La polémica azulgrana más estúpida del año

Foto: Pedro Salado/Quality Sport Images/Getty Images.

En un año en que el Fútbol Club Barcelona ha sido el centro de casi todas las polémicas sonadas que se pueden ustedes imaginar, el impasse del confinamiento a la nueva normalidad nos ha dejado la más ridícula de todas ellas. Este 2020, el club ha protagonizado escándalos en las redes sociales, cambios sonados de entrenador, dardos cruzados entre Messi y Eric Abidal, lesiones gravísimas y hasta comentarios supuestamente despectivos del segundo entrenador hacia uno de sus jugadores, captados furtivamente por una cámara.

Se podrán ustedes reír de todas ellas y podrán desdramatizarlas, contextualizarlas, contraponerlas a situaciones realmente importantes de la vida cotidiana y todo lo que ustedes quieran pero lo que no podrán hacer jamás es negar su magnitud dentro de lo que es el mundo del fútbol. Que te reúnas con Xavi, Koeman o Pochettino, es noticia. Que el mejor jugador del mundo aproveche para darle palos al secretario técnico y a la directiva cada vez que cuelga una story en instagram o hace declaraciones a los medios, es un notición con el poder suficiente para hacer temblar los cimientos de la estructura de uno de los clubes más importantes de la historia.

Pues bien, sentimos decir a los aficionados enganchados a este culebrón, que el último episodio no está a la altura de los anteriores. Deben haber cambiado a los guionistas o tal vez les han reducido el sueldo a causa de la pandemia. El caso es que la última de esta larga lista de innumerables polémicas azulgrana roza prácticamente el ridículo.

Nos referimos a las declaraciones de Quique Setién sobre una de las características de la nueva normalidad futbolística que nos espera. De hecho, en este caso la descripción es literal porque se trata de una nueva norma. Los cinco cambios, esos que según Paco Seirul.lo -como ya escribimos en su día en estas líneas- van a propiciar más lesiones que las que van a preservar, se han convertido en el último arma arrojadiza entre culés y no culés. El técnico del Barça, tal vez en un tick propio de otros banquillos que ha ocupado con anterioridad, considera que les va a perjudicar. Seguramente el confinamiento le ha jugado una mala pasada y se le debe haber olvidado que ya no está en Las Palmas. Demasiadas horas en casa pueden haberle ayudado a perder de vista la dimensión real de lo que es el Barça. Otros, como Bordalás, se han apresurado a argumentar lo contrario: esa norma supuestamente beneficia a los equipos grandes porque tienen mayor profundidad de banquillo y menor salto de calidad entre suplentes y titulares (algo que habría que ver y que muchos culés y madridistas- hasta colchoneros- no comparten).

En lo que ni el señor Setién ni el señor Bordalás han reparado -representantes ambos de escuelas futbolísticas antagónicas pese a abrazar públicamente los dos el cruyffismo , como mínimo de palabra- es que esa norma es para todos. Por igual. Ni beneficia a nadie ni perjudica a nadie. Ni el Barça va a ganar la Liga por ella ni la va a perder. Ni el Getafe ni ningún otro equipo va a enfrentarse a ningún tipo de injusticia. Y en el improbable caso de que así sea, aún así ningún de los dos tiene derecho a quejarse de nada. 

Estamos ante una nueva realidad. Los aficionados no pueden ir al estadio. Los periodistas no pueden ir al estadio. Los partidos no tienen sonido. Los goles no se pueden celebrar. Los equipos locales carecen de ningún tipo de ventaja como estamos viendo en la Bundesliga. Todo esto es demostrablemente cierto -a diferencia de la polémica que nos ocupa- y nadie se ha quejado de absolutamente nada… ¿Vamos ahora a poner el grito en el cielo por una estúpida modificación en el reglamento cuyo único objetivo -acertado o no- es intentar pensar en la salud de los futbolistas?

Dejen de reírse de nosotros y muestren respeto al aficionado. Hemos tenido muchas polémicas este año. Las hemos sufrido y disfrutado a partes iguales. Han merecido nuestra atención, para bien o para mal. Esta, no.

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