Las raíces de Vox, el partido de ultraderecha que irrumpió en España

Silvia Pisani

MADRID.- Montado a caballo, con música épica y aludiendo a la Reconquista que signó la historia antigua de España. Así se presentó en su video de campaña el líder de Vox, el partido radical de derecha que, con su mayor victoria en 40 años de democracia, que obtuvo anteayer en Andalucía, acaba de provocar un terremoto político en España. Una evolución tan sorprendente como la que años atrás tuvo la izquierda radical de Podemos.

De ese modo, de la mano de un partido que hasta hace poco no figuraba como alternativa posible, España quebró el invicto de ser el único de los países de mayor territorio dentro de la Unión Europea (UE) que no tenía fuerzas políticas de derecha radical.

"Tenemos que hacer un llamado, una alerta contra el fascismo", decían dirigentes de izquierda, los más castigados por el fenómeno que, hasta horas antes de la elección, no habían visto venir.

Muchos en Europa celebraban. Marine Le Pen, de la ultraderecha xenófoba francesa, fue la primera. "El de Vox es un resultado muy significativo para un movimiento joven y dinámico", sostuvo.

Fue un golpe muy duro para el socialista Pedro Sánchez, en el gobierno de España desde junio último. "Mi gestión seguirá impulsando un proyecto regenerador y europeísta", dijo.

Lo de "regenerador" abrió más de una interpretación. Sobre todo cuando lo que se viene pidiendo a la izquierda en el poder es que ejerza la autocrítica que reclama a otros.

De todos modos, grupos de izquierda montaron manifestaciones de protesta "en desacuerdo" con el resultado electoral que consagró al joven partido como fuerza potencialmente clave para la formación de alianzas de gobierno en Andalucía. "En vez de protestar tendrían que haber ido a votar", se les respondió desde la joven agrupación.

¿Qué es lo que define a Vox? Básicamente, un sentido nacionalista. Una política de sentimientos contra el miedo a que el país se deshaga por tensiones separatistas.

"Soy español... soy español" es el estribillo que nunca falta en sus actos de campaña. Como ninguna otra agrupación de nivel nacional, Vox se apoya en la idea de unidad de España, rechazo a las autonomías, mayor centralismo de Madrid y mano dura con los inmigrantes, sobre todo con los que cometieron delitos.

Transpira un populismo con reminiscencias del que ejerce el norteamericano Donald Trump, con desprecio por "las ideas blandas" de sus adversarios, a quienes llama "veletas". Vox combate las "políticas de género" y se emparenta con Mateo Salvini o Le Pen en su prédica contra la inmigración, para la que pide "mano dura".

"España primero" es el grito de su líder, Santiago Abascal, un sociólogo de 42 años, nacido en el País Vasco. Ex militante del Partido Popular (PP), por el que llegó a ser concejal en un pueblo de Álava, Abascal dejó la agrupación tras cuestionar por "traidor" al expresidente Mariano Rajoy y considerar "muy blandas" las posiciones del partido y de su gobierno, sobre todo, ante el desafío independentista catalán.

Amante de la tauromaquia -a la que quiere declarar patrimonio cultural-,de la caza y de las tradiciones de la tierra, hace años que Vox cabalga poco menos que en la irrelevancia política, ignorado por los votantes. Sin embargo, en un vuelco poco común, esos mismos votantes lo acaban de respaldar.

Vox acaba de pasar de no tener ningún diputado a cosechar 12 en el Parlamento regional de Andalucía, una de las zonas más postergadas de España. La mayoría de las encuestas le daban solo un escaño.

Con ese caudal es ahora actor protagónico para formar gobierno en Andalucía y todo un desafío para el posicionamiento del resto de las fuerzas que podrían tenerlo de aliado para desplazar al castigado socialismo del gobierno regional.

"Nosotros no seremos obstáculo para desalojar de una vez al socialismo corrupto y al comunismo chavista de Andalucía", dijo Abascal. Lo del "comunismo chavista" es por su caracterización de la izquierda radical de Podemos.

Justamente Podemos, el partido que podría ser su reflejo en el otro extremo del arco ideológico, acaba de llamar a formar "un cordón sanitario para impedir que el fascismo avance en España", propuesta a la que ninguna otra fuerza se ha sumado.

Paralelo al sorpresivo crecimiento de Vox, lo ocurrido en Andalucía es un mensaje por elevación al presidente Pedro Sánchez, en el preámbulo de un año electoral.

¿Qué hará Sánchez ahora? ¿Adelantará elecciones el gobierno socialista? El revés sufrido en Andalucía, donde los socialistas pueden perder el gobierno que detentaron durante las cuatro décadas de democracia, es un mensaje que el presidente español no terminó de digerir. Para muchos, la irrupción de Vox responde a la "errática" política del gobierno de Sánchez frente al desafío independentista.

Fuera de Cataluña, las elecciones andaluzas fueron la primera cita electoral que tuvo España desde la crisis independentista de la región y de la moción de censura que desplazó en junio pasado al entonces presidente Mariano Rajoy.