'Queman un estilo de vida': incendios forestales arrasan con un baluarte hispano n

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Las Vegas, Nuevo México, una ciudad de unos 13.000 habitantes que desde hace mucho ha fungido como un centro de actividad para las aldeas y ranchos circundantes. Ahora es el centro neurálgico para una lucha contra incendios. (Adria Malcolm/The New York Times).
Las Vegas, Nuevo México, una ciudad de unos 13.000 habitantes que desde hace mucho ha fungido como un centro de actividad para las aldeas y ranchos circundantes. Ahora es el centro neurálgico para una lucha contra incendios. (Adria Malcolm/The New York Times).

LAS VEGAS, NUEVO MÉXICO — Cuando las llamas fulminantes comenzaron a acercarse a las montañas lejanas que su familia ha habitado durante generaciones, Miguel Martínez supo que debía moverse rápido y huir únicamente con la ropa que traía puesta.

“Abandoné 25 cabras, 50 conejos, 10 pollos y dos perros”, narró Martínez, de 71 años, quien escapó esta semana de su hogar en la aldea de El Oro para acudir a un refugio de evacuados. “No tengo idea si mi casa sigue de pie o si mis animales están vivos. Necesito prepararme para la posibilidad de que todo se haya perdido”.

Este mes, más de una docena de incendios forestales se propagan por todo el suroeste del país, pues la temporada de incendios se adelantó más que nunca e inició en primavera. Sin embargo, la llamarada activa más grande del país, un megaincendio que ha devorado más de 66.773 hectáreas en el norte de Nuevo México, ha crecido con tal ferocidad que amenaza a una cultura multigeneracional que ha perdurado a través de los siglos.

Al igual que Martínez, muchas de las personas que han huido del megaincendio, conocido como el incendio de Calf Canyon y Hermits Peak, son descendientes de colonizadores hispanos que llegaron a Nuevo México mucho antes de que Estados Unidos se constituyera. Se casaron con indígenas estadounidenses, perfeccionaron métodos para producir cultivos en tierras desérticas y conservaron un dialecto del español con influencias arcaicas que aún se puede escuchar en los pasillos del Walmart local.

En una mezcla de español e inglés, Martínez, un músico retirado, contó que sus ancestros se asentaron hace mucho tiempo en la aldea de Mañuelitas, allí creció en una casa construida por sus antepasados. Martínez no está muy seguro de cuándo habían llegado estos al lugar. Su esposa es de la familia Aragón, que hace mucho hizo del poblado cercano de El Oro su hogar, relató Martínez.

“Fue un poco impactante mudarme a El Oro, pero ya me adapté”, afirmó Martínez mientras reflexionaba sobre la cercanía que sigue teniendo el linaje con la tierra en estos asentamientos remotos rodeados de pinos y arroyos colmados de truchas. “Solo espero que aún haya una aldea a la cual regresar”.

Formadas a partir de adversidades que van desde ejércitos conquistadores hasta recesiones económicas prolongadas, estas aldeas hispanas lejanas sobrevivieron a una prueba tras otra. Pero la peor sequía en al menos 1200 años, marcada por incendios intensos e incontenibles, parece ser algo nuevo.

Miguel Martínez, quien escapó de su hogar en la aldea cercana de El Oro, en un centro de evacuación en Las Vegas, Nuevo México, el martes, 3 de mayo de 2022. (Adria Malcolm/The New York Times).
Miguel Martínez, quien escapó de su hogar en la aldea cercana de El Oro, en un centro de evacuación en Las Vegas, Nuevo México, el martes, 3 de mayo de 2022. (Adria Malcolm/The New York Times).

“Estos incendios queman un estilo de vida que se ha mantenido durante cientos de años”, señaló Rob Martínez, historiador del estado de Nuevo México y oriundo de Albuquerque cuyos padres vinieron de Mora y Chacón, dos asentamientos en la zona de los incendios. (No tiene parentesco con el músico retirado de El Oro).

Las Vegas, Nuevo México, una ciudad de unos 13.000 habitantes que desde hace mucho ha fungido como un centro de actividad para las aldeas y ranchos circundantes, se ha convertido en el centro neurálgico para la lucha contra los incendios. Esta semana, equipos de personas corrieron a las líneas de contención de incendios mientras caía ceniza de un cielo que a ratos se veía despejado y azul para luego tornarse de un tono anaranjado surrealista.

A medida que el incendio se propaga ya se ha clasificado como el segundo más grande que se haya registrado en Nuevo México y superó la extensión de tierra devastada por el fuego en todo el estado en 2021. Si bien no se reportan muertes, el incendio ha destruido al menos 172 hogares, y ha obligado a muchas familias a evacuar y solo un 20 por ciento de este se ha logrado contener. Dado que el clima seco persiste, las autoridades advierten que el incendio podría avanzar en varias direcciones en los próximos días.

En este momento, al menos otros seis incendios forestales están consumiendo otras partes de Nuevo México, según el Centro Nacional e Interagencial de Incendios, y esta semana, el presidente Joe Biden aprobó una declaración formal de desastre para cinco condados. Las llamaradas en el estado incluyen el incendio de Cooks Peak, que ha crecido hasta abarcar 23.876 hectáreas en el condado de Mora, y el incendio de Cerro Pelado, un fuego que se ha extendido 11.735 hectáreas a unos 8,8 kilómetros de distancia del Laboratorio Nacional de Los Álamos, que ayuda a diseñar y mantener el arsenal de armas nucleares del país.

En los últimos días, cuando las llamas del incendio de Calf Canyon y Hermits Peak empezaron a vislumbrarse en las crestas montañosas de Las Vegas, los funcionarios evacuaron a los estudiantes de una sede cercana de los Colegios del Mundo Unido, un internado fundado por el empresario industrial Armand Hammer, y desalojaron la cárcel del condado; algunos reclusos fueron liberados, otros transferidos.

Algunos de quienes tuvieron que huir se reunieron en un refugio dentro de una antigua escuela secundaria. Otros durmieron en sus vehículos o se mudaron a casas de parientes o amigos; algunos de los que ya habían huido a Las Vegas tuvieron que volver a abandonar el lugar cuando el humo recubrió los cielos y se cernió sobre la ciudad.

Diana Trujillo, de 63 años, se crio en una casa de adobe de tres habitaciones con sus siete hermanos en Monte Aplanado, cerca de Mora. Relató que la estructura ancestral sobrevivió al incendio, pero la casa rodante de doble de ancho que estaba al lado, donde ella vivía con su hija y su nieta, se redujo a cenizas.

“Es una pérdida que ni siquiera puedo describir con palabras”, afirmó Trujillo, subgerente de un ancianato. “La hermosa montaña que nos rodea, todos esos árboles, todo está carbonizado ahora”.

Paula García huyó de Mora, que tiene una población de unos 800 habitantes, primero con dirección a Las Vegas y luego a Santa Fe. Contó que le había ayudado a su padre de 82 años a empacar sus herramientas antes de escapar ella también, a medida que el fuego se acercaba a su pequeña comunidad.

“Es un lugar donde las personas se llaman entre sí primos y parientes”, describió García, de 50 años. Algunos de sus ancestros se asentaron en el área en la década de 1860, procedentes de otras partes del norte de Nuevo México.

García, directora ejecutiva de la Asociación de Acequias de Nuevo México, una organización sin fines de lucro dedicada a proteger las cerca de 700 acequias que irrigan el estado, mencionó que le atribuía la persistencia de su comunidad a las “agallas puras”.

“Hemos vivido ahí durante tanto tiempo debido a nuestra querencia”, dijo García, usando un término que ella definió como “un anhelo cultural, una fuerza de gravedad que nos mantiene ahí”.

Estos vínculos a la tierra se remontan a la colonización española de Nuevo México, que comenzó en 1598, años antes de que los ingleses se asentaran por primera vez en la colonia de Jamestown, Virginia. Los colonos y sus descendientes permanecieron en relativo aislamiento en la periferia del norte del imperio español.

Nuevo México sigue siendo el estado con la mayor población hispana de la nación, pues casi un 48 por ciento de sus habitantes afirman tener ascendencia hispana o latina. Aún es difícil clasificar a los pequeños pueblos, aldeas y asentamientos ganaderos en los condados que fueron afectados por los incendios, donde los hispanos conforman más o menos el 80 por ciento de la población.

En vista del comportamiento errático de los incendios, no está claro cuándo podrán regresar las personas evacuadas. Wendy Mason, funcionaria de prevención de incendios forestales de Nuevo México, declaró que esta era la primera vez, al menos en la historia reciente, que había tantos incendios extensos activos al mismo tiempo en el estado. Mason también advirtió que podrían surgir más incendios en las próximas semanas.

“Por lo general, no esperamos que haya mucha humedad hasta que empiezan los monzones, y eso no suele pasar sino hasta julio o agosto”, explicó Mason. Aunque caiga un poco de lluvia, como sucedió en partes del estado este fin de semana, podría venir acompañada de relámpagos que provoquen otras llamaradas, advirtió.

“Nuestro clima está cambiando, por lo que la temporada de incendios es mucho más larga e intensa”, agregó Mason.

Aun así, Martínez, el historiador del estado, enfatizó que estos desafíos eran parte de la historia de la región. Señaló que Mora ardió en 1847 a manos de las fuerzas invasoras estadounidenses durante la guerra mexicano-estadounidense. Después de ese episodio, los sobrevivientes se reunieron y empezaron de nuevo.

“Este no es el primer incendio que han enfrentado nuestras familias”, concluyó.

© 2022 The New York Times Company

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