Si quebró el cántaro: Las voces y los mundos en los grabados de Goya

<span class="caption">Parte de la estampa de 'Si quebró el cántaro', de Goya. </span> <span class="attribution"><a class="link " href="https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/si-quebro-el-cantaro/dd6164ac-3ce2-4760-80a6-aed8b102132f" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Museo del Prado;elm:context_link;itc:0;sec:content-canvas">Museo del Prado</a></span>

Los Caprichos de Goya representan escenas satíricas de la sociedad de finales del siglo XVIII, donde el pintor propone un grabado ilustrado por un enunciado enigmático. El espectador de la obra tiene que interpretar la leyenda y para ello entender qué personaje es el responsable de dicho enunciado. Dibujo y leyenda transmiten un mensaje donde se superponen varias voces que crean una pequeña escena teatral.

Los Caprichos en su época

Los Caprichos de Goya datan de 1799, y se inscriben en una moda de la época donde encontramos Capricci en la pintura –Canaletto o Giambattista Tiepolo y sus Vari capprici–, en la música –Mozart o Paganini entre otros– e incluso en la arquitectura –Carceri D'Invenzione de Piranese–.

Goya publica 80 grabados acompañados de leyendas que reflejan la sociedad española de finales del siglo XVIII desde un punto de vista satírico. Además de los Caprichos, se publicaron unos veinte manuscritos –los llamados Manuscrito del Prado, Manuscrito Ayala o Manuscrito de la Biblioteca Nacional entre otros– con comentarios sobre cada uno de los grabados. El autor o los autores de estos manuscritos representan aún hoy en día un misterio. Algunos especialistas sostienen que se trataría del mismo Goya, otros atribuyen la autoría a amigos del pintor, Moratín y Ceán Bermúdez.

Dos mundos, dos marcos discursivos

En los Caprichos de Goya nos encontramos con una complementariedad entre el dibujo y el enunciado. Si partimos de Si quebró el cántaro, el dibujo sin la leyenda representaría una madre, de apariencia cruel, pegando a un niño que sufre por este castigo pero que efectivamente ha cometido una falta, puesto que vemos un cántaro roto. La leyenda sin el dibujo tendría una multiplicidad de interpretaciones posibles y no se sabría a qué aplicarla. Imagen y texto se complementan y ayudan a la interpretación.

El lector-espectador del Capricho puede preguntarse por el locutor de la leyenda, por el responsable de haber enunciado “Si quebró el cántaro”. Goya ha creado con su grabado una pequeña escena teatral donde se superponen distintas voces. El locutor del enunciado “Si quebró el cántaro” puede ser Goya. Podría tratarse también de la madre del niño. O quizás de un espectador que presencia la escena, un tío, un vecino, el padre… En cualquier caso, no puede ser el pobre niño que habría dicho más bien: “Si quebré el cántaro”. Goya, deliberadamente, no presenta el autor de dicho enunciado, dando lugar a tres posibles interpretaciones.

La leyenda puede ser convocada por el propio pintor en una situación monologal, una especie de voz en off, en el que se dice el enunciado a sí mismo. “Si quebró el cántaro” sería un enunciado condicional cuya oración principal podría consistir en: “(Si quebró el cántaro,) entonces merece un castigo”.

La situación puede ser dialogal. La madre puede justificarse ante su interlocutor, alguien que está viendo la escena. En este caso, la situación podría ser la siguiente:

Locutor 1 (espectador de la escena): -¿Por qué le pegas?

Locutor 2 (la madre): - (Pero) Si quebró el cántaro.

El enunciado “Si quebró el cántaro” es un enunciado refutativo, con un “pero” elidido, que pone en cuestión la visión del interlocutor. La madre no entiende por qué se pone en duda su acto, por qué el espectador se sorprende al verla pegar a su hijo. Deja entender que es evidente que si un hijo comete una falta, hay que castigarlo. La sabiduría popular subyace bajo esta escena, haciendo referencia a fórmulas del tipo de “Quien bien te quiere, te hará llorar”, “La letra con sangre entra” o “Bien se sabe que sin castigo no hay lección que se aprenda”.

En una tercera situación, el espectador de la escena es responsable del enunciado “Si quebró el cántaro”. Nos encontramos de nuevo con un enunciado replicativo donde el locutor refuta, esta vez, el acto de la madre.

Locutor 1 (espectador): - ¿Por qué le pegas?

Locutor 2: - Le doy lo que merece.

Locutor 1 : - [¡Pero] Si [solo] quebró el cántaro !

El espectador de la escena rebate el enunciado y el acto de su interlocutor, en este caso de la madre. Para el espectador de la escena, la falta cometida por el niño no ha de ser castigada de tal manera. La Nueva gramática de la lengua española confirma esta interpretación del “pero si”, aplicable a “si” con el “pero” elidido: «Con “pero si” se introducen réplicas en las que se rebate una afirmación previa con un argumento que el hablante considera de peso».

Estamos ante dos visiones del mundo, o dos marcos discursivos, opuestos. Goya presenta la posibilidad de un mundo donde la falta de un niño ha de ser fuertemente castigada –sería la interpretación causal monologal y la replicativa dialogal de la madre– y, por otra parte, la posibilidad de un mundo donde las faltas de los niños no han de ser severamente castigadas –lo que defendería el espectador de la escena–. Será el lector-espectador del grabado quien tenga que imaginar la escena teatral, de la que Goya nos ofrece solo un instante, y decantarse por una de las interpretaciones.

Goya subraya en varios de sus grabados la importancia de la educación –ya sea en el ámbito escolar o en el familiar–. Aquí muestra las dos visiones existentes de la educación de los padres hacia sus hijos: una más rígida y casi cruel y otra más flexible y comprensiva.

Si bien hoy en día adolecemos de una educación familiar excesivamente flexible, donde el niño es rey, a finales del siglo XVIII los dos mundos educativos estaban presentes en la sociedad. Los Caprichos de Goya se caracterizan a menudo por la puesta en escena de dos visiones diferentes sobre un mismo tema.

Los comentarios de los Manuscritos

Los comentarios presentes en los Manuscritos nos hacen tender hacia la última interpretación. Así, el Manuscrito del Prado dice «El hijo es travieso y la madre colerica. Qual es peor». El Manuscrito de la Biblioteca Nacional sostiene que: «Hay madres que rompen a sus hijos el culo a zapatazos si quiebran un cántaro y no les castigarán por un verdadero delito». Por último, el Manuscrito de Ayala enuncia que: «Las madres colericas rompen el culo á azotes á sus hijos que estiman menos que un mal cacharro».

Además, los rasgos duros de la madre la presentan como un personaje cruel frente al niño al que vemos sufrir por los azotes. Por último, Helman, en su conocido estudio Trasmundo de Goya, recuerda una anécdota que cuenta el editor del periódico El Censor y que Goya debía de conocer:

(…) al entrar en casa de cierto caballero amigo suyo a quien en esta ocasión encontró fuera de sí, tan ciego de enojo con un hijo suyo de unos cinco años, que apenas vio a su amigo ni le saludó siquiera. Al pobre niño le seguía dando patadas y bofetones, acompañándolos con amenazas terribles.

El Censor, viendo un castigo tan fuerte y una irritación tan extraordinaria, se figuraba que el chico había hecho algo tremendo, quizá pegar a su madre, pero toda la causa, al contrario, se reducía a haber hecho pedazos una taza de china.

Las traducciones de las leyendas

Las traducciones de estas leyendas muestran hasta qué punto son difíciles de interpretar. Así Si quebró el cántaro se ha traducido en francés por “Oui, il a cassé le pot” –“Sí, ha quebrado el cántaro”–, cuya versión inglesa sería “Yes, he broke the pot”. Encontramos igualmente “S’il a cassé le pichet” –“Si ha roto el cántaro”– con una lectura condicional, o “Il a bien cassé la cruche” –“Es cierto que ha roto el cántaro”–.

Ninguna de estas traducciones se corresponde con el análisis que proponemos y sobre todo no dejan ver la escena de la que forma parte el grabado.

Diferencia con los títulos de cuadros y de Instagram.

Los títulos de los grabados de Goya se han denominado a menudo leyendas. Sin embargo, en el caso de los Caprichos, el enunciado que aparece bajo el grabado dista mucho de ser una leyenda o un título.

En un artículo, la periodista Rut De las Heras Bretín menciona al comisario de la exposición Goya, Dibujos. «Solo la voluntad me sobra», del Museo del Prado, quien recuerda que los ingleses denominan a estas leyendas captions. La periodista compara dichas captions con los comentarios de las fotos en Instagram.

Sin embargo, las inscripciones que acompañan a las fotos de Instagram no crean un diálogo o una escena teatral como lo hacen las leyendas de Goya. Se trata de enunciados –a menudo en gerundio: “comiendo una paella al sol”– que ilustran la foto y pretenden suscitar emociones diversas en el receptor (admiración, celos etc.). Nada que ver con las leyendas de Goya que capturan un instante de un diálogo, que ya ha empezado antes de la escena representada en el grabado.

Será el espectador quien tenga que imaginar el principio y el final de la secuencia, al igual que ante la proyección de un tráiler uno imagina la historia en su integridad.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Sonia Gómez-Jordana Ferary no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.