La radiografía del poder libanés ante unos comicios sin el histórico Hariri

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Beirut, 12 may (EFE).- El boicot del principal partido suní del Líbano a las elecciones parlamentarias de este domingo abre la puerta a un cambio en los equilibrios de poder dentro del hemiciclo, donde también podría reajustarse la actual jerarquía de las formaciones cristianas, sin que Hizbulá y sus aliados pierdan la batuta en el sector chií.

El pasado enero, el ex primer ministro Saad Hariri anunció que abandonaba la política, después de verse obligado a dimitir en 2019 en medio de fuertes protestas contra la clase dirigente y de no lograr formar gobierno por falta de consenso político al volver a ser nombrado para el puesto un año más tarde.

El hijo del asesinado dirigente Rafic Hariri pidió la misma decisión a sus compañeros de la formación suní Corriente de Futuro, que fundó en 2007 y que no concurre a los comicios pese a haber obtenido trece escaños en la última cita electoral, celebrada en 2018, asientos que quedan ahora al alcance del mejor postor.

LOS PARTIDOS CRISTIANOS Y LA PRESIDENCIA

En el actual Legislativo libanés, el cristiano Movimiento Patriótico Libre ostenta el mayor número de diputados y, si bien parece haber perdido apoyos en los últimos tiempos, seguirá siendo con casi total seguridad una de las fuerzas que dominará las dinámicas en la próxima Cámara.

El partido fue fundado por el presidente libanés, el maronita Michel Aoun, aunque en la actualidad está liderado por su yerno Gebran Basil, una figura significativamente impopular sobre la que pesan sanciones internacionales por corrupción.

El mandato de Aoun, octogenario exjefe del Ejército, expira el próximo octubre y no podrá volver a ocupar el puesto hasta trascurridos seis años, lo que ha desatado temores a una posible prórroga de sus poderes o a que busque promover a Basil como su predecesor.

En el país mediterráneo, la jefatura de Estado debe ser ocupada por un cristiano, del mismo modo que el primer ministro tiene que ser musulmán suní y el presidente del Parlamento, chií.

Solo por detrás del Movimiento Patriótico Libre, las Fuerzas Libanesas, una destacada milicia durante la guerra civil librada en el país entre 1975 y 1990, convertida posteriormente en partido político, son la segunda fuerza cristiana del actual Parlamento.

El pasado octubre, presuntos francotiradores vinculados a las Fuerzas Libanesas se enzarzaron con simpatizantes de Hizbulá y su aliado también chií Amal, en los peores enfrentamientos armados ocurridos en años en la capital, donde murieron siete personas durante una protesta.

Pese a que el grupo encabezado por Samir Geagea ha negado reiteradamente las acusaciones, la retórica podría favorecerle de cara a los comicios al presentarle como una alternativa cristiana de peso opuesta al todopoderoso Hizbulá.

LOS BLOQUES CHIÍES Y LA EXPLOSIÓN

Contra todo pronóstico, Hizbulá se convirtió hace 16 años en un aliado del Movimiento Patriótico Libre de Aoun, un entendimiento que todavía perdura pese a que las relaciones entre ambos se tensaron en los últimos meses.

El movimiento político y armado chií logró más de una decena de asientos en las últimas legislativas; gobierna de facto la región meridional del Líbano y otros bastiones en el este del país; y mantiene fuertes vínculos con Irán, además de apoyar militarmente al presidente sirio, Bachar al Asad.

Junto a Amal, Hizbulá ejerció un bloqueo de meses al Consejo de Ministros y organizó la protesta que en octubre degeneró en un estallido de violencia en Beirut, en ambos casos buscando la destitución del juez investigador a cargo de la explosión en el puerto de la capital libanesa que en 2020 causó más de 200 muertos y 6.500 heridos.

Dos exministros de Amal, entre otros altos cargos, son sospechosos de negligencia en el caso y han sido acusados reiteradamente de obstruir la pesquisa.

Amal cuenta con una presencia en el Hemiciclo muy similar a la de Hizbulá, por lo que la alianza entre estos dos grupos otrora enfrentados en el campo de batalla permite a ambos dominar con holgura las dinámicas en el sector chií del Líbano.

Además, el poderoso líder de Amal, Nabih Berri, es desde hace casi 30 años el presidente del Parlamento libanés, cargo para el que fue escogido por primera vez en octubre de 1992 y para el que ha salido reelegido una y otra vez desde entonces.

UNA OPOSICIÓN FRAGMENTADA

Una miríada de otros grupos de menor alcance, entre los que destaca el Partido Socialista Progresista, laico pero vinculado a la minoría drusa, se repartieron en 2018 algo menos de una cuarta parte de los asientos del Hemiciclo.

Otro tanto fue a parar a manos de candidatos independientes o sin afiliación reconocida.

En esta ocasión, concurre un gran número de grupos opositores, miembros de la sociedad civil y candidatos reformistas emanados de un masivo movimiento de protesta iniciado a finales de 2019 contra la clase dirigente, y que buscan acabar con la oligarquía de los partidos tradicionales.

Pese al clima de descontento popular por la corrupción, la crisis económica y la explosión en Beirut, estas formaciones alternativas son criticadas por no haberse unido en un frente común y todo apunta a que Hizbulá y sus aliados se mantendrán como la fuerza de más peso en el Hemiciclo.

Noemí Jabois

(c) Agencia EFE

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