Raíces de la crisis: el futuro demanda desafíos y transformaciones a la Universidad

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La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA)
La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA) - Créditos: @Ricardo Pristupluk

El mundo asiste a un vertiginoso despliegue de las tecnologías de la información y la comunicación, no solo en el campo laboral, sino también en el educativo y comunicacional. Este nuevo paradigma caracterizado por los acelerados cambios tecnológicos impone nuevos desafíos y nos empuja a transitar un vasto terreno, cuyas dimensiones y límites parecieran estar fuera de nuestro alcance.

Sin perder lo que el poeta griego Hesíodo decía en el siglo VIII antes de Cristo – “la educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”-, este siglo XXI nos plantea el desafío de educar y formar a nuestra sociedad en ciencias, disciplinas, especializaciones y técnicas válidas en un futuro cercano que hoy ni siquiera alcanzamos a imaginar.

¿Está nuestro sistema universitario preparado para cumplir con esto? ¿Cómo formamos a los profesionales del futuro?

Al analizar los modelos vigentes de educación superior, hay consenso sobre la necesidad de mantener actualizadas permanentemente las capacidades enseñadas y las requeridas por la realidad técnico-profesional del contexto. Pero, a la hora de reflexionar sobre la coyuntura que atraviesa nuestro sistema universitario, lo primero que surge es la situación crítica del sistema educativo en general. ¿Cómo llegan los estudiantes de su tránsito por el nivel educativo previo? ¿Qué sucede en la escuela secundaria y qué aprendizajes alcanzan quienes se gradúan en ese nivel?

Si miramos los últimos resultados disponibles (2019) de las pruebas Aprender para el secundario tendremos información valiosa y muy necesaria para pensar el futuro del sistema universitario. En Matemática hay más de un 70% de estudiantes que tienen un desempeño entre básico y por debajo del básico. En el caso de Lengua ese número es del 38%. Estas cifras muestran que la mayoría de los egresados de la escuela secundaria tienen serias dificultades en el desarrollo de las capacidades asociadas al pensamiento matemático, y que otro porcentaje importante tiene dificultades a la hora de comprender e interpretar un texto escrito.

El aula magna de la Facultad de Medicina comienza a quedar chico para los futuros enfermeros
Aula magna de la Facultad de Medicina de la UBA

Ahora bien, cuando hablamos de la necesidad de actualizar el modelo universitario vigente, nos referimos a su forma, a sus contenidos, y también a cómo está organizado. Hoy el conocimiento está descentralizado y distribuido en diversos centros de investigación públicos, privados y mixtos; y se han multiplicado las instituciones, y organismos que aportan constantemente a la producción de nuevos saberes.

Esto demanda que las universidades revisen sus modos de organizar los planes de estudio y de enseñar.

La universidad debe estar cada vez más conectada con el contexto de desarrollo productivo, cultural y social del que forma parte, tanto a nivel nacional como internacional. Por eso es indispensable garantizar la formación integral de los futuros profesionales y las experiencias en campo y de intercambios con otros países resultan fundamentales.

Se debe asumir que no hay universidad si no hay generación de conocimiento y hoy el conocimiento es situado en su contexto. Es necesario que los profesionales realicen prácticas en las situaciones concretas para las que se están formando, para que el aprender haciendo sea la base de cualquier plan de estudios.

Vínculos con el mundo productivo

Este replanteo de la organización impone revisar otro gran tema: las relaciones del sistema universitario argentino con el sistema productivo.

Es indispensable que la formación de nuevos profesionales y de conocimiento entre en diálogo con los sectores clave para el desarrollo, como la energía y el entorno tecnológico.

Hay que preguntarse cómo formamos profesionales con capacidades para la articulación propositiva con el mundo productivo, para que las experiencias exitosas sean la norma y no la excepción.

La tecnología permite construir situaciones de aprendizaje que de otra forma implicarían riesgos para los involucrados o podrían quedar sólo en la parte teórica. Se puede pensar en el uso de simuladores para carreras del área de las ciencias naturales y exactas, por ejemplo. También, el uso de realidad virtual para vivenciar situaciones problemáticas reales que pueden aparecer en cualquier trabajo.

Mirando al futuro, y entendiendo el gran valor formativo de las Universidades argentinas, hay que tener claro que la generación de conocimiento requiere inversión en condiciones materiales en infraestructura y equipamiento, pero también exige fortalecer la actualización de los estudiantes, docentes y becarios, promoviendo la internacionalización de su formación, generando instancias de intercambio con el mundo.

Los reclamos por restricciones presupuestarias, una constante en el debate universitario en la Argentina
Los reclamos por restricciones presupuestarias, una constante en el debate universitario en la Argentina - Créditos: @FUBA

Los recursos

Esto nos lleva a considerar el financiamiento de las universidades, ya que la posibilidad de impulsar la educación superior al futuro depende, en gran medida, de esto. Como ejemplo, se pueden comparar los datos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) frente a otras de la región, como la Universidad de San Pablo (USP) y la Universidad Autónoma de México (UNAM) en 2021.

La UBA, con 345.320 estudiantes, recibió 389,1 millones de dólares corrientes en concepto de financiamiento (al tipo de cambio oficial de ese momento). La USP, para aproximadamente 92.604 estudiantes, recibió 1097,2 millones de dólares, mientras que, a la UNAM, con alrededor de 349.515 estudiantes, le correspondieron 2136 millones de dólares.

Esto arroja que la UBA percibió 1127 dólares por alumno, la UNAM, 6113 dólares por estudiante, y la USP, 11.848 dólares por cada alumno. Estos números muestran que no es posible dejar afuera la discusión sobre el financiamiento.

Para pensar el futuro es necesario hacer balances, ver qué se tiene, qué falta y cuáles son las potencialidades. Sin dudas, el sistema universitario público ha recorrido un camino que es observado con admiración por muchos países. Pero los desafíos venideros exigen un abordaje estratégico de las cuestiones pendientes.

Hay que Aumentar la vinculación con el sistema productivo, apuntalando el crecimiento sostenido del sistema científico y tecnológico. La Universidad debe articular sus lazos con los centros de conocimiento y producción más importantes del mundo, intensificando el trabajo en redes y los intercambios entre países, apuntando a la generación de tecnologías de punta y flexibilizando los contenidos y las currículas para crear puentes entre las diferentes carreras.

Hay que potenciar la aplicación de tecnologías de la información y comunicación en los procesos de enseñanza y aprendizaje, incorporando la inteligencia artificial como una herramienta que nos desafíe a pensar las limitaciones y potencialidades, en relación con el modo en que se construye y se socializa el conocimiento.

Los tiempos de gloria deben dejar de ser un recuerdo del pasado melancólico, para convertirse en un horizonte que impulse la educación del futuro. Las bases de este camino las conforman los profesionales de excelente nivel que egresan del sistema universitario argentino. Es hora de construir un sistema universitario con capacidad para enfrentar los desafíos venideros.

El autor fue rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA)