Ratko Mladic: la Justicia internacional ratifica su condena por el genocidio de Srebrenica

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Ratko Mladic
Ratko Mladic escuchó el veredicto este martes en el tribunal.

El excomandante serbobosnio Ratko Mladlic, conocido como "el carnicero de Bosnia", perdió su apelación.

Un tribunal de la ONU ratificó este martes la condena a cadena perpetua que le impusieron en 2017 por el genocidio de Srebrenica, en el que murieron unos 8.000 musulmanes, y otros crímenes de guerra y de lesa humanidad.

El veredicto tumbó una por una las alegaciones de la defensa, que había pedido la absolución de Mladic o, en su defecto, una reducción de la condena o la repetición del juicio.

Mladic es considerado uno de los generales más despiadados de la guerra de Bosnia: fue comandante de las fuerzas serbobosnias durante el conflicto que desangró los Balcanes entre 1992 y 1995 y es recordado sobre todo por su rol en la masacre de Srebrenica, la peor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

El excomandante fue arrestado en 2011 tras 16 años a la fuga, y fue uno de los últimos sospechosos en enfrentarse a juicio en el Tribunal Internacional Criminal de la ONU para la antigua Yugoslavia.

Desde su arresto, se encuentra en la unidad de detención de la ONU en La Haya.

Ratko Mladic
Ratko Mladic

La apelación

Según la defensa, en la condena de Mladic figuraban una serie de sucesos durante la guerra de Bosnia, como bombardeos e incidentes con francotiradores, que no deberían vincularse con el papel de Mladic como jefe militar.

Sin embargo, en el veredicto se concluyó que los abogados del exlíder serbobosnio "no pudieron demostrar ningún error en la evaluación" de la sala que lo condenó en primera instancia, dijo la jueza de apelaciones Prisca Matimba Nyambe, que hizo la lectura pública de la sentencia en segunda instancia este martes.

Por otro lado, los jueces desestimaron una petición de la Fiscalía para añadir una segunda condena de genocidio por una campaña militar en cinco municipios de Bosnia para expulsar a los no serbios entre 1992 y 1995.

Durante su audiencia de apelación en agosto, Mladic se mostró desafiante y cargó contra el tribunal, tildándolo de títere "de los poderes occidentales".

Radovan Karadzic (derecha) y su general Ratko Mladic
Mladic (izquierda) fue general bajo el líder serbiobosnio Radovan Karadzic. Foto de archivo, de 1995.

Su equipo de abogados argumentó que el excomandante estaba lejos de Srebrenica cuando ocurrió la masacre.

La audiencia prevista para el pasado agosto fue retrasada por los problemas de salud de Mladic y las restricciones de coronavirus.

Este martes, Mladic estuvo presente en el tribunal e hizo gestos de negación al principio de la sesión, agachando la cabeza cuando tuvo que levantarse para escuchar la sentencia en segunda instancia, que es definitiva.

En 2016, la misma corte condenó al otrora líder serbiobosnio Radovan Karadzic —quien fue presidente de la República Srpska, uno de los dos entes autónomos en que se dividió Bosnia tras el fin de la guerra (1992-1995)— de planificar esa misma masacre, entre otros crímenes.

La sentencia inicial de 40 años de prisión por genocidio y crímenes de guerra fue posteriormente aumentada a cadena perpetua en 2019.

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Larga espera para que se haga justicia

Análisis de Anna Holligan, corresponsal de la BBC en La Haya

"Tiene sangre en sus manos", me dijo Munira Subasic cuando la visité en su casa, a un paso de los campos de exterminio de Srebrenica.

Ratko Mladic fue el ejecutor de una trama política, diseñada desde la cúspide, para hacer desaparecer a parte de la población musulmana de Bosnia.

La limpieza étnica empezó con persecución -la propaganda hizo que los vecinos se volvieran unos contra otros- y para muchos miles acabó cuando los hombres de Mladic arrasaron la base de la ONU en Potocari, una zona designada segura.

Fue ahí donde el hijo de 17 años de Munira fue arrancado de sus brazos cuando trataba de asegurarle que todo iría bien.

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Veintidós miembros de su familia murieron en el genocidio.

Mladic pasó 16 años fugitivo, y muchos temieron que no viviría para enfrentar este juicio legal.

Munira viajó a La Haya para ser testigo del momento que cree que le traerá paz.

Los fiscales aquí esperan que este juicio envíe un mensaje que resuene en la región y más allá: que la justicia retrasada no significa justicia denegada.

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