La radiación nuclear me dañó, pero me convertí en atleta de primer nivel

Oksana Masters / @OksanaMasters
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CUANDO NACÍ, en Jmelnitsky, Ucrania, en 1989, me faltaban ambas espinillas y mi pierna izquierda era 15 centímetros más corta que la derecha. Cuando era niña la llamaba mi “pierna pequeña”. Me encantaba y me iba a dormir agarrándola. Mis dedos de los pies y mis manos también estaban dañados, pues no tengo pulgares en las manos. Me falta un riñón, parte de mi estómago y no tengo un bíceps completo en mi brazo derecho.

Los médicos han dicho que la exposición a la radiación, mientras estaba en el útero, causó mis defectos de nacimiento, pero es difícil precisar si fue causada por la radiación del desastre de la planta de energía nuclear de Chernóbil, en 1986. Los niveles de radiación fueron altos en Ucrania durante años y mis padres viajaban allá cuando mi madre estaba embarazada.

Mis padres biológicos me dieron en adopción cuando nací. Viví en tres orfanatos ucranianos diferentes, pero solo tengo recuerdos vívidos del último. Puedo imaginarme el comedor y sus techos altos porque era el lugar al que acudían los futuros padres cuando estaban interesados en adoptar.

Aunque sabía que tenía dolor y notaba que mis manos y mis piernas eran diferentes a las de otros niños, no entendía qué pasaba. No me daba cuenta de que era diferente.

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Mi madre adoptiva vio una foto mía cuando yo tenía cinco años. Ella tuvo que superar muchos obstáculos para adoptarme. Tardó dos años en concretar la adopción y lo hizo todo como madre soltera. Tengo un recuerdo muy vívido de ella recogiéndome del orfanato a mis siete años. En ese momento solo tenía miedo de dos cosas sobre mudarme a Estados Unidos: volar sobre el océano y aprender inglés.

Mi madre había mostrado fotos mías a los médicos en Estados Unidos antes de que me mudara. Le dijeron que tendrían que amputarme la pierna izquierda lo antes posible. Cuando llegué al país estaba desnutrida, y cuando me bañé, por primera vez, dejé el agua negra. Los médicos dijeron que, si me hubiera quedado en Ucrania, no habría vivido más allá de los diez años. A medida que crecí comencé a diferenciar entre lo que era normal, y lo que yo había vivido no lo era. Entonces me di cuenta de la magnitud de lo que hizo mi mamá. Salvó mi vida.

En lugar de que amputaran la pierna inmediatamente, mi madre esperó un año para que pudiera crear un vínculo con ella y pudiera aprender inglés. Después de mi primera amputación nos mudamos de Nueva York a Kentucky y, en 1997, intenté remar por primera vez. No quería hacerlo porque era un deporte de adaptación y no quería que me agruparan en un grupo solo porque tenía una prótesis de pierna. Sin embargo, lo probé un día y me enamoré. Nunca me había sentido tan libre o tan poderosa. Descubrí mi cuerpo y mi fuerza. También fue muy bueno para mi salud mental.

TENÍA MUCHAS GANAS DE VOLVER AL AGUA

Luego, a los 13 años, me dijeron que también tendrían que amputarme la pierna derecha. La segunda amputación ocurrió a mis 14 años. Estuve en el hospital casi seis meses con mucha fisioterapia para volver a aprender a caminar. Experimenté ansiedad y depresión, quizá porque no tenía un modelo a seguir que se pareciera a mí.

Tenía muchas ganas de volver al agua para remar. El director del programa del que formaba parte sugirió que debía competir en los Juegos Paralímpicos. ¡Yo ni siquiera sabía qué eran!

No logré entrar en el equipo nacional para las olimpiadas de verano, en 2008, en Pekín, China, pero eso me impulsó a ser parte de las competencias olímpicas de Londres, en 2012. Allí gané la medalla de bronce en remo doble scull mixto. Luego, en el Campeonato Mundial de Remo de 2013, en Corea del Sur, me lesioné la espalda. Eso me sacó de remar para siempre.

En lugar de rendirme probé el esquí de fondo y me encantó. Descubrí los Juegos Paralímpicos de Invierno de 2014, en Sochi, Rusia, y comencé a entrenar para ellos. Una de las razones por las que me quedé con el esquí fue por lo cerca que está Sochi de Ucrania. Quería volver e intentar encontrar a mis padres biológicos. Me gustaría ver cómo se ven. Siempre he tenido mucha curiosidad. No los encontré en 2014, pero aún no renuncio al sueño de encontrar a mi familia biológica.

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La atleta paralímpica también competirá en las olimpiadas de invierno de 2022 en Pekín. Foto: Lintao Zhang/Getty

Sochi fue increíble. Es increíble ganar como equipo, pero esquiar me dio la oportunidad de triunfar como atleta independiente. Gané una medalla de plata en la carrera de 12 kilómetros de mujeres, y otra de bronce en la carrera de 5 kilómetros de mujeres. Mi medalla de plata fue la primera medalla olímpica o paralímpica en esquí de fondo para Estados Unidos en 20 años.

Antes de viajar a esa competencia también tuve dificultades. Vivía en Colorado para entrenar, pero calculé mal mi alquiler en el lugar que rentaba y no quise pedirle ayuda económica a mi mamá. Me avergonzaba volver a pedirle ayuda luego de lo mucho que me había apoyado. Así que, durante tres días, antes de irme a Sochi, dormí en mi coche y comí muchas espinacas.

En 2014, después de Sochi, comencé a andar en bicicleta y he competido como ciclista de paralímpicos desde 2016. Cuando escuché que los juegos de Tokio 2020 se habían pospuesto por la pandemia de COVID-19 fue un alivio. Por supuesto, la pandemia es terrible por muchas razones, pero como atleta de doble temporada el retraso me permitió dedicar algunas horas extra de entrenamiento que de otra manera no habría tenido. Por otro lado, la ventana entre Tokio y los Juegos Paralímpicos de Invierno de 2022 en Pekín, China, ahora es mucho más pequeña. La ceremonia de clausura en Tokio y la ceremonia de apertura en Pekín están separadas por seis meses. Al principio eso me intimidó, pero ahora solo me estoy concentrando en ver hasta dónde puedo llegar.

PREFIERO LUCHAR CONTRA LA GRAVEDAD

Me perdí las medallas en los paralímpicos en Río de Janeiro, Brasil, en 2016, pero sé lo que hice mal y tenía menos experiencia en ese momento. La trayectoria era más plana y yo soy pequeña en comparación con los otros competidores. Un campo llano no favorece a alguien que es pequeño. Mis compañeros de equipo me llaman “cabra” porque me encanta escalar montañas. Prefiero luchar contra la gravedad. El campo en Tokio es accidentado, así que estoy emocionada. Estoy compitiendo en pruebas de ciclismo de ruta y contrarreloj y mi objetivo es formar parte también del equipo de relevos. Luego, en Pekín, competiré en todos los eventos de esquí de fondo y biatlón.

Andrea Eskau de Alemania es una de las principales competidoras, tanto en ciclismo como en esquí de fondo. Es más experimentada y es una ciclista capacitada que se lesionó y se convirtió en ciclista paralímpica. Empecé a vencerla en esquí de fondo y biatlón, pero todavía me lleva la delantera en ciclismo. Sin embargo, quedar en segundo lugar después de alguien que ha estado en el nivel más alto y que físicamente es capaz y ahora está en el nivel más alto como atleta paralímpico definitivamente me impulsa a ser mejor.

A menudo, cuando estoy en el podio, pienso en lo lejos que he llegado. En los Juegos Paralímpicos de Invierno de 2018 en Pyeongchang gané el oro en la carrera de sentado de 5 kilómetros para mujeres y en la carrera de Sprint de kilómetros. Siempre lo he sabido, pero poder finalmente mirar hacia abajo a la cara de mi madre después de recibir mis medallas de oro realmente me hizo darme cuenta de lo lejos que he llegado. Había pasado de ser una niña pequeña que no tenía nadie ni voz, a estar de pie en el lugar más alto del podio con la gente mirándome, apoyándome y animándome.

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Mi mamá dice que siempre supo que lo tenía en mí. Quizá sea esa experiencia arraigada de tener que luchar por las cosas en el orfanato y a menudo dudo de mí misma antes de una carrera, así que la llamo y ella me pone todo en perspectiva. Me recuerda que siempre he sabido qué hacer.

Ahora tengo 31 años y he ganado ocho medallas paralímpicas. Tengo mucho tiempo por delante y a menudo pienso que los Juegos Paralímpicos de Verano de 2028, en Los Ángeles, serán la mejor manera de terminar mi carrera paralímpica compitiendo en casa.

No creo que esté lista para hacer la transición fuera del deporte hasta que pueda cruzar la línea de meta y no arrepentirme de un aspecto del evento, ya sea sobre nieve o en bicicleta. Todavía estoy persiguiendo esa carrera perfecta. N

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Oksana Masters es una atleta paralímpica estadounidense que compite en esquí de fondo, biatlón nórdico y ciclismo. Puedes seguirla en Instagram: @oksanamasters. Todas las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a la autora. Publicado en cooperación con Newsweek. Published in cooperation with Newsweek.