Qué es la teoría crítica de la raza que causa tensa controversia en Estados Unidos

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Entre las muchas fuentes de controversia y polarización que aquejan a la sociedad estadounidense -factores que con frecuencia son catalizados por intereses político-ideológicos- figura una que, aunque poco comprendida, ha sido debatida de modo punzante a escala gubernamental y legislativa y provocado tensión incluso a escala de las escuelas públicas del país.

Se trata de la llamada teoría crítica de la raza (critical race theory), un esquema teórico-académico que en líneas generales analiza la forma en que, plantea, el racismo ha moldeado las estructuras sociales, legales, políticas y culturales de Estados Unidos.

Una protesta de personas que se oponen a que la teoría crítica de la raza sea enseñada en escuelas en Virgina. (Reuters)
Una protesta de personas que se oponen a que la teoría crítica de la raza sea enseñada en escuelas en Virgina. (Reuters)

 

¿Qué es la teoría crítica de la raza?

La teoría crítica de la raza propone que el racismo es estructural en Estados Unidos y que las leyes, instituciones y relaciones de poder en el país preservan el racismo, pues todas ellas habrían sido creadas para preservar la dominación de la personas de raza blanca y la sumisión de las personas de raza negra (en el contexto de la esclavitud y la posterior segregación y discriminación de los afroamericanos), algo que, en su contexto, también ha sido aplicado para explicar la opresión contra otras razas.

La teoría crítica de la raza considera que la noción misma de raza sería en gran medida una construcción social y política, una suerte de etiqueta que se impone a un grupo de personas para colocarlo, según sea el caso y la conveniencia, en una situación de dominación o sumisión.

También postula que el racismo no es meramente el producto de los prejuicios y actitudes de los individuos sino que es un fenómeno estructural, tan hondamente arraigado e internalizado en la sociedad que las leyes, instituciones y relaciones sociales, políticas y culturales en Estados Unidos operan para preservar la dominación de un grupo (en este caso las personas de raza blanca y sus élites) sobre el resto.

Así, la teoría crítica de la raza sería una herramienta de análisis para explicar la realidad con base en la noción del racismo sistémico y estructural, para plantear formas de transformarla a fin de lograr equidad, igualdad y libertad efectivas y, en el proceso, para denunciar y desmantelar las ideas, interpretaciones, conductas, interacciones, leyes e instituciones que impusieron y preservan el racismo.

Esta teoría implica también que si no se señalan y combaten los factores que han conducido y que permiten el racismo, la sociedad no podrá transformarse para ofrecer justicia, libertad, equidad e igualdad para todos.

Manifestantes exigen justicia para George Floyd en el aniversario de su muerte. El homicidio del afroamericano Floyd a manos de policías ha sido señalado como un rudo ejemplo del racismo sistémico que se sufre en EEUU. (Getty Images)
Manifestantes exigen justicia para George Floyd en el aniversario de su muerte. El homicidio del afroamericano Floyd a manos de policías ha sido señalado como un rudo ejemplo del racismo sistémico que se sufre en EEUU. (Getty Images)

Orígenes y aplicaciones de la teoría crítica de la raza

La teoría crítica de la raza se originó en investigaciones académicas y jurídicas que revisaron, en las décadas de 1970 y 1980, por qué se había dado un estancamiento en el progreso racial pese a los logros del movimiento de los derechos civiles y las leyes al respecto de la década previa.

Para explicarlo, entre otros factores, proponentes de esa teoría plantean que Estados Unidos mismo fue fundado y prosperó con base en estructuras que impusieron y desde entonces han preservado la dominación de la raza blanca sobre los demás grupos, y que esa dominación se expresó, por ejemplo, en la esclavitud de los negros y en el expolio de las naciones nativoamericanas.

La discriminación, acoso y explotación que padecen otros grupos, por ejemplo los hispanos o los asiáticoamericanos, serían también expresiones de ese racismo estructural que existe, según la citada teoría, en la sociedad estadounidense. Incluso, la legislación y las formas de organización política y social vigentes serían, en ese contexto, un producto de ese racismo y la vía para su preservación.

Un ejemplo de esas nociones fue planteado en el ‘Proyecto 1619’ del periódico The New York Times. Se trató de una muy amplia narrativa, ganadora del Premio Pulitzer y también objeto de numerosas críticas, que en líneas generales plantea que el capitalismo estadounidense se construyó y prosperó sobre la esclavitud y que el establecimiento y mantenimiento de la esclavitud fue uno de los pilares sobre los que se construyó la nación en la época colonial y en la independencia. La fecha de 1619 (cuando habría llegado el primer barco de tráfico de esclavos a las colonias originales) es así usada como metáfora de la fundación de la estructura política, económica y social vigente.

Todo ello ha causado controversia y ciertamente en el mundo académico la teoría crítica de la raza es motivo de fuerte y a veces punzante debate, pero ello es en cierto modo un fenómeno natural en la discusión universitaria.

"La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes", una frase de Martin Luther King, es portada por una manifestante del movimiento antirracista Black Lives Matter. (Getty Images)
"La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes", una frase de Martin Luther King, es portada por una manifestante del movimiento antirracista Black Lives Matter. (Getty Images)

Ejercicio y crítica en el mundo actual

Pero han sido aplicaciones o elaboraciones de sus premisas en contextos más allá del trabajo académico lo que ha provocado gran parte del rechazo hacia la teoría crítica de la raza y, con frecuencia, algunos de quienes rechazan o repudian esa teoría en realidad se refieren a otros elementos vinculados a la denuncia y el combate al racismo y las inequidades sociales.

Por ejemplo, hay quien critica a la teoría crítica de la raza alegando que esta crea división entre los estadounidenses, pretende hacer que las personas de raza blanca se sientan culpables o incluso responsables por el racismo pasado y presente y busca reescribir la historia de Estados Unidos con base en su noción del racismo como pilar fundacional del país.

También se reprocha, con un tono propio de tiempos de la guerra fría, que se trata de una teoría de índole marxista aunque en realidad la formulación de sus postulados y enfoques se ha originado dentro de Estados Unidos.

Republicanos y conservadores son quienes, sobre todo, plantean esas críticas (aunque también hay liberales y demócratas que rechazan esa teoría), y al menos de 2019 a la fecha la controversia al respecto se ha dado con el telón de fondo de la polarización político-ideológica que se padece en Estados Unidos.

Por ejemplo, las protestas masivas en 2020 tras el asesinato de George Floyd a manos de policías en Minnesota incluyeron el repudio al racismo estructural y sistémico que oprime a las comunidades de minorías y que, en esa lógica, está detrás de la brutalidad policiaca y la injusticia que golpea reiteradamente a esas comunidades. Ello no tendría por qué necesariamente ser de índole partidaria, pero al haber sucedido en el contexto del proceso electoral de 2020 y los intentos de reelección de Donald Trump, el entorno del entonces presidente y muchos republicanos procedieron a estigmatizar el movimiento en pos de justicia racial, trataron de hacerlo equivalente al vandalismo y al extremismo violento y, también, rechazaron la noción de que exista un racismo estructural.

Por ello, entre otros factores, mucho de la controversia ante la teoría crítica de la raza se ha expresado en líneas político-ideológicas aunque las alegaciones al respecto con frecuencia no aluden en realidad al planteamiento teórico-académico en sí, sino que usan la etiqueta de “teoría crítica de la raza” (que ha cobrado una acepción ominosa en el entorno conservador) para denostar aquello que critique la injusticia racial, el racismo y la discriminación, exprese la necesidad de erradicar esas circunstancias o incluso simplemente promueva la diversidad y la inclusión, sobre todo cuando ello parte de rivales partidistas o ideológicos.

La polémica en las escuelas

Ello ha sido especialmente notorio en el caso de las escuelas públicas. En realidad, no se enseña en sí la teoría crítica de la raza en las escuelas primaria o secundarias (su estudio y discusión se da en el ámbito universitario), aunque algunos elementos o perspectivas de ella sí han inspirado o servido como punto de partida para plantear a los estudiantes cuestiones como el origen y la imposición de la esclavitud, la segregación y la discriminación o los factores que colocan a las comunidades de minorías en desventajas socioeconómicas o las sujetan a desproporcionadas presiones policiales o judiciales.

Así, la teoría crítica de la raza no se enseña en sí a los estudiantes, pero sí se habla sobre cuestiones de civismo e historia, se discute sobre el origen y las características del racismo y se analiza por qué, por ejemplo, las minorías sufren marginación u opresión de modo desproporcionadamente más elevado.

Críticos de ello indican que enseñar sobre la historia de la esclavitud, el racismo, la segregación y la discriminación hace que los niños de raza blanca se sientan culpables o se les impongan responsabilidades por cosas que sucedieron en el pasado, y también se critica que afirmar que un cierto grupo es racista de modo inherente, sea consciente o inconscientemente, es falso, provoca división y enfrentamiento. Incluso alegan que denunciar el racismo como algo sistémico y señalar que la opresión proveniente de los blancos contra otros grupos es estructural resulta a su vez una forma de racismo contra los blancos.

Ante ello, en varios estados se han propuesto leyes que prohíben la enseñanza de la teoría crítica de la raza a los menores (o de cuestiones que abordan la cuestión del racismo estructural y la opresión persistente), aunque eso ha sido a su vez criticado como un intento de reprimir la comprensión amplia de la historia, de lavar lo que sucedió y sucede para tratar de borrar las lacras que un grupo cometió o comete contra otro y de vulnerar la libertad de expresión.

Y también se critica que plantear en las escuelas la necesidad de transformar a la sociedad para erradicar injusticias e inequidades y propiciar mayor libertad, igualdad y justicia sea tachado por algunos como divisivo e incluso antiestadounidense cuando en realidad se trataría de un estudio a fondo e integral de la realidad que incluye perspectivas y visiones diversas.

Así, junto a otras de las punzantes guerras culturales estadounidenses, la teoría crítica de la raza, o lo que ha sido etiquetado así para volverlo más ominoso ante algunos, es un tema que desata pasiones, moviliza acciones en pro y en contra y añade al clima de polarización que agobia al país y que, con frecuencia y en aras de promover o frenar ciertos intereses o perspectivas, nubla entendimientos que en otro contexto serían posibles.

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