del 43 por ciento no vio ningún cambio y el 7 por ciento sintió menos estrés.

Los expertos en salud mental afirmaron que esta fracción de la población sintió la cuarentena como una protección, una especie de permiso para moverse hacia espacios, horarios, rutinas y relaciones más predecibles. Los expertos advierten que, aunque la cuarentena ha apoyado la “evasión” de situaciones sociales, las circunstancias están a punto de cambiar.

“Estoy muy preocupada por muchos de mis pacientes con ansiedad social”, dijo Andrea Maikovich-Fong, una psicóloga ubicada en Denver. Esa ansiedad “va a volver con fuerza cuando el mundo abra sus puertas”.

En ningún momento Maikovich-Fong minimiza el panorama más amplio del número de víctimas de la pandemia. Millones de personas han fallecido en todo el mundo, y la pandemia en sí ha causado un gran dolor y ansiedad, para padres, hijos, trabajadores médicos y aquellos que solo intentan sobrevivir económicamente. A la industria de la salud mental, afirmó: “Le está costando mantener el ritmo”.

Pero para las personas con ansiedad severa y trastorno obsesivo compulsivo, estas fuertes restricciones reforzaron de varias maneras sus intensos impulsos por replegarse.

Al principio de la pandemia, “estos pacientes se sintieron muy reivindicados”, dijo Maikovich-Fong. A las personas que temían el contacto con otras personas o gérmenes, “incluso el gobierno les estaba diciendo que todo lo que pensaban que debían hacer ahora era una norma social”.

Actualmente, Maikovich-Fong dijo que ya está viendo cómo el malestar se está asentando en “algunos niños que están regresando a sus escuelas o adultos que estaban trabajando de forma remota”.

“Hay muchas personas caminando por ahí con una falsa sensación de seguridad, que están mucho más cómodas que lo que estaban hace un año”, comentó. “Eso no es sostenible”.

Esta dinámica contradictoria también afecta a adolescentes y niños.

Un estudio publicado en febrero en European Child & Adolescent Psychiatry analizó el impacto en la salud mental de 1000 personas jóvenes en Canadá durante la pandemia, y encontró que el 70 por ciento de los sujetos del estudio entre 6 y 18 años reportaron algún tipo de impacto negativo. Sin embargo, el 19,5 por ciento de ese grupo de edad tuvo cierta mejora, lo que llevó a los autores a concluir que el impacto fue: “En general peor; en ocasiones mejor”.

Los investigadores descubrieron que algunos niños con ansiedad social y trastornos del aprendizaje experimentaron mejoras en la ansiedad y la depresión.

“Las órdenes de quedarse en casa tal vez redujeron las fuentes de estrés, lo cual mejoró los síntomas de ansiedad o irritabilidad”, según un resumen de la investigación realizado por el Hospital para Niños Enfermos (SickKids), que está afiliado a la Universidad de Toronto y que respaldó la investigación.

Ryan Fenstermacher, un estudiante de último año de bachillerato en Connecticut (quien solicitó que no se publicara su ciudad de residencia), dijo que la escuela puede llegar a incrementar su ansiedad social.

“Los proyectos grupales, por ejemplo, siempre son terribles para mí. Mi ansiedad proviene de no poder predecir lo que van a hacer o decir”, explicó. “No hay ruta de escape”.

Eso no sucede cuando está en Zoom.

“Puedes apagar tu cámara y silenciar a la gente en línea”, dijo.

Para algunos estudiantes, el regreso al salón de clases está resultando ser un reto porque ya se habían acostumbrado a estar desconectados. En Mountain View, California, un grupo de terapia intensiva está abordando los desafíos de salud mental de los adolescentes, y desde mediados de marzo cuenta con una nueva participante: una joven de 15 años que se unió al grupo para intentar lidiar con la ansiedad social.

Su madre, que solicitó que sus nombres no fueran publicados para proteger a la muchacha de la vergüenza o el acoso, dijo que la joven, que está en décimo grado, parecía haber olvidado, en esencia, cómo interactuar socialmente. La idea de regresar a las aulas le genera a la adolescente una enorme ansiedad y sin la terapia, “sería algo terrible para ella”, relató su madre.

Mary Alvord, una psicóloga que dirige un consultorio grupal grande para adolescentes en Maryland, afirmó que muchos jóvenes han sufrido durante la pandemia.

“No queremos minimizar eso”, afirmó. Pero “hay un subconjunto de chicos a los que les está yendo mejor”.

Algunos adolescentes, dijo Alvord, han encontrado un respiro del acoso y la ansiedad social, y los estudiantes que tienen dificultades en la escuela ahora reciben más ayuda de sus padres y se preocupan menos por su desempeño en el aula de clases.

Y luego están los más pequeños.

“Los niños me dicen cosas como: ‘Mi mamá solía estar de viaje todo el tiempo. Ni siquiera la veía y siempre estaba muy cansada. Ahora mis padres están todo el tiempo en casa e incluso juegan con nosotros’”, dijo Alvord.

La pandemia les permitió a algunos adultos vislumbrar cuánta ansiedad estaban experimentando de manera regular. Josh Bernoff, un orador público y escritor que vive en Arlington, Massachusetts, dijo que constantemente le estresaba viajar, descifrar dónde comprar su próxima comida para llevar y tener conversaciones sociales incómodas con personas que no conocía muy bien.

Ahora, dice: “Todas mis interacciones son virtuales, por lo que no tengo que preocuparme por estrechar manos ni por las incomodidades de estar frente a otra persona”.

“Cuando me acuesto por la noche, sé lo que haré al día siguiente y no me preocupo por eso”, dijo Bernoff.

A Bernoff le encanta la predictibilidad de la vida, como saber la hora a la que almorzará y cenará, y en dónde.

“Odio sonar como un paranoico, pero me gusta estar en el mismo lugar que mi refrigerador”, dijo Bernoff.

Al final, ese alivio no solo puede resultar temporal, sino que también podría intensificar la ansiedad cuando las personas intenten volver a la normalidad.

“Cuanto más evitas algo que te pone ansioso, más difícil es hacerlo”, dijo Martin Antony, profesor de psicología en la Universidad de Ryerson en Toronto y experto en fobias y ansiedad. Sobre las personas con casos más extremos, Antony agregó: “Es posible que cuando termine la pandemia, la vida les sea mucho más difícil”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company