Que prohiban fumar en las terrazas, ya.

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Por favor, fuera el tabaco de las terrazas. Fuera el olor nauseabundo que se extiende hasta el bocado de ensaladilla que estamos tratando de introducirnos en la boca, y que en vez de saborear en todo su esplendor, masticamos junto a un deshecho aire producido por la combustión de productos del tabaco, más de 4,000 sustancias diferentes, muchas cancerígenas o irritantes tóxicos. 

Por favor, fuera el tabaco de las terrazas. No los fumadores, sino la mierda apestosa que expulsan de sus pulmones mientras los otros tratamos de disfrutar de un rato distendido con los amigos, pagando por un espacio y una consumición, como el resto. 

Visualizo a un fumador, relajado, fumando placenteramente un cigarro, charlando con amigos, sin prisa, feliz, o todo lo feliz que se puede estar hoy en día. Da una calada larga y profunda, disfrutando del sabor de aspira hacia el interior de su cuerpo. Durante unos segundos, los componentes del cigarrillo penetran en sus pulmones, y, de ahí, a la sangre y al resto de sus órganos. Cada año mueren 40.000 personas en España por patologías derivadas directamente del consumo de tabaco. 

Tras gozar de la droga que tanto necesita, el fumador la exhala, expulsando los restos al exterior. Durante varios segundos, contrae los labios y sopla, difuminando la nube tóxica a varios metros de distancia.

La nube alcanza a los que están a su alrededor. No sólo sus compañeros de mesa, sino también a las personas de las mesas colindantes. 

Molesta. Apesta. Enferma.

Fumadores, dejad de haceros las víctimas. No es una persecución contra vosotros, sino contra un hábito -una dependencia- peligrosa para los demás. 

"¿Y qué si me quiero matar?" contestan los fumadores. "Es mi problema, y ya pago suficientes impuestos con cada cajetilla de tabaco para hacerme cargo de los gastos derivados de las patologías que pueda producirme fumar".

¿Y qué si haces enfermar a los demás? ¿No?  

"Pues a mí también me molesta la gente que huele mal en el metro y no pido una ley que lo prohiba".

Pues ojalá pudiera regularse por ley y mandarlos al vagón de la peste, de la misma manera que hay un vagón del silencio en algunos trenes. De paso, una parte de la oficina para pelotas vagos que se atribuyen todo el mérito o una zona de tuiter para idiotas. Habría que inventar el idiotódromo, eso sí. 

El Ministerio de Sanidad prepara un endurecimiento de la ley antitabaco de 2006, tan cuestionada por los fumadores -y los empresarios de la restauración- en su momento, pero completamente parte de nuestra cultura ya. Ni se nos pasa por la cabeza entrar a un lugar de trabajo abriéndonos paso entre una nube tóxica de nicotina expulsada por los pulmones de nuestros compañeros fumadores. 

Así que dentro de unos años también veremos como una barbaridad que la gente fume a las puertas de un edificio, obligándote -si quieres entrar o salir- a pasar entre la nube de humo que generan. 

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