¿Qué piensa realmente Melania Trump? La primera dama es el mayor enigma de la Casa Blanca

POR JOAQUIM UTSET/ESPECIAL-. Hay quien dice que la primera sorprendida y, tal vez, alarmada por el triunfo en las urnas de Donald Trump fue su esposa Melania, quien aparentemente había accedido que se presentara a las elecciones para que no le diera más la lata como había hecho después de no saltar al ruedo en el 2014 contra Barack Obama.

Unos meses de campaña, un poco de ajetreo y tras la esperada derrota, regresar a la normalidad sin la espinita clavada, debía pensar. Pero mira tú que la fortuna en forma de votos tenía otros planes y el cuento acabó con la pareja camino a la Casa Blanca y el país preguntándose qué tipo de primera dama iba a ser la exmodelo eslovena.

La primera dama de EEUU Melania Trump fotografiada durante una visita al Hospital Real de Chelsea, Londres, el 13 de julio del 2018. Volviendo a marcar distancias con su esposo, el presidente Donald Trump, que cuestionó la inteligencia del basquetbolista LeBron James después de que este lo criticara, Melania dijo que el deportista estaba haciendo buenas cosas por ayudar a la gente. (AP Photo/Luca Bruno, Pool)

Casi dos años después, esa pregunta sigue sin una clara respuesta. De las personalidades que pululan por la mansión presidencial y en la cúpula de la Administración, probablemente la más inescrutable sea Melania Trump, quien prefiere mantenerse entre las sombras, en un segundo plano.

Lejana e inaccesible, las especulaciones en torno a su figura han resurgido después de que el pasado sábado rompiera el silencio con un comunicado en el que alaba la labor a favor de la educación de la estrella de la NBA LeBron James, a quien poco antes el presidente había insultado en un tuit tras verlo en televisión criticando a su administración.

Esta no es la primera vez que Melania se desmarca del presidente. Ya lo hizo en plena crisis de las separaciones familiares en la frontera, cuando su portavoz dijo que “detesta” ver a niños separados de sus padres y poco después se desplazó a la zona para visitar a los afectados, algo que el presidente no ha expresado ni la intención de hacer.

En otra ocasión, luego de que se informara de que Trump supuestamente se había enfadado al descubrir a su esposa viendo CNN en el Air Force One, la misma portavoz dejó claro que Melania miraba el canal que le daba la gana, fuera o no fuera Fake News.

Esas manifestaciones puntuales de independencia son las que generan dudas sobre qué hay detrás de las lujosas gafas de sol que suele lucir. Hay quien quiere ver en ella a una disidente, la primer miembro de la Resistencia que socava desde dentro al gobierno de su marido.

El presidente Donald Trump y su esposa Melania Trump descienden del Air Force One en el aeropuerto municipal Morristown en Nueva Jersey, el viernes 27 de julio de 2018. (AP Foto/Carolyn Kaster)

Una primera dama sui generis

Lo cierto es que desde que pisó por primera vez la Casa Blanca enfundada en un conjunto azul que evocaba el glamour de Jackie Kennedy, se intuía que Melania Trump no iba a ser una primera dama al uso. No solo por ser solo la segunda inmigrante en la historia del país en ostentar ese título, ser la única tercera esposa de un presidente o hablar el inglés con un marcado acento balcánico, entre otras cosas.

Su decisión de no mudarse a Washington hasta que su hijo Barron acabó el curso escolar fue una manera de marcar territorio y distancias desde el principio. Se demoró más de un año en poner en marcha su primera iniciativa –la campaña educativa Be Best– y mantiene un equipo de trabajo muy reducido. Austeridad o desinterés.

Nadie esperaba que fuera a seguir el ejemplo de Hillary Clinton, cuando se decía tras el triunfo de su esposo Bill en 1992 que el país había comprado dos presidentes al precio de uno. Ni que fuera a continuar el activismo de su antecesora, Michelle Obama, quien mantenía una febril agenda pública que la convirtió en un popular activo para su marido.

Tampoco es una Nancy Reagan, quien no se separaba nunca de su Ronnie y proyectaban una imagen de pareja del Hollywood clásico que deleitaba a sus simpatizantes.

Melania Trump y su esposo tienen vidas separadas y ni siquiera pasan juntos su tiempo libre, según nuevas revelaciones

De hecho, el lenguaje corporal de los Trump a menudo ha apuntado a lo contrario, como demuestran la popularidad de los memes que se han hecho con los fallidos intentos del presidente de agarrar la mano de su esposa en actos públicos.

Quien la puede culpar, si esa aparente falta de muestras de cariño son ciertas, después del affaire Stormy Daniels. Discreta ya de por sí, la primera dama ha mantenido un silencio sepulcral y un bajo perfil cada vez que han aparecido nuevas revelaciones sobre las presuntas relaciones extramatrimoniales del mandatario. No en vano sus oponentes ahora ya no saben si acabará afrontando un impeachment como el que se le venía encima a Richard Nixon por el Watergate o el que le cayó a Bill Clinton por Mónica Lewinsky.

Tal vez las declaraciones como las de su apoyo a LeBron James sean una manera de expresar su enojo con el presidente troleándolo.

Claro, hay quien no se traga la teoría de que Melania es un agente libre en la Administración Trump y considera sus diferencias públicas con el presidente parte de una estrategia de comunicaciones para darle rostro humano a una Casa Blanca más bien arisca.

Cabe recordar, que el índice de aprobación de la primera dama se mantiene por encima del 50%, mucho más positivo que el de su esposo.

En el portal Slate, la periodista Christina Cauterucci consideraba esos desmarques “señuelos” diseñados para “ablandar la imagen del presidente, confiriéndole humanidad por asociación”. Quienes abonan esa teoría, apuntan a que por muchas opiniones divergentes que exprese la primera dama, y en ese mismo capítulo Ivanka Trump, nunca se traducen en modificaciones de las actuaciones de la Casa Blanca.

Tal vez, el mensaje más auténtico de la primera dama es el que adornaba la espalda de la famosa chaqueta verde con la que fue a visitar a las familias separadas en la frontera. “I really don’t care. Do you?” (A mí no me importa, ¿y a ti?), rezaba la prenda. Pues tal vez sea eso, que a ella todo esto ni le va ni le viene y cuenta los días que le faltan para regresar a su dorado apartamento en el Trump Tower. Quién sabe.