Río Negro: una ONG y el INTA comenzarán a cultivar cannabis con fines medicinales

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Estiman que empezarán con el cultivo en septiembre u octubre próximos
Estiman que empezarán con el cultivo en septiembre u octubre próximos

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Mientras que en el Congreso de la Nación avanza el debate sobre el proyecto de ley que establece un marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial (ya fue aprobado por el Senado y ahora deberá tratarlo Diputados), en la provincia de Río Negro ya se puso en marcha el único proyecto nacional para el cultivo y desarrollo de cannabis que vincula a una ONG con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

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Las dos hectáreas dispuestas para el proyecto están en el predio que el organismo tiene en Guerrico, muy cerca de General Roca, en el Alto Valle. El cultivo comenzaría en septiembre u octubre próximos, en principio, en media hectárea, para luego ir ampliándolo. Entre otros motivos, se eligió ese terreno por su clima, ideal para el crecimiento de la planta.

Según cuenta a LA NACIÓN, Gabriela Calzolari, presidenta de la ONG Ciencia Sativa –la organización que formuló el proyecto junto con el INTA–, la iniciativa tiene tres objetivos principales. En primer lugar, pretende producir material floral de cannabis para la elaboración de fitopreparados (aceites, cremas y tinturas) , de forma sustentable y respetando las características socioculturales y ambientales del entorno. En segundo orden, se busca realizar un reservorio para desarrollar, validar y registrar variedades de cannabis con perfiles de cannabinoides específicos y para disponer, así, de semillas innovadoras, adaptadas localmente. Y el tercer objetivo engloba la generación de información básica sobre el cultivo de la planta, particularmente en estas latitudes, así como potenciar capacidades no desarrolladas y la formación de recursos humanos.

“Este proyecto tiene una fuerte impronta territorial y regional para incluir a productores y pymes locales, priorizando la industria nacional. Asimismo, articula con los laboratorios de producción pública de medicamentos nucleados en la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (Anlap) y es el único en el país que integra toda la cadena productiva, desde el germoplasma [reservorio de semillas] nacional hasta el fitopreparado”, afirma Calzolari, que además es licenciada en Ciencias Biológicas.

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Etapas

Gestada en San Carlos de Bariloche, la asociación civil sin fines de lucro Ciencia Sativa tiene un perfil científico y social: se dedica a investigar, informar y acompañar a la comunidad en los diferentes usos de la cannabis y otras plantas terapéuticas. La ONG –que ha participado en el debate sobre la regulación del cáñamo industrial y del cannabis para usos medicinales y terapéuticos en el Congreso– acompaña a profesionales de la salud, políticos y a la comunidad en general en temáticas relacionadas al uso terapéutico de la planta. Muchos de sus integrantes son profesionales de áreas biológicas y médicas, que impulsan investigaciones científicas y trabajos de divulgación relacionados con este tema desde 2014.

Para el proyecto de cultivo de cannabis en el Alto Valle, Ciencia Sativa no solo aporta recursos humanos capacitados, sino también las semillas. El proyecto ya cuenta con los permisos necesarios y se encuentra en la búsqueda de financiamiento público para la primera etapa. Desde el INTA, esperan poder empezar con el cultivo en primavera.

“El área cultivable ya cuenta con lo requerido por la Policía Federal: doble cerco perimetral, postes para la distribución de 24 reflectores de led, garita de seguridad en esquinas del predio, un sistema de video vigilancia y generadores con sistema autónomo de respaldo eléctrico. A su vez, estamos terminando de desarrollar un software de trazabilidad exclusivo para cannabis y sus derivados. Y estamos esperando que nos den la autorización solicitada para usar variedades locales y poder registrarlas”, dice Calzolari. Agrega que, para el futuro, no descartan la posibilidad de interaccionar con empresas privadas.

Predio del INTA en el Alto Valle de Río Negro, donde se cultivará cannabis
Predio del INTA en el Alto Valle de Río Negro, donde se cultivará cannabis


Predio del INTA en el Alto Valle de Río Negro, donde se cultivará cannabis

“Ciencia Sativa conoce a fondo la temática y se gestó un vínculo muy virtuoso entre ellos e INTA Patagonia Norte. La primera parte de este proyecto experimental estará en el Alto Valle, donde se hará el cultivo y se extraerá resina para que el laboratorio público de Río Negro, Profarse, pueda hacer los fitopreparados. Y, luego, en Bariloche se hará la segunda etapa, que consiste en el mejoramiento genético y banco de germoplasma”, afirma Mariana Amorosi, asistente de Planificación Regional del INTA Patagonia Norte.

Además, a partir de la reciente resolución que autoriza la inscripción de germoplasma nacional de Cannabis sativa L para uso medicinal en el Registro Nacional de Cultivares y/o el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares del Instituto Nacional de Semillas (Inase), el proyecto que llevan adelante el INTA y Ciencia Sativa podrá incluir cepas nativas.

Proyecto

Amorosi destaca, en tanto, que se trata de la primera vez que se cultivará cannabis con fines terapéutico, de investigación, científico y de desarrollo a través de organismos públicos: a nivel nacional, solo hay un proyecto de estas características en Jujuy, pero además de la provincia, involucra el financiamiento de una empresa privada estadounidense.

“Siempre buscamos que el Estado nacional sea actor principal de este conocimiento que es tan incipiente en el país. Para que no sean siempre las multinacionales las que accedan al desarrollo. Además, queremos generar un fitopreparado de alta calidad que llegue a todos, que sea una transferencia directa a toda la sociedad, no solo al que pueda comprarlo. Esa es una diferencia clave de nuestro proyecto, lo mismo que el trabajo con otros organismos públicos, como el Conicet, el INTI, la Universidad Nacional del Comahue y la Universidad Nacional de Río Negro”, explica Amorosi.

A mediados de julio, el Senado aprobó el proyecto de ley conocido como “Marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial”, que establece los mecanismos para la regulación de la actividad, fomenta el desarrollo de la cadena productiva y promueve el desempeño de las cooperativas del sector y de las pymes.

En ese sentido, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, indicó que “es un sector nuevo que en los próximos años va a generar 10.000 puestos de trabajo y nueva actividad económica por cerca de 500 millones de dólares, 50 millones de exportación”.

“La industria del cannabis medicinal y cáñamo industrial incorpora cerca de 200 productos y servicios asociados en su cadena de valor, es decir, que abre una multiplicidad de opciones para desarrollar actividades de servicios y de producción en toda la Argentina”, señaló Kulfas. La iniciativa fue girada ahora a la Cámara de diputados.

Sobre una eventual sanción de la ley, Calzolari considera que es prioritario que, en la reglamentación, queden establecidos los criterios para acceder a las autorizaciones o licencias: “Es muy importante que los pequeños y medianos productores de cannabis nacionales y las ONG que se adecuarán a una figura productiva tengan prioridad en los trámites, para que sean simplificados o cuenten con el acompañamiento del Estado. Si esto no se establece concretamente, pasará como en otros países donde las personas que vienen trabajando con la planta en la informalidad e ilegalidad quedan afuera del mercado. Es necesario observar las experiencias en el mundo y aprender de los errores para tener una ley que realmente se pueda implementar contemplando a los diversos actores”.

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