¿Qué es la Enmienda 25 que algunos dicen podría usarse para remover del poder a Trump?

La opinión pública y los medios en Estados Unidos se encuentran sobrecargados de información, comentarios y especulaciones en torno al proceso de destitución (impeachment) que la Cámara de Representantes conduce actualmente contra el presidente Donald Trump.

Y aunque aún hay muchas incertidumbres al respecto y la probabilidad de que, luego de que la Cámara acuse formalmente a Trump, el Senado lo halle culpable y lo destituya es aún muy reducida, publicaciones, medios y redes sociales vibran con la noción de que el presidente estadounidense pudiese ser sacado de la Casa Blanca de un modo distinto a la vía electoral o a la expiración máxima de su periodo de mandato.

Así, una norma de la Constitución estadounidense, la Enmienda 25, ha cobrado notoriedad desde tiempo atrás y de nuevo ahora, ante la próxima publicación de un misterioso y punzante libro titulado ‘A Warning’ (‘Una advertencia’) que narraría, de acuerdo a un autor anónimo que se dice con acceso privilegiado al círculo de la Casa Blanca, los supuestos actos de resistencia y oposición a Trump dentro de los más altos niveles del gobierno.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el vicepresidente Mike Pence. (Reuters/Yuri Gripas)

En particular, el citado libro (cuyo supuesto autor publicó en 2018 en The New York Times una columna anónima sobre esa “resistencia interna” contra Trump, incluiría pasajes en los que afirma que importantes miembros del equipo de la Casa Blanca estaban seguros de que el vicepresidente Mike Pence apoyaría la invocación de la Enmienda 25 de la Constitución para retirar a Trump de la presidencia, bajo el argumento de que era mentalmente incapaz de ejercer el cargo.

Ello, de acuerdo a Yashar Ali, en el Huffington Post, quien tuvo acceso a extractos del libro ‘A Warning’ antes de su publicación.

Incluso, se afirma, figuras de alto nivel en la Casa Blanca habrían considerado qué miembros del gabinete presidencial estarían dispuestos a firmar una carta para invocar la Enmienda 25, y con ello quitar a Trump del poder y, por consiguiente, convertir a Pence en presidente en funciones de Estados Unidos.

Pero, ¿qué es realmente la Enmienda 25?

Se trata de una provisión añadida a la Constitución a mediados de la década de 1960 y formalmente promulgada en 1967 para regular la sucesión presidencial en caso de que por alguna razón el mandatario no pudiese continuar su periodo de gobierno.

La norma se estableció tras el asesinato del presidente John F. Kennedy para clarificar ciertas lagunas legales sobre el proceso sucesorio y el estatus de quien ocupe la presidencia ante la falta del mandatario, sea por su remoción, renuncia o incapacidad para ejercer los poderes y deberes de la oficina presidencial.

Por ejemplo, claramente señala que el vicepresidente se convierte en presidente formal (y no solo de modo interino o transitorio) en caso de muerte, renuncia o destitución del titular y que, si fuese el propio presidente el que declarara al Congreso que se encuentra incapacitado para ejercer el cargo, será el vicepresidente quien se vuelva mandatario en funciones hasta que el presidente declare formalmente que se encuentra en capacidad de retomar sus obligaciones.

Esos supuestos se aplicaron, por ejemplo, cuando Richard Nixon renunció en 1974 y el vicepresidente Gerald Ford asumió la presidencia o cuando el presidente Ronald Reagan fue sometido a una cirugía en 1985 y descargó temporalmente, mientras se recuperaba, sus obligaciones en el vicepresidente George Bush.

El presidente Ronald Reagan sale del hospital en 1981, tras recuperarse de las heridas de bala que sufrió en un atentado. La Enmienda 25, aunque habría estado justificada, no se invocó en esa ocasión. (Reuters)

Pero que el presidente sea removido por un consenso del gabinete por razones de incapacidad mental es otro asunto. La sección 4 de la Enmienda 25 señala que si el vicepresidente y la mayoría de los miembros del gabinete le comunican al Congreso que el mandatario se encuentra incapacitado para ejercer sus obligaciones, entonces el vicepresidente asume el puesto de presidente en funciones.

Eso hasta que el propio presidente original declare al Congreso que está listo para retomar su cargo, en cuyo caso lo hace salvo que nuevamente el vicepresidente y el gabinete lo declaren incapaz. Si se da esa controversia, sería el Congreso con el voto de dos tercios de ambas cámaras quién decidiría si el presidente ha de continuar asumiendo sus funciones.

¿Cuáles son entonces las razones o estados que justificarían que el vicepresidente y el gabinete declaren a un presidente incapacitado para gobernar?

En los casos históricos en que se ha aplicado, se ha debido a problemas de salud del mandatario. Por ejemplo en el citado caso de Reagan y también cuando el presidente George W. Bush se sometió a procedimientos quirúrgicos en 2002 y 2007. Cuando Reagan fue baleado en 1981 no se llegó a invocar la Enmienda 25, aunque eso habría estado justificado. Y al final de su mandato se especuló que podría invocarse dada la aparente mengua de las capacidades intelectuales de Reagan, quien años después fue diagnosticado con Alzheimer.

Pero no sucedió en ese caso, el cual sería el único antecedente registrado en que se habría considerado la posibilidad de declarar incapacitado a un presidente por causas de su salud mental.

Por ello, muchos han criticado que invocar la Enmienda 25 en supuestos que no sean una enfermedad grave o cuestión mayor de salud sería de dudosa validez.

Según ‘A Warning’, la discusión sobre invocar esa norma y la supuesta disposición de Pence al respecto se habrían catalizado luego de que Trump despidió al director del FBI, James Comey, lo que ha sido ampliamente criticado como un intento del presidente de obstruir la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016. El nombramiento de Robert Mueller como fiscal especial para continuar esas pesquisas habría, de acuerdo al relato del Huffington Post que cita pasajes de ‘A Warning’, sacado a Trump de sus casillas a tal grado de que su comportamiento era “desquiciado” y “errático”.

Tanto que en la Casa Blanca se habría, según ese relato, comenzado a pensar en invocar la Enmienda 25.

Donald Trump ciertamente tiene un comportamiento explosivo, impulsivo y caprichoso. Pero ello no sería en sí motivo para declararlo incapaz de gobernar. El vicepresidente Mike Pence le ha mostrado lealtad durante todo su mandato. (Reuters/Tom Brenner)

No es claro cuál habría sido esa conducta problemática de Trump, pero cabría decir que el hecho de que un presidente entre en estados de ira, se confunda o equivoque en sus juicios o actúe de modo caprichoso no son en sí argumentos que denoten incapacidad para gobernar. Al menos no en los antecedentes relacionados a la Enmienda 25.

La remoción de un presidente por actos impropios o delictivos es más bien competencia del Congreso, vía el impeachment, y la remoción temporal invocada por el vicepresidente y el gabinete se ha imaginado más como una reacción ante crisis de salud del mandatario o escenarios catastróficos como que el presidente quedase atrapado o incomunicado, retenido como rehén o situaciones de esa naturaleza.

Salvo patente enfermedad mental a un grado incapacitante, las incandescencias de carácter, incluso la torpeza, falta de juicio o incompetencia de un presidente no serían supuestos válidos para invocar la Enmienda 25. E incluso en los supuestos de salud mental deteriorada, presumiblemente el Congreso y la opinión pública requerirían que especialistas en la materia emitieran un reporte sustantivo al respecto.

Y ciertamente, para que la Enmienda 25 fuese aplicada el citado desquiciamiento presidencial tendría que ser tan hondo que implicara riesgos enormes para la nación mantener al presidente a cargo de decisiones de enorme calado.

Pero ello, al menos en lo que se ha revelado, no sería el caso presente. Y la oficina de Pence ha negado ques e hubiese considerado tal cosa.

Sea como sea, no hubo tal invocación de la Enmienda 25 en 2017 ni se ha mostrado evidencia de que se haya discutido el asunto ante Pence o miembros del gabinete. Sí se dijo, según CBS, en boca de Andrew McCabe, exdirector interino del FBI, que él y el entonces subsecretario de Justicia Rod Rosenstein llegaron a hablar sobre la Enmienda 25 y Trump. Pero nada habría sucedido a partir de ello, al menos por lo que se conoce.

Y muchos han mencionado la lealtad mostrada por Pence a Trump, y la remoción de numerosos miembros del gabinete con personas afines e incondicionales del presidente, como barreras que, entonces y presumiblemente más hoy, harían inviable o inimaginable que se procediera de ese modo contra el mandatario.

Trump, en todo caso, se ha mantenido firme en el poder y, más allá de escándalos, litigios y el presente impeachment, cuenta aún con considerable apoyo ciudadano y capacidades políticas para solventar el proceso de destitución y luego ser reelecto en 2020.

Ciertamente puede perder la reelección, y aunque improbable no es imposible que el Senado lo destituya, pero la posibilidad de que sea sacado del poder vía la Enmienda 25 alegando incapacidad mental para ejercer el cargo, como se alude en ‘A Warning’, es altamente improbable, muchos dirían que inverosímil, al menos en el contexto presente y con la información disponible.

Si en 2017 se consideró o no esa posibilidad es otro tema, pero en todo caso eso queda por el momento en la arena de la especulación. El impeachment y el proceso electoral rumbo a las elecciones de 2020, en cambio, están en marcha y de allí saldrán, cada una en su caso, determinaciones cruciales.