¿Qué pasa si encuentro un décimo de lotería premiado en la calle?

Jaime Quirós
·4  min de lectura

Pocas personas admitirían que creen ciegamente en la existencia de la suerte, entendida como algo parecido al destino, ligada a la superstición, lo irracional o lo mágico. Tal y como define la RAE, se trata del “encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual”. Es decir, mero azar. Si hablamos de la lotería, la suerte es una mera cuestión probabilística. Puras matemáticas.

La posibilidad de ganar existe, y en eso se apoya el sorteo más famoso del año, el Sorteo Extraordinario de Navidad, también conocido como lotería de Navidad, que se celebra en España cada 22 de diciembre.

Muy remota es la posibilidad de encontrarse un boleto en la calle y que este además resulte premiado, pero como posibilidad existe. A primera vista, que esto suceda puede suponer un auténtico golpe de suerte. Pero la fortuna puede ser caprichosa, y si encuentras un décimo y decides cobrarlo, podrían acusarte de un delito de apropiación indebida, tipificado en el Código Penal.

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La justicia obliga a las personas que se encuentran décimos premiados a devolver el importe del premio. Foto: Getty Creative
La justicia obliga a las personas que se encuentran décimos premiados a devolver el importe del premio. Foto: Getty Creative

Aunque los billetes no son nominativos, la adquisición genera una posesión por parte del comprador. La resolución de varias sentencias jurídicas así lo corroboran, ya que varias personas que han encontrado décimos premiados se han visto obligadas a devolver el importe del premio y también los gastos judiciales pagados por el verdadero dueño del boleto.

El delito de apropiación indebida, recogido los artículos 253 y 254 del Código Penal, consiste en aquella conducta por la que un sujeto, al recibir dinero o cualquier otro bien con obligación de devolverlo, en vez de cumplir con ella, lo incorpora a su patrimonio o le da un destino distinto del que le corresponde. Este delito supone un perjuicio patrimonial al sujeto pasivo y, en algunas ocasiones también puede suponer un enriquecimiento del sujeto activo. Si la cuantía de lo apropiado no excede los 400 euros, se impondrá una pena de multa de uno a tres meses.

Ahora bien, si eres de los que decide devolverlo, tienes que saber que tienes derecho a recibir una gratificación del 10% del valor total del premio, según indica la ley.

Cómo demostrar la propiedad de un boleto de lotería

Es aconsejable hacer una fotografía o anotar el número del DNI en el reverso del billete cuando lo compres. Así, si la pérdida ocurre antes de la celebración del sorteo, es imprescindible poner una denuncia y adjuntar estas pruebas.

Con la denuncia podríamos conseguir paralizar el pago hasta que el juez resuelva quién es el verdadero propietario, y por lo tanto quien debe recibir el premio.

Además, en el caso de que el premio sea superior a 5.000 euros es necesario presentar un documento identificativo para poder cobrarlo. De esta manera, es más sencilla la recogida de los datos de la persona que ha cobrado el boleto, lo que facilitaría todo este proceso.

Repartir el premio

Compartir lotería es otra de las acciones más habituales. Sin embargo, es importante determinar las fracciones que corresponden a cada uno. De no hacerlo, el poseedor del décimo que ‘guarde’ el cupón podría quedarse con él y no estaría incurriendo en ningún delito.

En el bombo hay 100.000 bolas, y, cada año el sorteo reparte 14.272 premios, incluyendo la pedrea. La probabilidad de que te toque es una entre cien mil. Multiplicando el valor de cada premio por las probabilidades de que toque el valor esperado de un décimo de lotería debería ser de 14 euros. Pero pagamos 20 por él.

Matemáticamente hablando, la Lotería es un mal juego. De hecho, en general, todos los juegos de azar lo son. Siempre se calculan las probabilidades para que gane la banca. Pero funcionan porque cada vez que jugamos se produce una subida de dopamina en la parte del cerebro encargada de la recompensa y el placer, y eso resulta adictivo y gratificante.

Además, se produce el efecto de sesgo de disponibilidad. Cuando tomamos una decisión, nos basamos en la información disponible. Los medios nos enseñan a los ganadores de la lotería, pero nunca aparecen los millones de personas que compraron el décimo y no ganaron nada. Esta información sesgada nos hace pensar que ganar es mucho más probable de lo que es en realidad.

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