Esta es la razón por la que helados del súper no se derriten

·4  min de lectura

Mi suegra me puso el otro día tras la pista de un caso espeluznante: resulta que quedaron para comer con unos amigos en el patio de su casa, a pleno sol y rondando los 25 grados de temperatura. El postre con el que coronaron el festín fue una tarta helada comprada en el supermercado a base de, en teoría, nata, azúcar y chocolate. Tomaron parte del postre y se olvidaron del resto en la mesa hasta pasadas unas horas. Pues bien, cual fue su sorpresa al acudir a recogerla cuando ya atardecía: la tarta seguía prácticamente intacta, como si hubiera pasado la tarde en el frigorífico y no a merced de un sol cuasi veraniego.

Mi helado, tras pasar un buen rato en la cocina. Foto: Javier Sánchez
Mi helado, tras pasar un buen rato en la cocina. Foto: Javier Sánchez

¿Se habría inventado mi suegra la historia? Quise comprobar si era verdad que los helados del supermercado tienen la capacidad de desafiar al calor y evitar acabar derretidos. Para ello compré una caja de bombones de chocolate helados básicos, de los más económicos. Abrí uno, lo coloqué en un plato y lo puse en una zona de mi cocina en la que pega el sol. Pasadas dos horas, el resultado era éste:

Quise ir más allá así que, directamente, lo saqué al alféizar de la ventana. Al sol que más calienta. Allí se pasó unas cuatro horas. Tuve que ahuyentar a un pájaro que apareció con intención de picotearlo, pero esa fue la única amenaza con la que tuvo que lidiar el helado. Los rayos de sol no le hicieron casi efecto. Tras cuatro horas, el helado estaba casi para volver al paquete a excepción de un pequeño charquito de líquido lácteo...

¿Cuál es la solución a este enigma? ¿Por qué los helados ya no son como los de nuestra infancia, que se derretían de un modo majestuoso, pringándonos los dedos, la camiseta y todo lo que pillaban a su paso? Para intentar descifrar este misterio, me puse en contacto con uno de los mayores sobre ciencia y tecnología de los alimentos de España , Miguel Ángel Lurueña, que lleva 10 años ejerciendo una increíble labor divulgativa a través de su blog Gominolas de Petróleo. ¿Podría ayudarme él?

Cuatro horitas en la ventana y prácticamente intacto. Foto: Javier Sánchez
Cuatro horitas en la ventana y prácticamente intacto. Foto: Javier Sánchez

"Lo primero que hay que hacer es revisar cuidadosamente la lista de ingredientes", explica Lurueña. "Se trata de buscar las grasas saturadas que pueda haber en el alimento". Efectivamente, junto al chocolate, el azúcar y otros componentes habituales, nos topamos con grasa de palma y con aceite de coco. "Estas grasas se utilizan en la industria alimentaria para que los alimentos resulten más cremosos. A temperatura ambiente, son bastante sólidas, con lo cual no se derriten tan fácilmente", comenta.

Con estas grasas añadidas a los helados pasa como con el aceite de oliva. "Si te fijas, al dejarlo en un ambiente frío, empiezan a formarse bolitas blancas. Es el cambio de estado de las grasas saturadas. También ocurre con las grasas lácteas. En el caso de los quesos, por ejemplo, cuando sacamos uno del frigorífico también hay una parte que se vuelve líquida y otra que se queda en estado sólido".

Estas grasas se emplean en la industria heladera por varias razones: "La principal tiene que ver con lo que comentaba de que aportan una textura cremosa y agradable. La segunda razón es que estas grasas son mucho más baratas que las lácteas, con lo cuál se abarata el producto de manera significativa", añade el divulgador. "Al final es un helado ideal, porque se derrite poco y está bueno".

Los polos no contienen grasas saturadas. Foto: Getty Creative
Los polos no contienen grasas saturadas. Foto: Getty Creative

Lurueña aprovecha para abrir otro melón: estas grasas se incluyen obviamente en los helados de "crema" y no en los de "hielo" o "agua". "Es curioso, porque cuando éramos pequeños siempre se nos decía que optáramos por los helados de vainilla y de chocolate al considerar que tenían más 'alimento' que los polos clásicos de fresa o de limón. Sin embargo, ahora podemos concluir que son un poquito menos malos". Menos malos, que no buenos. "Claro, porque con los helados pasa lo mismo que con productos como las galletas. No existen en versión saludable, porque llevan mucho azúcar y no contienen apenas nutrientes". Lurueña explica, además, que los colorantes que se utilizan en los polos no tienen por qué ser perjudiciales para la salud. "Se suelen utilizar zumos de frutas, pigmentos vegetales... es una cuestión que no nos debe preocupar porque están muy controlados". 

Pero si no queremos renunciar a los helados de nata, vainilla o chocolate, una buena opción es mirar el etiquetado y comprobar cuáles son los ingredientes con los que están elaborados. Cuanto antes aparezcan las grasas de coco o de palma, más cantidad de ellas contendrán. Quizá podamos encontrar, oh milagro, uno que esté elaborado sin estas grasas y contenga solo nata, chocolate, azúcar y poco más. Tardará menos en derretirse bajo el sol del verano, pero estaremos seguros al cien por cien de que su contenido en grasas saturadas es menor. 

Más historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.