Las diferencias entre Rafael Nadal y Novak Djokovic están dejando a la ATP sin liderazgo

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Rafael Nadal y Novak Djokovic deben aparcar sus diferencias por el bien de la ATP. Foto: Tim Clayton/Corbis via Getty Images
Rafael Nadal y Novak Djokovic deben aparcar sus diferencias por el bien de la ATP. Foto: Tim Clayton/Corbis via Getty Images

La ATP y la WTA fueron inventos de valientes. De hombres y mujeres de distintas nacionalidades e intereses que se pusieron de acuerdo en plantarle cara a la arbitrariedad de la Federación Internacional de Tenis y los distintos Grand Slams. Hombres y mujeres que, ante la presión, decidían a una boicotear el torneo que hiciera falta o montar el suyo propio. La ATP y la WTA son, en buena medida, un ejemplo de convivencia entre naciones, de nomadismo internacionalista y de sindicatos que defienden -o al menos lo intentan- los derechos de sus afiliados, que son todos los tenistas profesionales.

Por eso mismo, choca lo tibias que se están mostrando ambas organizaciones ante la decisión de Wimbledon de dejar fuera de su torneo a todos los jugadores rusos y bielorrusos. Esto no es una cuestión de guerras ni es una cuestión de dictadores, es un ataque a la concepción misma de estas organizaciones supranacionales. Un ataque a su intento, allá por los años setenta, de desvincularse de cualquier poder político e implantar sus propias normas. Un ataque que parece que no encontrará respuesta... pese a que dos de los tres mejores jugadores de la Era Open están de acuerdo en que la medida es un atropello.

Rafael Nadal declaró este fin de semana a su llegada a Madrid su descontento con la situación y dejó caer un "habrá que hacer algo", sin especificar muy bien el qué. Semanas antes, Novak Djokovic, número uno del mundo y capaz de mantener la misma amistad con Daniil Medvedev (ruso) que con Sergei Stakhovski (ucraniano, en el frente defendiendo su país), había utilizado términos muy parecidos. Se entiende que la WTA está en un momento complicado de falta de liderazgo y personalidades determinantes... pero, ¿cómo es posible que Nadal y Djokovic, 41 grandes entre ambos y 500 semanas como números uno, piensen lo mismo respecto a una cuestión, pero no puedan unirse en un frente común?

Es cierto que se trata de un tema complejo, incluso en términos de relaciones públicas: es fácil identificar un apoyo a los tenistas rusos con un apoyo a Rusia con un apoyo a Putin en su criminal invasión de Ucrania. Se entiende que los jugadores anden con mucho cuidado en sus movimientos. Lo que no se entiende tanto es que no se muevan: son populares, tienen millones de aficionados que les comprenden, tienen medios dispuestos a darles voz, tienen una misma opinión y tienen la oportunidad de defenderla más allá de lo que diga Andrea Gaudenzi, el tibio presidente de la organización.

Mar 28, 2022; Miami Gardens, FL, USA; Daniil Medvedev salutes the crowd after his match against Pedro Martinex (ESP)(R) in a third round men's singles match in the Miami Open at Hard Rock Stadium. Mandatory Credit: Geoff Burke-USA TODAY Sports
Daniil Medvedev, ex número uno del mundo, sería uno de los más perjudicados de mantenerse la sanción contra tenistas rusos y bielorrusos por parte de Wimbledon.

Geoff Burke-USA TODAY Sports

El ejemplo de Wimbledon sigue la máxima del famoso poema de Martin Niemöller: "Primero fueron a por los comunistas, pero yo no era comunista...". Si se permite que un gran torneo decida arbitrariamente quién compite y quién no según factores que no tienen nada que ver con el deporte, ¿qué será lo próximo? El tenis, como la Fórmula Uno, como el golf tienen el atractivo de lo apátrida. Un griego contra un ruso contra un serbio contra un murciano contra un canadiense. Algunos serán unas personas excelentes, otros serán unos impresentables. Pero todo son tenistas profesionales. Y, como tales, si se lo ganan en los demás torneos, deberían poder participar en los cuatro grandes.

Tanto derecho tiene Wimbledon -que no funciona bajo el control de la ATP, pues esos cuatro grandes mantienen un estatus especial concedido por la ITF- de marcar sus propias normas como los jugadores profesionales de decidir no participar en dicho torneo. Unirse y boicotearlo... o al menos negociar algunas exenciones de algún tipo y que no paguen justos por pecadores. Intentar algo, más allá de no dar puntos para el ránking, el colmo de la tibieza y el cálculo.

Yo no sé si Djokovic y Nadal tienen razón al defender a sus compañeros rusos y bielorrusos -el silencio de Federer al respecto es sorprendente, la verdad-, pero sí sé que están de acuerdo en defenderlos. Gaudenzi puede ir a negociar lo que le dé la gana que no le van a hacer ni caso. Otra cosa sería que fueran a negociar las dos super estrellas. Que intentaran conseguir un cierto consenso entre los demás tenistas, que incentivaran reuniones al más alto nivel y que buscaran una postura común. No puede ser tan difícil de hacer.

Pero, de momento, todo parece que quedará en que si los puntos tal o cual y en declaraciones en rueda de prensa. Obviamente, la mala relación entre Nadal y Djokovic, agravada tras la situación del serbio en Australia, tiene mucho que ver. No es fácil verles liderando juntos nada y es una pena. Insisto: no se trata de Putin ni de Mariúpol ni de Bucha. Se trata de la propia concepción de la ATP como entidad supranacional en la que cada profesional solo responde por sí mismo y por sus actos. Algo por lo que merece la pena luchar incluso si, por el camino, se benefician auténticos bandidos morales.

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