El río Dniéper se convierte en el Rubicón de la batalla por el sur de Ucrania

Unas horas antes de que los rusos anunciaran que se retiraban de la orilla occidental del río Dniéper, en la región de Jersón, el agricultor ucraniano Yevgen Gamiy, a un centenar de kilómetros, vio como un obús caía al lado de su tractor.

El retiro de Jersón suena como un duro revés para Rusia, que ya se vio obligada a abandonar la región de Járkov, en el noreste de Ucrania, en septiembre.

Pero, las autoridades ucranianas se han mantenido cautas con respecto al anuncio de los rusos hecho el miércoles y consideran que tendrán que seguir luchando para conquistar esta ciudad, la única capital regional tomada por Moscú desde el inicio de la ofensiva.

A unos 300 kilómetros, en la localidad de Stepnoguirsk, en la orilla este del río Dniéper, donde las tropas rusas podrían asentarse o buscar avanzar hacia la ciudad de Zaporiyia, Gamiy sigue concentrado en su misión.

El campesino es el propietario del único tractor que sigue funcionando y es el encargado de entregar agua a su aldea.

Esta es una misión de alto riesgo en esta localidad que es el último pueblo antes de la línea del frente donde, con o sin una retirada de los rusos, los civiles siguen recibiendo tiros.

"Todo parecía en calma en la mañana y de repente recibo esto", dijo mostrando los restos de un cohete Grad del tamaño de una barra de pan.

"Escuché un silbido durante una fracción de segundo y luego la explosión", contó a la AFP. "Cuando uno está en el tractor, esto da mucho miedo".

- Un escudo natural -

El río Dniéper, que divide en dos a Ucrania, podría convertirse en un escudo natural para las tropas rusas que se retiran hacia el este.

Si las fuerzas ucranianas quieren seguirlas para enfrentarse en combate, van a tener que cruzar el Rubicón y pasar del otro lado del río.

En la zona aledaña al poblado de Stepnoguirsk, al sur de Zaporiyia, el frente no se mueve desde hace meses. Pero los misiles siguen surcando el cielo.

Los cerca de 1.500 habitantes de la aldea han estado obligados a reducir su existencia a mantenerse protegidos en sótanos y refugios y a salir excepcionalmente para aprovisionarse.

"Escuchamos que hay cosas pasando en Jersón", dijo hastiada Liudmila Okopana.

"Esperamos que nuestros soldados lleguen al fin a donde estamos, pero eso no ha ocurrido", se lamentó esta ucraniana de 58 años.

En esta parte del frente muchos temen que el progreso del ejército ucraniano, que parece acelerarse en los últimos días, se vea frenado cuando llegue la nieve en las próximas semanas.

El invierno complica el panorama para ambos bandos, tanto para los hombres como para los vehículos, y además el clima complica el lanzamiento de proyectiles que pierden precisión.

Si se congelan las posiciones actuales, los rusos quedarían en ventaja, ya que podrían reagruparse y reforzarse de cara a la próxima primavera.

- Un frente congelado -

Para Liubov Gajula, que degusta una tarta de manzana hecha con una cocinilla a gas, la guerra debe terminar antes del invierno, ya que de lo contrario el conflicto va a eternizarse.

"Si los combates se detienen, nos vamos a encontrar igual que la gente del Donbás desde hace ocho años", dijo la mujer de 62 años.

Esta guerra que comenzó en el este del país en 2014 con combates entre las fuerzas ucranianas con los separatistas prorrusos apoyados por Moscú, era hasta el inicio de la invasión rusa en febrero, un conflicto de baja intensidad, sin un avance de ninguno de los bandos.

"Ocho años de bombardeos para nada, realmente no quiero", comentó esta agricultora que ahora está jubilada.

En la zona circundante a Zaporiyia, que no ha sido ocupada, los habitantes temen convertirse en un premio de consuelo para los rusos tras la retirada de Jersón.

La posible debacle en esta capital regional del sur, podría hacer que la región de Zaporiyia, se convierta en un objetivo prioritario.

"Como el frente no se movía, pensábamos que los rusos no iban a llegar hasta donde nosotros", dijo por su parte Liudmila Okopna.

Por su parte, Gamiy, el conductor de tractor, también es alarmista. Para comprar su vehículo tuvo que pedir un préstamo a un banco esperando poder trabajar el campo para pagarlo. Ahora lo amenazan con confiscarlo.

"Le dije al banco que podían venir a buscar el tractor. Pero nunca vinieron", contó.

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