Obispo emérito Raúl Vera: "Lo que veíamos en los indígenas, hoy lo viven todos los mexicanos: la misma segregación, la misma opresión"

Marcos González Díaz - Corresponsal de BBC News Mundo en México
·7  min de lectura
Raúl Vera
El obispo Raúl Vera se retiró en enero tras dos décadas al frente de la diócesis de Satillo, México.

Raúl Vera ríe cuando se le pregunta si se considera un revolucionario o un miembro rebelde de la Iglesia, como muchos lo definen.

Pero escucharlo repasar con pasión sus 75 años de vida deja claro que la labor del reconocido obispo mexicano no ha sido la de un religioso cualquiera.

Su discurso y acción ha estado siempre del lado de los más vulnerables. Ha apoyado activamente a migrantes, campesinos y la comunidad LGBTI. Ha criticado ferozmente los abusos de poder y la violencia del narco, lo que le ha valido recibir no pocas amenazas.

También del Vaticano recibió llamadas de atención. En los 90, levantó ampollas entre algunos cardenales de Roma por su lucha incansable para que los indígenas de Chiapas tuvieran mejores condiciones de vida en pleno levantamiento del movimiento zapatista.

A finales del pasado mes de enero, Vera se despidió de la diócesis de Saltillo, en el estado de Coahuila en la frontera con EE.UU.

"Don Raúl" ofreció su última misa como obispo con su estilo único: ante fotos de personas desaparecidas y de los 65 mineros que murieron atrapados en una mina del estado en 2006 y cuyos cuerpos nunca fueron recuperados.

El ya obispo emérito colgó los hábitos simbólicamente pero, alerta en conversación con BBC Mundo, no piensa cesar en su labor de defensa de los derechos humanos (esta entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad).

¿Qué balance hace de todas estas décadas de lucha por los derechos humanos?

El trabajo en que yo más me enfoqué fue el de generar una Iglesia con un espíritu liberador, que removiera las causas de la desaparición forzada, de la pobreza, de la sumisión y del abandono de los campesinos, de los migrantes, de los mineros del carbón…

A mí me preocupó organizar una Iglesia madura, bien organizada, que empieza así a dar frutos y tiene capacidad de remover causas.

Raúl Vera en manifestación de familiares de desaparecidos
Raúl Vera ha apoyado activamente la búsqueda de familiares de personas desaparecidas en México.

¿Entiende que usted sea noticia por su firme activismo, o más bien la noticia deberían ser los religiosos que no se dedican a lo mismo que usted?

¿Qué debo decirle? Es de desear que la Iglesia sea muy fuerte. La Iglesia es un pueblo que camina con el mundo. Ella le da al mundo y también recibe enseñanzas del mundo.

La estructura del Estado es para generar el bien de todos. Pero cuando en las políticas públicas se mete la corrupción, la ambición y el egoísmo, eso se desparrama de manera terrible. Y ahí, nuestro silencio como Iglesia por supuesto que daña.

Hace más de 20 años que salió de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, donde tuvo un papel importante en el proceso de paz tras el levantamiento zapatista. Su diócesis no condenó el movimiento y apoyó a la población indígena en la lucha por sus derechos, lo que no fue entendido por todos…

En aquella época, teníamos que ayudar a sacar de la pobreza y de la opresión a tanta gente en el continente latinoamericano… y la Iglesia tenía que hacer una opción por la justicia.

Y eso, visto a la luz de la Guerra Fría entre el capitalismo y el comunismo de entonces, pues se dieron vuelo a decir que los obispos estábamos saliéndonos del foco de los evangelios.

Al papa Juan Pablo II, que venía detrás de la "cortina de hierro" a gobernar la Iglesia, los cardenales latinoamericanos en Roma empezaron a decirle que los obispos en la región nos habíamos metido al socialismo, al comunismo, al marxismo… cosas de esas.

¿Y qué similitudes encuentra entre aquella situación que vio en Chiapas y la actual de México?

En cuestión de derechos humanos, es evidente que México ha retrocedido.

Lo que nosotros veíamos en los indígenas, hoy lo viven todos los mexicanos: la misma segregación y la misma opresión que tenían los chiapanecos en ese tiempo, ahora lo tiene todo el pueblo mexicano. Hoy, todo México es Chiapas.

El sistema económico neoliberal ha generado inequidad. Las diferencias abismales entre la riqueza y la pobreza las ha agrandado el modelo en el mundo entero, y en México no somos distintos. Y esto es evidente porque la voracidad de los que tienen poder no termina.

Raúl Vera en Chiapas
Vera fue obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, entre 1995 y 1999.

¿Cuál es la gran tragedia para el México de hoy?

La gran tragedia que vivimos hoy es la tragedia de la corrupción.

Nuestra tragedia es que la injusticia se ha asentado en nuestros congresos, y algunos diputados y senadores se han convertido en mercaderes en los últimos años.

Realiza un trabajo incansable por defender los derechos de los migrantes que tratan de llegar desde México a EE.UU. ¿Espera cambios con el nuevo presidente Joe Biden? ¿Qué opina de lo que ha hecho el gobierno mexicano al respecto?

No solo por Donald Trump, los migrantes desde siempre han padecido esta complicidad de México con EE.UU. para que no consigan llegar al norte.

Si algún lugar de México padecía impunemente violaciones a los derechos humanos eran las rutas de los migrantes que pasaban por México desde Centroamérica. Allí han podido hacer lo que les da la gana.

Eso es, para mí, una tragedia humanitaria que abre unas heridas terribles en esta generación que estamos viviendo y por la que se nos va a juzgar muy severamente.

¿Cuántas veces le llamaron la atención desde el Vaticano?

Me llamaron la atención un par de veces, especialmente por mi trabajo con los homosexuales.

La primera vez, me hicieron desbaratar el trabajo que tenía con un grupo de la comunidad LGBTI que me ayudaba a entrar en la comunidad más amplia.

Después, por una conferencia que di y que se publicó en YouTube, en la que les decía: "ustedes son eso por naturaleza y que ustedes nos deben ayudar en la Iglesia a hacer un trabajo pastoral con ustedes mismos".

Vera con un grupo LGBTI
Vera ha apoyado abiertamente al colectivo LGBTI.

Sus duras críticas al crimen organizado y su apoyo a las familias de desaparecidos le han hecho recibir multitud de amenazas. ¿Nunca pensó en tirar la toalla?

No, nunca. Desde luego no es agradable y, sobre todo lo que a mí me pesa más, es cuando las amenazas son para las personas que trabajan conmigo en mi equipo.

Pues a mí si me matan… que me maten. Pero a las personas que trabajan conmigo me duele. Pero ¿ceder? Ceder ante el mal es traicionar el Evangelio.

A la vista de todo su trabajo, ¿no se ve un "revolucionario" o rebelde de la Iglesia, como muchos lo catalogan?

No, yo no me veo así (ríe). No me veo así porque no me siento eso. Sería loco. Yo todo lo hago desde el Evangelio, desde la responsabilidad de cuidar a mis ovejas y por ellas me meto enfrente.

Un jefe de las Fuerzas Armadas me mandó decir mediante un hermano obispo que me estaban perdiendo la confianza, que qué pena, etc... Pues yo no trabajo para ellos, yo trabajo para el Evangelio y mientras se estén matando a los indígenas yo los voy a defender. Lo he hecho siempre.

Si el pastor no defiende a las ovejas, ¿pues qué pastor es?

Vera tras una misa
Raúl Vera cuelga los hábitos pero no abandona su activismo.

Ahora que dejó su cargo como obispo de Saltillo, ¿a qué se dedicará Raúl Vera?

Sigo teniendo obligaciones morales aquí con proyectos como el de los migrantes, que es algo que me preocupa mucho, y también con el Centro de Derechos Humanos acompañando a los familiares.

Seguiré estando para responder por algunas cuestiones con tal de que la diócesis no deje de ofrecer un servicio.

Seguiré pendiente de toda la gente con la que me comprometí y a la que no puedo decir: "yo ya acabé, a ver qué hacen". Tengo obligaciones con ellos.

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