El régimen cubano extrema el aparato represivo tras las históricas protestas

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Manifestantes marchan contra el gobierno en La Habana
Eliana Aponte

CARACAS.– La revolución cubana se preparó durante medio siglo para sofocar cualquier estallido social, hasta que por fin llegó el 11 de julio. Desde el primer momento del ya histórico domingo, el régimen aplicó su enorme aparato para mantenerse en el poder a costa del “querido pueblo”, como lo calificó el presidente Miguel Díaz-Canel en su alocución de este lunes: represión en las calles, persecución de los rebeldes y detención de decenas y decenas de personas, según los datos que con cuentagotas aportan familiares y organizaciones civiles.

La Habana y el resto del país amanecieron tras una noche de miedo con sus calles militarizadas y las filas castristas más cerradas que nunca, al son marcado desde muy temprano por el máximo mandatario, el sucesor de los hermanos Fidel y Raúl Castro, que acusó a Estados Unidos por las protestas.

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“No hemos llamado al pueblo a enfrentar al pueblo, sino a defender su revolución. Y el pueblo fue a debatir, a argumentar, pero los manifestantes respondieron con violencia, y el pueblo se defiende”, argumentó Díaz-Canel tras ser acusado por opositores y disidentes por haber realizado un “discurso guerracivilista”.

El supuesto debate se convirtió en una cascada de palizas, amedrentamiento, persecución, gas pimienta, incluso disparos contra la gente que protestaba, como recogieron varios documentos audiovisuales publicados en las redes sociales pese a las dificultades. Las manifestaciones en San Antonio de los Baños y Palma Soriano, con reclamos de libertad, comida y vacunas, provocaron el domingo una reacción en cadena en al menos 60 municipios, según reportes independientes. La demostración de fuerza final de miles de protestantes en torno al Capitolio de La Habana solo pudo ser disuelta con fuerza bruta y el toque de queda. Un hecho inédito desde el triunfo de los barbudos de Sierra Maestra, producto del hastío nacional, que solo los más optimistas supieron otear en el horizonte.

“Mercenarios y lacayos”

Desde Washington, el presidente Joe Biden apoyó al pueblo cubano e hizo un llamado al régimen para que lo escuche y “atienda sus necesidades en este momento vital en lugar de enriquecerse”. En La Habana, se insiste en acusar a Estados Unidos de estar detrás del estallido del domingo, pero a la vez el régimen intentó justificarse ante la ola de apagones que han afectado al país en las últimas semanas. Una irritación nacional que, según el discurso oficialista, fue aprovechada “de manera cobarde, oportunista y perversa por mercenarios y lacayos”.

El Congreso cubano, en La Habana
YAMIL LAGE


El Congreso cubano, en La Habana (YAMIL LAGE/)

La contrainteligencia estaba esperando las protestas, avisada por el clamor nacional de libertad y mejor vida, “pero los tomó por sorpresa lo general y la espontaneidad. No estaban preparados para la gran escalada de las manifestaciones. Los cortes de internet les están dando tiempo para organizarse”, confirmaron a LA NACION fuentes cercanas al poder cubano.

El discurso televisado del mandatario, a preguntas de supuestos periodistas, no se vio afectado por el inmenso apagón de internet y la censura en redes sociales que sufren los cubanos desde el domingo. En pequeñas dosis, los ciudadanos lograban transmitir cómo familiares son detenidos y cómo las protestas no se han apagado pese al gigantesco despliegue de fuerza gubernamentales, que incluyen a los temidos boinas negras y las brigadas de respuesta rápida del castrismo.

Hasta en los pueblos más pequeños y recónditos, como en San Antonio de Cabezas, llegaron los ecos de las protestas y sus jóvenes salieron a las calles para protestar el domingo. La primera lista de detenidos o incomunicados es tan numerosa que nadie lo puede saber a ciencia cierta, aunque los movimientos de La Habana contabilizaron a 70 al mediodía de este lunes. Entre ellos, como casi siempre, está el artista Luis Manuel Otero Alcántara, líder del Movimiento San Isidro, que llamó a tomar el Malecón habanero apenas se conocieron las manifestaciones del interior. Al rebelde se le perdió la pista muy cerca del Malecón, en las inmediaciones del Hotel Sevilla. En Camagüey uno de los detenidos es el sacerdote católico Castro José Álvarez.

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Entre los desaparecidos también se encuentra el disidente socialdemócrata Manuel Cuesta Morúa, el líder santiaguero José Daniel Ferrer, la periodista independiente Camila Acosta, la cineasta Gretel Medina, el dramaturgo Yunior García Aguilera y los actores Danielito Tri Tri y Reinier Díaz Vega, en una lista que crecía y crecía con el paso de las horas. Incluso un famoso instagramer menor de edad, Kevin Pezeta, “El Kende de Cayo Hueso”, cayó en las garras de la policía.

“La inmensa mayoría de los cubanos que se lanzó a las calles el 11 de julio no había nacido cuando cayó el Muro de Berlín. No conocieron la épica de la revolución ni los años de bonanza por los subsidios soviéticos. A ellos les tocó nacer en un país en ruinas y se criaron en la subsistencia. Pero, a diferencia de sus padres, no están dispuestos a ser sobrevivientes toda su vida. Quieren un futuro mejor y por eso, tarde o temprano, ese estallido contra el inmovilismo acabaría ocurriendo. La dictadura ya había perdido los símbolos, el domingo perdió al pueblo”, resume para LA NACION el escritor Camilo Venegas, que a lo largo de los últimos meses vaticinó el estallido social en sus escritos.

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