Reabre en San Juan segunda iglesia más vieja de las Américas

DÁNICA COTO
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SAN JUAN (AP) — El obrero de la construcción se paró en puntas de pie y trató de arreglar una corona de espinas en una estatua de Jesús mientras el arquitecto Jorge Rigau daba instrucciones desde debajo de una escalera.

“La coges así y la mueves un chín”, le dijo, haciendo gestos con sus dedos. “La giras hacia la derecha, pero no la bajes”.

Daban los toques finales a una detallada restauración de la segunda iglesia española más antigua de las Américas que sigue de pie, cuya construcción había empezado para el 1532 en terrenos donados por el explorador Juan Ponce de León y cuya base fue erigida sobre un asentamiento indígena.

La iglesia fue construida para ser parte de un convento dominicano en el que vivió alguna vez el renombrado sacerdote español Bartolomé de las Casas, sirvió de refugio durante un ataque de indígenas taínos y fue dañada por un cañonazo durante la guerra entre España y Estados Unidos de 1898, que terminó con la cesión de Puerto Rico a Estados Unidos.

La Iglesia de San José —la única más antigua en las Américas es la catedral de la República Dominicana— fue cerrada en 1996 debido a su deterioro. La catedral de San Juan data de 1521, pero la estructura original de madera fue destruida y la estructura actual es de 1540.

La restauración de 11 millones de dólares se convirtió en un proyecto personal del empresario Ricardo González y se tardó casi dos décadas. Muchos pensaron que no se completaría por problemas financieros, la ausencia de los planos originales y por el fuerte deterioro causado por termitas, los excrementos de palomas y las raíces de árboles, que abrieron fisuras en la nave estilo gótico de la iglesia, cuya bóveda fue descrita alguna vez como “un gran logro, pocas veces visto afuera de Europa”.

González, quien es muy activo en la iglesia católica, se ofreció como voluntario para supervisar la reconstrucción a principios del 2000, con el visto bueno de monseñor Roberto González, el arzobispo de San Juan. Calculó que las obras tomarían un año.

Pero a medida que los trabajadores inspeccionaban la iglesia con tecnología de radar y rayos láser, y se retiraban las distintas capas, se descubrieron murales centenarios y técnicas arquitectónicas usadas por los romanos. Ricardo González se dio cuenta de que encaraba un proceso de restauración más delicado y prolongado.

“Cuando empezamos con eso, no había marcha atrás”, expresó el empresario.

En el 2009 fundó el Patronato de Monumentos de San Juan Inc. para recaudar fondos para el proyecto. Empezaron a llegar donaciones que iban desde algunos centavos hasta grandes sumas aportadas por empresarios, organizaciones sin fines de lucro y magnates locales.

El actor Benicio del Toro colaboró pidiendo donaciones y el edificio fue incorporado a la lista de 11 monumentos históricos del U.S. National Trust for Historic Preservation.

Por años, los turistas y los residentes de San Juan se resignaron a no volver a visitar el lugar.

En una reciente visita a la iglesia se le aguaron los ojos a González.

“Todos los días entro por ahí y me emociono”, declaró, parado en el techo y señalando el edificio. “Yo tengo la película, ¿ve?”.

Empezó, relató, con expertos del Servicio de Parques Nacionales que les mostraron a los obreros cómo trabajar la cal, siguiendo las técnicas de los obreros originales. Acto seguido los trabajadores tenían que remover el cemento que cubría las paredes de los casi 1.580 metros cuadrados (17.000 pies cuadrados), pedazo por pedazo, poco a poco, para evitar dañar lo que había detrás.

Posteriormente se contrataron expertos del exterior para restaurar los murales y otras obras de arte, incluidas sirenas con armadura pintadas en las esquinas de una capilla.

Los trabajos fueron interrumpidos solamente tres veces en casi 20 años: Brevemente tras el paso del huracán María en el 2017, por la pandemia del coronavirus y en el 2008, cuando el proveedor de cal se que quedó sin suministros.

Para evitar volver a tener ese problema, González decidió que los obreros --muchos de ellos de la República Dominicana— aprendiesen a fabricar su propia cal, un proceso largo que requiere dejar añejar la mezcla. En lugar de emplear cabellos de caballo que antes usaban para hacerla más compacta, González prefirió usar tiras de fibra de vidrio.

Descartaron asimismo un cemento más fácil de trabajar pero menos auténtico usado en una restauración previa.

“El cemento no dejaba que las paredes respiraran”, explicó, haciendo notar que la humedad incidió en el deterioro de la iglesia, que fue construida cerca del océano, sobre un asentamiento indígena, en el punto más alto del casco histórico de San Juan, conocido como el Viejo San Juan.

La iglesia y sus muros sobrevivieron a muchos contratiempos a lo largo de los siglos, según el arzobispo González, quien no tiene parentesco alguno con el empresario.

“Es una maravilla”, comentó mientras observaba la iglesia sentado en uno de los bancos a ser usados en la misa que se ofrecerá tras la inauguración el 19 de marzo.

Intencionalmente se dejó al descubierto la historia de la iglesia en algunas partes: Muros y columnas color arcilla de hace siglos, así como murales descoloridos y una hornacina que fue el confesionario original. Una línea elevada en la entrada de la iglesia revela la forma del techo original. Los trabajadores enmarcaron la sección donde hizo impacto un cañonazo en la guerra de 1898.

“Es para que la iglesia le hable”, dijo Rigau. La gente, añadió, “va a encontrarse con testigos, fantasmas, recuerdos, cicatrices”.

Al menos un misterio persiste. Todas las figuras pintadas en el altar dorado de la iglesia han sido identificadas, excepto una: Una mujer de cabello rubio en la esquina superior izquierda que sostiene una hoja de palmera, lo que indica que fue una mártir. Pero no hay otras pistas.