Rafael Correa, el expresidente que nunca quiso renunciar al poder

Ramiro Pellet Lastra

Tras diez años como presidente de Ecuador, Rafael Correa pareció retirarse en 2017 a una apacible vida académica en Bélgica, donde se mudó con su familia. Pero, en los hechos, este referente del socialismo del siglo XXI nunca perdió influencia.

Al frente del gobierno desde 2007, Correa puso freno a las recurrentes crisis que hacían de la presidencia ecuatoriana el cargo más inestable del mundo. También estabilizó la economía, invirtió en salud y educación, mejoró los ingresos y las condiciones de los trabajadores y consiguió reducir la pobreza un 30%. Esos logros lo volvieron un líder popular y lo hicieron el presidente con más años consecutivos en la historia del país.

Claro que el costo fue alto. Con el manual bolivariano bajo el brazo, Correa ejerció el poder sin contrapesos, cambió la Constitución, puso bajo su ala a los sindicatos y los movimientos sociales y emprendió una campaña contra la prensa independiente.

Con la nueva Constitución se presentó por segunda vez a elecciones en 2008, cuando ganó con el 52% de los votos, y de nuevo cuatro años después, cuando ganó con el 57%.

El conflicto más memorable con la prensa fue el juicio a tres periodistas del diario El Universo, y al diario mismo, por calumnias e injurias en una nota de opinión. La Justicia falló dócilmente a favor de Correa y condenó a los periodistas a tres años de cárcel, además de una indemnización de 40 millones de dólares. Como un monarca magnánimo, sin embargo, Correa renunció a cobrar el resarcimiento y dijo que los "perdonaba".

Reacio a la libertad de prensa en su país, sorprendió al mundo cuando le dio asilo al hacker australiano Julian Assange en la embajada ecuatoriana en Londres. El ciberactivista y fundador de WikiLeaks estaba en la mira de Estados Unidos por haber revelado secretos diplomáticos y era buscado por la Justicia sueca por un caso de abuso sexual.

En el terreno internacional, Correa fue el brazo derecho de Chávez en su cruzada bolivariana, esto es, el intento por promover y defender a dirigentes que compartían sus mismas convicciones ideológicas y el mismo estilo de mando centralizado.

Igual que Venezuela, tuvo roces con Colombia por las guerrillas de las FARC, a las que pareció proteger o al menos tolerar. El incidente más grave fue cuando el gobierno de Juan Manuel Santos lanzó, en 2008, una redada para matar al líder guerrillero Raúl Reyes, que estaba instalado con sus hombres en un campamento del otro lado de la frontera.

Cuando cayó el precio del crudo, los problemas reemplazaron a las soluciones y el gobierno de Correa se encontró corto de fondos para financiar la "revolución ciudadana", el nombre de su modelo. El 24 de mayo de 2017, luego de diez años de gobierno, fue sucedido por Lenín Moreno, su antiguo vicepresidente. Pero el delfín demostró tener ideas propias y pronto los dos compañeros se distanciaron y se volvieron enemigos.

Correa se instaló en Bélgica con su familia, pero aún a la distancia siguió rivalizando con Moreno. El gobierno ecuatoriano incluso apuntó contra él y contra venezolano Nicolás Maduro de ser uno de los principales factores detrás de las violentas protestas del mes pasado.